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Asaltan religiosos por “error” y se disculpan

Excusas. Los maleantes pensaron que eran estadounidenses que vieron en la frontera. Al final querían llevarse a un niño

Publicada 30 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Conforta. El pastor Julio Jiménez (izquierda) conversa con fieles, entre los cuales se encuentra una de las afectadas. Foto EDH / Felipe Ayala

Jaime García
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Treinta y seis salvadoreños, miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día de la colonia Santa María, en San Marcos, fueron asaltados el viernes en la ruta a Guatemala.

Los autores se equivocaron, según cuenta una de las víctimas, una joven de 19 años cuyo nombre pidió no revelar. El grupo regresó el domingo por la noche a San Salvador. Este es su relato:

“Todo sucedió el viernes pasado cuando de mañana nos dirigíamos a Cobán, Guatemala, tras pasar la frontera de Anguiatú.

Viajábamos en un microbús de turismo unos 36 hermanos de la iglesia cuando un pick up en el que viajaban unos cinco sujetos armados nos sobrepasó y nos golpeó el vehículo, sacándonos de la carretera y obligándonos a detenernos. Pensé que se bajaban para reclamarnos por el choque que habíamos tenido con ellos.

Cuando se bajaron los sujetos, quienes portaban armas pequeñas, no sé de calibre porque no sé de armas, empezaron a gritarle al encargado de la excursión que abriera la puerta.
Al motorista lo amenazaron y lo golpearon con sus armas y lo pasaron al asiento de a la par.
Los demás sujetos se subieron por la puerta de los pasajeros y nos dijeron que bajáramos las cortinas, que cerráramos los ojos y que no hiciéramos nada.

El microbús se lo llevó uno de ellos a gran velocidad y recorrimos unos cinco minutos hasta que se metieron a una calle polvosa hasta una finca.

Nos preguntaron que para donde íbamos y qué haríamos. Les dijimos que para un congreso de la iglesia y a una boda y que regresaríamos el domingo.

Nos preguntaron si alguien más viajaba para allá en otro vehículo y le contestamos que no. - ‘Señores, llegaron a su destino’, nos dijo un delincuente, abrió la puerta y nos bajaron uno por uno.

Al momento de lanzarnos al suelo nos registraron, nos quitaron las carteras, celulares, relojes y dinero y nos amarraron de las manos con las cintas de nuestros zapatos. Nos tiraron en un hormiguero y en donde habían piedras calientes. A los tres niños que iban con nosotros también los amarraron.

De repente aparecieron dos señores que andaban recogiendo leña en sus bicicletas. Los delincuentes les mandaron que se detuvieran y les dijeron que era un operativo policial, que nosotros éramos “guanacos” y que llevábamos drogas.

Al momento sujetaron a los señores y también los amarraron con las cintas de sus zapatos. Les dijeron que no se preocuparan ya que si “colaboraban les darían un poquito”.

Después de esto un ladrón que estaba cerca de mí hablaba por teléfono y decía a la persona con la que hablaba que al parecer ‘se habían equivocado’ ya que nosotros lo más que andábamos cada uno era 15 dólares ‘¡Corroborame las placas!’, le gritaba a su interlocutor.

Una hermana de la iglesia les dijo que la estaban picando las hormigas y que por favor nos soltaran.

Tras las súplicas los sujetos nos desamarraron y nos pasaron a la sombra. Los delincuentes nos dijeron “que los disculpáramos” ya que no éramos a los que tenían que asaltar.

Recordé que en la frontera había unos gringos que andaban en una microbús igual al de nosotros (una coaster de color beige con café).

Posterior a eso nos dijeron que nos iban a respetar a las señoras y señoritas. Nos advirtieron que nos dejaban nuestros documentos y que partiéramos hasta que pasaran dos horas.

Un ladrón se acercó a los lugareños y les echaron algo en las bolsas de sus camisas, luego se fueron. Nos levantamos a buscar nuestras pertenencias.

A un niño de siete años los delincuentes se lo querían llevar, pero ante los ruegos de la mamá lo soltaron y se lo entregaron.

Continuamos con nuestro viaje. El encargado de la excursión llamó por teléfono a Cobán, Guatemala, en donde los hermanos de la iglesia nos dijeron que llegáramos y que ahí nos pagarían el viaje.

Regresamos sin problemas a El Salvadornos, vinimos por la misma ruta”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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