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La nota del día
Libertad de expresión y fallos amañados

“La protección del honor” es la excusa para imponer mordazas a los ciudadanos y tapar fechorías cometidas por políticos

Publicada 2 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La causa fue contra Moisés Urbina, pero lo que se enjuiciaba era el derecho de libre expresión y los medios independientes del país. A Moisés le condenaron para luego ponerle libre por tecnicismos, pero fueron lesionadas libertades fundamentales con los considerandos y elucubraciones de los jueces que tuvieron en sus manos el proceso.

Hay que volver hacia atrás. Las expresiones de Urbina, “¿quieren tener como presidente a un secuestrador?”, se produjeron horas después de que una turba amenazara a camarógrafos y reporteros de TCS. El suceso ocurrió al final de una marcha de los comunistas y como una consecuencia de las arengas del cabecilla efemelenista a los revoltosos. Moisés respondía a una provocación y a las amenazas proferidas.

Los jueces no vacilaron en montar proceso contra Urbina, como lo vienen haciendo otros jueces cuando las demandas son contra periodistas. Un sistema judicial que con harta frecuencia rehúsa a encausar a mareros, que se las arregla para liberar secuestradores, espulga las evidencias que los fiscales y las autoridades presentan contra narcotraficantes y arrastra los pies en los procesos contra los promotores de tumultos y desórdenes públicos, carga los dados contra periodistas y editores. Lo más grave es que las resoluciones tienen todas las señas de ser cocinadas fuera de los tribunales, como está sucediendo en Nicaragua, donde los fallos se consultan con el capo terrorista.

Como lo dijimos al comentar la condena de Rafael Menjívar, liberar o no a los acusados por ahora no es lo que importa a ciertos jueces: lo que buscan es “sentar jurisprudencia”, establecer “criterios” para hostigar en el futuro a otros que ejerzan su derecho a disentir, aclarar, criticar y, por encima de todo, recordar. Será perseguible traer a cuentas los secuestros, asesinatos, atrocidades y crímenes cometidos por cualquier candidato. Se pretende borrar legalmente los sangrientos pasados de un número de sujetos cuando opten a cargos de elección popular. Y aunque, en palabras de Macbeth, no sería suficiente el agua de todos los océanos para lavar la sangre que mancha sus manos, con los fallos quieren eliminar la memoria histórica del pueblo.

Lo que pretenden es amordazar


En los considerandos del proceso contra Urbina, se parte de uno arbitrario: que se debe privilegiar “la defensa del honor” sobre el derecho a la libre expresión. En otras palabras, que el derecho que es sostén y fundamento de la democracia, que garantiza la validez y vigencia del resto de derechos individuales y colectivos, debe supeditarse a situaciones particulares. Proteger el honor de alguien pesa más en el ánimo de ciertos juzgadores, que garantizar la libre expresión.

Pero, ¿cuál es el historial de los juicios sobre “el honor”? En los casos relacionados con periodistas y editores de EL DIARIO DE HOY, los juicios fueron promovidos por un tahúr narcotraficante, unos mafiosos, un sujeto que pretendió usurpar una marca propiedad del periódico y otros pájaros de cuenta. Están los juicios contra Moisés Urbina y Rafael Menjívar, para impedir que se revivan las memorias de atrocidades perpetradas durante “el conflicto”. Hasta la fecha, no hay personas de verdad honorables que hayan demandado a nadie, pues no lo necesitan.

“La protección del honor” es la excusa para imponer mordazas a los ciudadanos y tapar fechorías cometidas por políticos.

 

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