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| Conforta. El pastor Julio Jiménez (izquierda)
conversa con fieles, entre los cuales se encuentra una de las afectadas.
Foto EDH / Felipe Ayala |
Jaime García
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Treinta y seis salvadoreños, miembros de la Iglesia Adventista
del Séptimo Día de la colonia Santa María, en San
Marcos, fueron asaltados el viernes en la ruta a Guatemala.
Los autores se equivocaron, según cuenta una de las víctimas,
una joven de 19 años cuyo nombre pidió no revelar. El grupo
regresó el domingo por la noche a San Salvador. Este es su relato:
Todo sucedió el viernes pasado cuando de mañana nos
dirigíamos a Cobán, Guatemala, tras pasar la frontera de
Anguiatú.
Viajábamos en un microbús de turismo unos 36 hermanos de
la iglesia cuando un pick up en el que viajaban unos cinco sujetos armados
nos sobrepasó y nos golpeó el vehículo, sacándonos
de la carretera y obligándonos a detenernos. Pensé que se
bajaban para reclamarnos por el choque que habíamos tenido con
ellos.
Cuando se bajaron los sujetos, quienes portaban armas pequeñas,
no sé de calibre porque no sé de armas, empezaron a gritarle
al encargado de la excursión que abriera la puerta.
Al motorista lo amenazaron y lo golpearon con sus armas y lo pasaron al
asiento de a la par.
Los demás sujetos se subieron por la puerta de los pasajeros y
nos dijeron que bajáramos las cortinas, que cerráramos los
ojos y que no hiciéramos nada.
El microbús se lo llevó uno de ellos a gran velocidad y
recorrimos unos cinco minutos hasta que se metieron a una calle polvosa
hasta una finca.
Nos preguntaron que para donde íbamos y qué haríamos.
Les dijimos que para un congreso de la iglesia y a una boda y que regresaríamos
el domingo.
Nos preguntaron si alguien más viajaba para allá en otro
vehículo y le contestamos que no. - Señores, llegaron
a su destino, nos dijo un delincuente, abrió la puerta y
nos bajaron uno por uno.
Al momento de lanzarnos al suelo nos registraron, nos quitaron las carteras,
celulares, relojes y dinero y nos amarraron de las manos con las cintas
de nuestros zapatos. Nos tiraron en un hormiguero y en donde habían
piedras calientes. A los tres niños que iban con nosotros también
los amarraron.
De repente aparecieron dos señores que andaban recogiendo leña
en sus bicicletas. Los delincuentes les mandaron que se detuvieran y les
dijeron que era un operativo policial, que nosotros éramos guanacos
y que llevábamos drogas.
Al momento sujetaron a los señores y también los amarraron
con las cintas de sus zapatos. Les dijeron que no se preocuparan ya que
si colaboraban les darían un poquito.
Después de esto un ladrón que estaba cerca de mí
hablaba por teléfono y decía a la persona con la que hablaba
que al parecer se habían equivocado ya que nosotros
lo más que andábamos cada uno era 15 dólares ¡Corroborame
las placas!, le gritaba a su interlocutor.
Una hermana de la iglesia les dijo que la estaban picando las hormigas
y que por favor nos soltaran.
Tras las súplicas los sujetos nos desamarraron y nos pasaron a
la sombra. Los delincuentes nos dijeron que los disculpáramos
ya que no éramos a los que tenían que asaltar.
Recordé que en la frontera había unos gringos que andaban
en una microbús igual al de nosotros (una coaster de color beige
con café).
Posterior a eso nos dijeron que nos iban a respetar a las señoras
y señoritas. Nos advirtieron que nos dejaban nuestros documentos
y que partiéramos hasta que pasaran dos horas.
Un ladrón se acercó a los lugareños y les echaron
algo en las bolsas de sus camisas, luego se fueron. Nos levantamos a buscar
nuestras pertenencias.
A un niño de siete años los delincuentes se lo querían
llevar, pero ante los ruegos de la mamá lo soltaron y se lo entregaron.
Continuamos con nuestro viaje. El encargado de la excursión llamó
por teléfono a Cobán, Guatemala, en donde los hermanos de
la iglesia nos dijeron que llegáramos y que ahí nos pagarían
el viaje.
Regresamos sin problemas a El Salvadornos, vinimos por la misma ruta.

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