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Con pareja. El tenista argentino
Guillermo Vilas acompañado por su pareja tailandesa Piang Phathu.
Foto
EDH |
DPA
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Ahí viene Dios. La frase pertenece al padre del tenista
argentino Guillermo Coria, y la pronunció mientras con su dedo
índice apuntaba hacia Guillermo Vilas, una de las glorias vivientes
del tenis mundial.
Ganador de cuatro torneos de Grand Slam y un total de 62 torneos en el
circuito ATP, Vilas fue el gran impulsor del tenis en Argentina, aquel
que con sus hazañas raqueta en mano logró sacarlo del marco
elitista de los clubes y hacerlo popular en la década del setenta.
Precisamente, por estos días Vilas festeja el aniversario de uno
de sus primeros grandes impactos, el Masters de Melbourne 1974.
Mientras tenga vida voy a seguir festejando, es un placer, 30 años
son muchos, dijo Vilas sobre el Masters que ganó en Australia
el 15 de diciembre de 1974, uno de los dos obtenidos por un latinoamericano
(el otro fue ganado por el brasileño Gustavo Kuerten en Lisboa
2000).
El ex tenista celebró por anticipado en Houston, sede de la Copa
Masters 2004, el aniversario de aquel logro la semana pasada.
Cuando cumplo años en algún torneo siempre voy; aunque
no sepa si van a hacer algo, yo voy igual, se sinceró. Esta
vez sí hubo homenaje: recibió una plaqueta en el court central
del Westside Tennis Club, de manos de Coria, el mejor jugador argentino
en la actualidad, sexto en el ranking de la ATP.
Conseguir un diez por ciento de lo que logró Vilas en su
carrera sería espectacular. Lo felicito por su trayectoria,
dijo Coria, cuyo padre le dio el nombre de Guillermo en honor a la leyenda
del tenis.
Acompañado inseparablemente por su pareja tailandesa Piang Phathu
-tras haber pasado unos días en la ciudad balnearia de Acapulco,
donde fue concebida su hija, de un año de edad- Vilas se dedicó
en Houston a desgranar pacientemente sus recuerdos de su gesta en Melbourne
1974.
Después de Wimbledon de ese año había dicho
que el pasto era para las vacas, pero después del título
tuve que reconocer que hay un pasto para las vacas y otro para jugar al
tenis.
Nadie pensó que podía ganar sobre el césped,
pero hice un trabajo durísimo durante tres semanas, venía
de una racha de muchos títulos y me había preparado para
ganar, rememora Vilas, que se llevó el Masters de 1974 sin
perder un solo partido.
En la actualidad, Vilas, a sus 52 años, se dedica a dar cursos
de tenis y jugar partidos de exhibición en el mundo entero. Tiene
residencia legal en Montecarlo, pero vive alternadamente en París,
Buenos Aires y Tailandia.

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