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Rolando por ahí
Capitalismo voraz en la China roja

Le pregunto: ¿Cómo pueden ser puestos en las calles cercanas al Hospital Bloom, a un precio irresistiblemente bajo, entre cuatro y siete dólares, una caja de herramientas de acero cromadas o un juego de cuatro cuchillos y un afilador procedentes de un proveedor tan lejano como China comunista?

Publicada 1 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Rolando Monterrosa
El Diario de Hoy
rolando@elsalvador.com

Lo mismo se puede decir de juguetes, ropa, zapatos y otros artículos que desbordan los estantes de almacenes y los puestos de venta en las calles del centro.

¿Cómo podríamos reducir los costos de producción de tal manera que nuestros precios puedan competir con los de la oferta china?
Son preguntas que debemos hacernos ante el ingreso de ese país a la Organización Mundial de Comercio.

La respuesta china es sencilla: hay que prohibir los sindicatos, establecer turnos de catorce horas diarias, poner los presos a trabajar, contratar niños y ancianos, hacer que los trabajadores vivan durante meses dentro de las fábricas, regular sus tiempos de comer tanto como los de descomer para optimizar su rendimiento; pagarles salarios de 20 dólares mensuales, cobrarles por la comida que se les sirve y el alojamiento que se les provee, todo ello bajo un Estado policía, centralizador y, por añadidura, comunista.

David Jiménez, un periodista de Diario El Mundo, de España, relata que los administradores de la fábrica de juguetes Mou Yip, en el sur de China, mantienen a sus empleados encerrados en las instalaciones desde marzo, trabajando 14 horas diarias para surtir los juguetes que probablemente usted les comprará a sus hijos esta Navidad.



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