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Palabras
El coleccionista de arte que dio a su hijo

Cuenta una historia que un hombre rico era un fervoroso coleccionista de obras de arte. Entre ellas contaba con pinturas de Rafael, Picasso y otras lumbreras.

Publicada 30 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

Él tenía un hijo y juntos admiraban aquellas joyas. Desgraciadamente —continúa la historia— el hijo fue a la guerra y por su valentía murió mientras rescataba a otro soldado herido. El padre sintió profundamente la muerte de su único hijo. Un mes más tarde recibió la inesperada visita de un joven con un paquete en sus manos. El desconocido dijo ser el soldado por quien su hijo había dado su vida, durante un ataque cuando trataba de salvarlo.

“Él salvó muchas vidas ese día”, agregó. Me llevaba a un lugar seguro cuando una bala atravesó su pecho. Él me hablaba mucho de usted y de su amor por el arte. Por eso le he traído este regalo. “Cuando el padre abrió el paquete, descubrió que era un retrato de su hijo muerto, pintado por el joven soldado. Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver en el lienzo al hijo perdido. Agradeció el gesto del soldado y ofreció pagarle el cuadro, pues éste pasaba a ser el más importante de su colección. “No, señor —respondió aquel— lo que su hijo hizo por mí no tiene precio. Este es un regalo en memoria de alguien a quien nunca olvidaré”.

Un humilde profeta de Judea dio su vida por la humanidad. La historia le llama el unigénito de Dios. Ni con las más bellas obras del Louvre o de El Vaticano ni con todo el oro del mundo, podríamos pagar lo que él hizo por nosotros. Si el Padre nos pidiera el precio del amor, responderíamos: “Padre, lo que tu único hijo nos dio —su vida en la cruz— no tiene precio. Acepta nuestro humilde regalo”.
(pintorbalaguer@hotmail.com)

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