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Una realidad mundial
Crisis de ecologistas

Lo que no debemos hacer es dilapidar energía, por ejemplo en la producción de hidrógeno, que a su vez nos dará menos energía de la que se consume en su elaboración

Publicada 3 de diciembre 2004, El Diario de Hoy



Manuel F. Ayau Cordón*
El Diario de Hoy

editoriales@elsalvador.com

Ciudad de Guatemala (AIPE)- En una famosa apuesta en 1980, Julian Simon apostó 1,000 dólares al famoso biólogo y ecólogo nihilista de la Universidad de Stanford Paul Ehrlich, quien predecía un futuro de escasez generalizada. Apostó que los cinco recursos naturales que escogiera Ehrlich, en 10 años bajarían de precio, descontando la inflación. Ehrlich escogió el cobre, cromo, níquel, estaño y tungsteno. Simon ganó la apuesta.

En los años 60, Ehrlich había augurado que para el año 2000 Inglaterra ya no existiría. Hoy, alarmistas pronostican calamidades parecidas, pero siendo más cautelosos fijan la fecha más allá de su expectativa de vida.

El célebre Club de Roma, en su famoso informe “Los límites del crecimiento”, en 1972, pronosticó que el mundo se quedaría prácticamente sin recursos naturales para el año 2000. El informe “Global 2000”, del gobierno de Carter pronosticó en los años 70 un mundo desolado para el año 2000.

Nuevo León, Estado en el norte de México, tiene inmensas reservas de gas, pero lo importan de EE.UU., debido a sus políticas ecologistas. Las reservas de carbón en EE.UU. son inmensas, pero por políticas ecologistas explotan relativamente poco. No es porque ensucie el ambiente, pues hoy día se puede quemar limpio.

En Alaska hay enormes reservas de petróleo, pero por políticas ecologistas nihilistas no lo aprovechan.

Hace unos meses estuve en Sun Valley, Utah, un refugio de descanso y deporte de izquierdistas millonarios, que algunos llaman “Gulfstream socialists”, por la cantidad de lujosos jets privados que se ven en su pequeño aeropuerto. Allí tiene una casa John Kerry, o mejor dicho, su esposa.

En una conferencia oí advertir al expositor que diría una herejía, y la dijo en voz baja: “Un día de estos EE.UU. tendrá que recurrir a la energía atómica si quiere tener aire acondicionado en el verano y calefacción durante el invierno”. Según expertos, la energía atómica es la más barata, la más limpia y la menos peligrosa, pero por política ecologista nihilista se utiliza poco.

Mientras tanto, nuevamente descubren la ley de consecuencias no intencionales, pues para economizar petróleo instalaron cientos de grandes molinos de viento que matan a los pájaros para generar un poco de electricidad.

Aparentemente es difícil entender que ni el petróleo ni el carbón ni ningún otro recurso se va a acabar. Ocurre lo contrario a lo que la intuición nos sugiere: las reservas comerciales de petróleo van aumentando año tras año mientras más se consume y más aumenta el precio.
Esto se debe a que las reservas dependen del precio: a precio bajo, muchos yacimientos y pozos no califican como comerciales, pero de inmediato se convierten en reservas comerciales si el precio sube.

Inclusive, hay muchos pozos que se están rehabilitando debido a los altos precios actuales. Lo mismo pasa con todos los demás recursos: a medida que prioridades exigen pagar más para adquirirlo, el precio sube y se eliminan usos marginales, mientras que depósitos que antes no eran económicos se tornan rentables.

De forma simultánea, la tecnología disminuye los costos de producción y transporte, lo cual aumenta las reservas comerciales, que al fin y al cabo son las que importan.
Así que no pierda el sueño, estimado lector.

Lo que no debemos hacer es dilapidar energía, por ejemplo en la producción de hidrógeno, que a su vez nos dará menos energía de la que se consume en su elaboración.

O subsidiar, a sacrificio de usos que agregan más valor, el uso de tierra y otros recursos para la producción absurda de gasohol (combinación de gasolina y etanol). El costo de oportunidad de los recursos empleados sería enorme.

* Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin. © www.aipenet.com

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