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| Derrumbe. Las torrenciales lluvias hicieron
que una parte del terreno se desplomara al río Acelhuate.
Foto EDH |
Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Cincuenta y nueve años de sus 74
de vida ha dedicado don Rey Baltazar Solano, al oficio de curtir pieles
de animales.
Con la experiencia acumulada, don Tito, como es conocido por su familia
y amigos, decidió un día independizarse, con el propósito
de ofrecerles una mejor calidad de vida a sus 11 hijos y ocho nietos,
fruto de los 15 hogares que tuvo en sus años mozos.
Con un delantal de plástico atado a su cintura, impregnado con
el aún olor fresco del cerdo recién destazado, expresa con
franqueza que lo más difícil de la vida es el hogar.
Pero, reconoce que con la décimo quinta mujer, doña Jesús
de Solano, logró el entendimiento a base de una buena taza de café.
Los conocimientos de curtidor los adquirió por medio de unos mexicanos
y colombianos que vinieron a El Salvador en busca de mano de obra con
voluntad para aprender.
Con los años, los ingresos por la venta del cuero han ido disminuyendo
debido a que el curtido de pieles está desapareciendo,
afirma mientras devasta con un cuchillo una de ellas.
Antes sacábamos hasta 200 pieles diarias y hoy apenas alcanzamos
a vender 100 por semana, sostuvo.
Pese a las adversidades no se desespera, ya que la misma confianza que
dice tenerle a Dios, se la tiene a sí mismo, pues dentro de las
vicisitudes aprendió no sólo a ser curtidor, sino también
a vivir.
El problema
Don Tito y su familia viven en un terreno que alquilan por 80 dólares
mensuales. En ese lugar han construido su pequeño taller que consta
de 11 pilas en donde procesan las pieles.
Sin embargo, gran parte del área ha sucumbido ante las fuertes
tormentas del pasado invierno.
Al final del lote, ubicado sobre la calle antigua a Soyapango, a la altura
del puente Agua Caliente, sobre el río Acelhuate, un paredón
de tierra de casi 20 metros de altura y el piso de cemento en un radio
de por lo menos 10 metros de ancho han caído al cauce.
Dos galeras construidas con láminas y cartones, y un pequeño
cuarto de ladrillo a punto de caer al río son la morada de sus
noches.
Doña Jesús mencionó que hace tres meses llegaron
de la Alcaldía de Soyapango a inspeccionar el lugar, pero les advirtieron
que no podían hacer nada porque la propiedad es privada.
El dueño del terreno sabe de los daños, pero les ha dicho
que no le importa, aseguró.
Los temores de doña Jesús es que con las lluvias del próximo
año lo que queda de la vivienda termine cediendo de forma abrupta
por la fuerza del invierno.
La única esperanza que tienen de salir de la zona, es otro espacio
que fue comprado por don Tito en 7 mil colones en 1969, localizado a medio
kilómetro de donde residen actualmente.
Sin embargo, el huracán Fifí, los terremotos de 1986 y 2001,
acabaron con la construcción que el matrimonio había edificado
con esfuerzo y sacrificio.
El incremento en la venta de sus productos aliviaría su situación.
Si desea adquirirlos puede llamar al teléfono 761-8342.
Aún con problemas, el amor que nos tenemos,
nos ha mantenido juntos por más de 25 años.
Jesús de Solano
Ama de casa

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