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Casa de curtidores en riesgo

Soyapango. El lugar que la familia Solano ocupa para vivir y trabajar está cayendo poco a poco. Una de las áreas utilizadas para procesar las pieles es de las más dañadas

Publicada 1 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Derrumbe. Las torrenciales lluvias hicieron que una parte del terreno se desplomara al río Acelhuate. Foto EDH


Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Cincuenta y nueve años de sus 74 de vida ha dedicado don Rey Baltazar Solano, al oficio de curtir pieles de animales.

Con la experiencia acumulada, don Tito, como es conocido por su familia y amigos, decidió un día independizarse, con el propósito de ofrecerles una mejor calidad de vida a sus 11 hijos y ocho nietos, fruto de los 15 hogares que tuvo en sus años mozos.

Con un delantal de plástico atado a su cintura, impregnado con el aún olor fresco del cerdo recién destazado, expresa con franqueza que “lo más difícil de la vida es el hogar”.

Pero, reconoce que con la décimo quinta mujer, doña Jesús de Solano, logró el entendimiento a base de una buena taza de café.

Los conocimientos de curtidor los adquirió por medio de unos mexicanos y colombianos que vinieron a El Salvador en busca de mano de obra con voluntad para aprender.

Con los años, los ingresos por la venta del cuero han ido disminuyendo debido a que el curtido de pieles está “desapareciendo”, afirma mientras devasta con un cuchillo una de ellas.

“Antes sacábamos hasta 200 pieles diarias y hoy apenas alcanzamos a vender 100 por semana”, sostuvo.

Pese a las adversidades no se desespera, ya que la misma confianza que dice tenerle a Dios, se la tiene a sí mismo, pues dentro de las vicisitudes aprendió no sólo a ser curtidor, sino también “a vivir”.

El problema

Don Tito y su familia viven en un terreno que alquilan por 80 dólares mensuales. En ese lugar han construido su pequeño taller que consta de 11 pilas en donde procesan las pieles.

Sin embargo, gran parte del área ha sucumbido ante las fuertes tormentas del pasado invierno.

Al final del lote, ubicado sobre la calle antigua a Soyapango, a la altura del puente Agua Caliente, sobre el río Acelhuate, un paredón de tierra de casi 20 metros de altura y el piso de cemento en un radio de por lo menos 10 metros de ancho han caído al cauce.

Dos galeras construidas con láminas y cartones, y un pequeño cuarto de ladrillo a punto de caer al río son la morada de sus noches.

Doña Jesús mencionó que hace tres meses llegaron de la Alcaldía de Soyapango a inspeccionar el lugar, pero les advirtieron que “no podían hacer nada porque la propiedad es privada”.

El dueño del terreno sabe de los daños, pero les ha dicho que “no le importa”, aseguró.

Los temores de doña Jesús es que con las lluvias del próximo año lo que queda de la vivienda termine cediendo de forma abrupta por la fuerza del invierno.

La única esperanza que tienen de salir de la zona, es otro espacio que fue comprado por don Tito en 7 mil colones en 1969, localizado a medio kilómetro de donde residen actualmente.

Sin embargo, el huracán Fifí, los terremotos de 1986 y 2001, acabaron con la construcción que el matrimonio había edificado con esfuerzo y sacrificio.

El incremento en la venta de sus productos aliviaría su situación. Si desea adquirirlos puede llamar al teléfono 761-8342.

“Aún con problemas, el amor que nos tenemos, nos ha mantenido juntos por más de 25 años”.
Jesús de Solano
Ama de casa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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