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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La causa fue contra Moisés Urbina,
pero lo que se enjuiciaba era el derecho de libre expresión y los
medios independientes del país. A Moisés le condenaron para
luego ponerle libre por tecnicismos, pero fueron lesionadas libertades
fundamentales con los considerandos y elucubraciones de los jueces que
tuvieron en sus manos el proceso.
Hay que volver hacia atrás. Las expresiones de Urbina, ¿quieren
tener como presidente a un secuestrador?, se produjeron horas después
de que una turba amenazara a camarógrafos y reporteros de TCS.
El suceso ocurrió al final de una marcha de los comunistas y como
una consecuencia de las arengas del cabecilla efemelenista a los revoltosos.
Moisés respondía a una provocación y a las amenazas
proferidas.
Los jueces no vacilaron en montar proceso contra Urbina, como lo vienen
haciendo otros jueces cuando las demandas son contra periodistas. Un sistema
judicial que con harta frecuencia rehúsa a encausar a mareros,
que se las arregla para liberar secuestradores, espulga las evidencias
que los fiscales y las autoridades presentan contra narcotraficantes y
arrastra los pies en los procesos contra los promotores de tumultos y
desórdenes públicos, carga los dados contra periodistas
y editores. Lo más grave es que las resoluciones tienen todas las
señas de ser cocinadas fuera de los tribunales, como está
sucediendo en Nicaragua, donde los fallos se consultan con el capo terrorista.
Como lo dijimos al comentar la condena de Rafael Menjívar, liberar
o no a los acusados por ahora no es lo que importa a ciertos jueces: lo
que buscan es sentar jurisprudencia, establecer criterios
para hostigar en el futuro a otros que ejerzan su derecho a disentir,
aclarar, criticar y, por encima de todo, recordar. Será perseguible
traer a cuentas los secuestros, asesinatos, atrocidades y crímenes
cometidos por cualquier candidato. Se pretende borrar legalmente los sangrientos
pasados de un número de sujetos cuando opten a cargos de elección
popular. Y aunque, en palabras de Macbeth, no sería suficiente
el agua de todos los océanos para lavar la sangre que mancha sus
manos, con los fallos quieren eliminar la memoria histórica del
pueblo.
Lo que pretenden es amordazar
En los considerandos del proceso contra Urbina, se parte de uno arbitrario:
que se debe privilegiar la defensa del honor sobre el derecho
a la libre expresión. En otras palabras, que el derecho que es
sostén y fundamento de la democracia, que garantiza la validez
y vigencia del resto de derechos individuales y colectivos, debe supeditarse
a situaciones particulares. Proteger el honor de alguien pesa más
en el ánimo de ciertos juzgadores, que garantizar la libre expresión.
Pero, ¿cuál es el historial de los juicios sobre el
honor? En los casos relacionados con periodistas y editores de EL
DIARIO DE HOY, los juicios fueron promovidos por un tahúr narcotraficante,
unos mafiosos, un sujeto que pretendió usurpar una marca propiedad
del periódico y otros pájaros de cuenta. Están los
juicios contra Moisés Urbina y Rafael Menjívar, para impedir
que se revivan las memorias de atrocidades perpetradas durante el
conflicto. Hasta la fecha, no hay personas de verdad honorables
que hayan demandado a nadie, pues no lo necesitan.
La protección del honor es la excusa para imponer mordazas
a los ciudadanos y tapar fechorías cometidas por políticos.

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