Enrique Dussel Peters
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El Presidente de China, Hu Jintao, acaba
de regresar a casa después de su primer viaje a Latinoamérica,
a donde fue en busca de nuevas fuentes de insumos a largo plazo para la
pujante economía de su país. Estos nuevos lazos le ofrecen
a Latinoamérica y el Caribe tanto un nuevo mercado como un ejemplo
de la forma en que una economía dinámica puede reducir la
pobreza.
Pero Latinoamérica también debe estar en guardia. Si bien
China puede ser un voraz importador de mercancías latinoamericanas,
también es un competidor formidable. Tanto el sector público
como el privado de toda la región deben tomar medidas inmediatas
para encarar esta nueva competencia y buscar proyectos de cooperación
con los chinos.
La gente común de América Latina apenas comienza a darse
cuenta de la importancia de China como actor económico global.
En efecto, hasta hace poco, la mayoría de la gente no se fijaba
demasiado en China. Pero el rápido crecimiento de ese país,
que contrasta con el estancamiento de las economías de América
Latina, ha despertado a gobiernos y empresarios de toda la región.
Las comparaciones entre la economía de China y las de América
Latina son impresionantes. El Banco Mundial estima que la pobreza extrema
en China, calculada como un ingreso individual de un dólar al día,
se ha reducido de alrededor de 500 millones de personas a principios de
los ochenta a menos de 90 millones en 2000. Mientras tanto, las tasas
de pobreza en América del Sur han permanecido relativamente constantes.
Las tasas de crecimiento económico muestran la misma brecha. De
1978 a 2003, el crecimiento anual del PIB de China en términos
reales fue de 8.1% en promedio, mientras que el crecimiento en México
el más rápido de América Latinaapenas
llegó al 1% anual.
Si bien está creciendo, el comercio de China con América
Latina y el Caribe sigue siendo reducido, y representó menos del
2% tanto de las exportaciones como de las importaciones en 2002. La naturaleza
de esas relaciones comerciales varía sustancialmente de país
a país.
Brasil y Argentina, por ejemplo, han aumentado sus exportaciones agrícolas
a China de manera significativa, mientras que Centro América y
México han visto crecer dramáticamente sus importaciones
de ese país. Esto es importante porque ilustra el impacto regional
diferente que el comercio con China tiene sobre América Latina
y el Caribe debido a la exportación de bienes básicos de
América del Sur aunada al crecimiento de las importaciones en México.
En los diez años que van de 1993 a 2003, las exportaciones de China
y de Hong Kong aumentaron del 1.12% al 5.8% de las importaciones totales
de México. A partir de 2003 China se convirtió en el socio
comercial más importante de México después de Estados
Unidos. En efecto, el déficit comercial de México con China
alcanzó los 9 mil millones de dólares en 2003. En el segundo
trimestre de 2004, las exportaciones de China a México crecieron
en un 67%, mientras que las exportaciones de México a China disminuyeron
en 1.3%.
Estos cambios también han tenido un duro impacto sobre el comercio
de México con EE.UU. Aunque las exportaciones de América
Latina y de China a EE.UU. han aumentado significativamente desde 1990,
en 2003 China tomó el lugar de México como segundo exportador
hacia EE.UU. en términos de valor después de Canadá.
La competencia de China hacia México en el mercado estadounidense
ha crecido particularmente en las manufacturas ligeras sobre todo
en prendas de vestir y artículos electrónicos. En
Centro América y México la producción de prendas
de vestir es de importancia vital genera 400,000 y 600,000 empleos,
respectivamente y representa el corazón de las maquiladoras
centroamericanas (zonas de libre comercio), que significa más del
70% de las exportaciones de la región a EE.UU.
Perder ese sector de la economía ante los hipercompetitivos chinos
será un duro golpe, ya que las exportaciones de textiles a menudo
son el primer peldaño en la escalera del desarrollo.
En lo que respecta a otros bienes, incluyendo las computadoras, los productos
hechos en China están listos para reemplazar a la producción
mexicana en cantidades abrumadoras.
Las empresas del llamado Silicon Valley South de Guadalajara
ya han perdido, según sus propios cálculos, más de
500 millones de dólares en proyectos y alrededor de 20,000 empleos
a favor de Asia, sobre todo de China, y esa tendencia continuará
en el corto plazo.
Si América Latina no logra manejar a su nuevo competidor, los pueblos
de la región perderán empleos y oportunidades para desarrollarse
como deben. Pero hay lecciones que aprender y ventajas que obtener de
China si los gobiernos y las empresas de América Latina están
dispuestos a pensar de manera creativa.
Copyright: Project Syndicate.
*Profesor de Economía en la Universidad Nacional Autónoma
de México.

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