
Manuel F. Ayau
Cordón*
El Diario de Hoy
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Ciudad de Guatemala (AIPE)- En una famosa
apuesta en 1980, Julian Simon apostó 1,000 dólares al famoso
biólogo y ecólogo nihilista de la Universidad de Stanford
Paul Ehrlich, quien predecía un futuro de escasez generalizada.
Apostó que los cinco recursos naturales que escogiera Ehrlich,
en 10 años bajarían de precio, descontando la inflación.
Ehrlich escogió el cobre, cromo, níquel, estaño y
tungsteno. Simon ganó la apuesta.
En los años 60, Ehrlich había augurado que para el año
2000 Inglaterra ya no existiría. Hoy, alarmistas pronostican calamidades
parecidas, pero siendo más cautelosos fijan la fecha más
allá de su expectativa de vida.
El célebre Club de Roma, en su famoso informe Los límites
del crecimiento, en 1972, pronosticó que el mundo se quedaría
prácticamente sin recursos naturales para el año 2000. El
informe Global 2000, del gobierno de Carter pronosticó
en los años 70 un mundo desolado para el año 2000.
Nuevo León, Estado en el norte de México, tiene inmensas
reservas de gas, pero lo importan de EE.UU., debido a sus políticas
ecologistas. Las reservas de carbón en EE.UU. son inmensas, pero
por políticas ecologistas explotan relativamente poco. No es porque
ensucie el ambiente, pues hoy día se puede quemar limpio.
En Alaska hay enormes reservas de petróleo, pero por políticas
ecologistas nihilistas no lo aprovechan.
Hace unos meses estuve en Sun Valley, Utah, un refugio de descanso y deporte
de izquierdistas millonarios, que algunos llaman Gulfstream socialists,
por la cantidad de lujosos jets privados que se ven en su pequeño
aeropuerto. Allí tiene una casa John Kerry, o mejor dicho, su esposa.
En una conferencia oí advertir al expositor que diría una
herejía, y la dijo en voz baja: Un día de estos EE.UU.
tendrá que recurrir a la energía atómica si quiere
tener aire acondicionado en el verano y calefacción durante el
invierno. Según expertos, la energía atómica
es la más barata, la más limpia y la menos peligrosa, pero
por política ecologista nihilista se utiliza poco.
Mientras tanto, nuevamente descubren la ley de consecuencias no intencionales,
pues para economizar petróleo instalaron cientos de grandes molinos
de viento que matan a los pájaros para generar un poco de electricidad.
Aparentemente es difícil entender que ni el petróleo ni
el carbón ni ningún otro recurso se va a acabar. Ocurre
lo contrario a lo que la intuición nos sugiere: las reservas comerciales
de petróleo van aumentando año tras año mientras
más se consume y más aumenta el precio.
Esto se debe a que las reservas dependen del precio: a precio bajo, muchos
yacimientos y pozos no califican como comerciales, pero de inmediato se
convierten en reservas comerciales si el precio sube.
Inclusive, hay muchos pozos que se están rehabilitando debido a
los altos precios actuales. Lo mismo pasa con todos los demás recursos:
a medida que prioridades exigen pagar más para adquirirlo, el precio
sube y se eliminan usos marginales, mientras que depósitos que
antes no eran económicos se tornan rentables.
De forma simultánea, la tecnología disminuye los costos
de producción y transporte, lo cual aumenta las reservas comerciales,
que al fin y al cabo son las que importan.
Así que no pierda el sueño, estimado lector.
Lo que no debemos hacer es dilapidar energía, por ejemplo en la
producción de hidrógeno, que a su vez nos dará menos
energía de la que se consume en su elaboración.
O subsidiar, a sacrificio de usos que agregan más valor, el uso
de tierra y otros recursos para la producción absurda de gasohol
(combinación de gasolina y etanol). El costo de oportunidad de
los recursos empleados sería enorme.
* Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador
de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad
Mont Pelerin. © www.aipenet.com

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