elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Vidas en la miseria

Diagnóstico. Torola es, según el Mapa de Pobreza que elabora el Flacso, uno de los municipios más pobres del país. La falta de infraestructura básica y el desempleo agudizan la situación.


Publicada 29 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Fragilidad. Irene Argueta, de 53 años, es el padre de ocho hijos con problemas de nutrición. Aun con las dificultades, trata de enviarles a la escuela, porque “las letras son importantes”. Foto EDH


José Alberto Barrera
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com

El aislamiento, la carencia de servicios básicos, el poco desarrollo agrícola y la alta tasa de analfabetismo son las principales limitantes que afronta Torola, uno de los municipios más pobres del país.

Según datos oficiales, proporcionados por Cecilia Gallardo, coordinadora nacional del Área Social, en dicha localidad el 80 por ciento (de los 2,500 habitantes), vive en condiciones de pobreza extrema, es decir, dispone de menos de un dólar al día para sobrevivir.

La situación es analizada por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), que responde a una petición que realizó el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL), con la finalidad de crear un mapa con el que se identifique la pobreza para combatirla creando oportunidades.

De acuerdo con el censo realizado por la Alcaldía de Torola, el problema se agudiza en los cantones Agua Zarca, Tijeretas, Cerritos y Progreso.

Sin embargo, empeora en los caseríos La Anona, El Limón, El Picacho y El Portillo, sectores donde viven 150 familias que se dedican a labores agrícolas de subsistencia y que trabajan en pequeñas plantaciones que rinden poco por la falta de abono y la árida condición del suelo.

Irene Argueta, un jornalero de 53 años y jefe de una familia de diez integrantes, en El Portillo, conoce perfectamente la situación y se lamenta de que “cumiando” apenas gana $1.14, sueldo que únicamente recibe en extenuantes jornadas en invierno, durante la siembra y cosecha de maíz, frijol y maicillo.

“El trabajo hasta las 2:00 de la tarde es ‘perro’… y para mantener a los cipotes el pisto no alcanza… viera qué triste es todo eso”, dice Argueta, una persona en evidente grado de desnutrición, condición que comparte con sus hijos.

María Lucila Martínez, esposa del jornalero, aseguró por su parte que aun cuando los dos hijos mayores trabajan la tierra, el dinero no alcanza.

“Aquí, si ajusta para sal, no ajusta para el maíz, y si tenemos para el desayuno, no tenemos nada para la tarde”, lamenta Martínez, que como su esposo no sabe leer y se dedica enteramente a la agricultura, única actividad que da sustento a una comunidad ubicada a 240 kilómetros de la capital.

Carencia
Desnudos y sin calzado, los menores conocen la falta de dinero desde su nacimiento. Foto EDH

Alejandro Zelaya, síndico de la alcaldía de Torola, reconoce que en la localidad la pobreza es dura y que para muchos comienza con la imposibilidad de tener acceso de una vivienda digna.

Así, las pésimas condiciones de vida del pequeño pueblo empeoran en la medida que se ingresa a los caseríos, separados por malos caminos y la carencia total de agua o luz.

Casas como la de Argueta, en el caserío El Portillo apenas y tienen paredes formadas por la unión de varas de bambú y sencillos techos que no protegen de la lluvia.

Subsistencia

Ana Barahona, de 30 años, explica que la actividad agrícola de la zona les sirve para subsistir, y que los pocos granos que recogen apenas les sirven para el consumo propio, especialmente por lo caro que sería sacar el producto hasta San Fernando o Perquín, viaje en el que gastan hasta $3.00.

Las compras, asegura, se realizan con la venta de los animales que crían, cerdos y gallinas, especies que no siempre comen, porque del dinero que logran con ellos se destina a la compra de ropa y de otros alimentos.

Es así como la casa de Barahona, como muchas del camino vecinal de Tijereta, tiene la posibilidad de conexión de energía eléctrica, servicio que no se instala por la falta de dinero, ya que hay otras prioridades.

“Nosotros ya tenemos la instalación lista para la casa, pero seguimos así porque nos falta dinero… sólo a los que tienen familias en el ‘norte’ (Estados Unidos) ya se los mandaron”, detalla.

Historia similar vive la familia Argueta en El Portillo, donde no pueden conectar el servicio de agua potable porque les faltan los 22 dólares para la conexión, dinero que no bastaría, porque tampoco les solucionaría el pago mensual del servicio, que también es deficiente.


Buscan promover desarrollo

El próximo año, el Ejecutivo lanzará un plan contra la pobreza con el que se pretende identificar y reactivar las zonas con menos desarrollo económico y en las que las condiciones de subsistencia son extremas.

Cecilia Gallardo, coordinadora nacional del Área Social, explicó, en una entrevista realizada el 4 de noviembre, que hasta entonces los investigadores del Flacso habían identificado mayores problemas en Torola y Nueva Granada, en los departamentos de Morazán y Usulután, respectivamente, así como en municipios de Cabañas y Ahuachapán.

En casos como el de Torola, Gallardo reflexiona que la misma condición ha disparado los niveles de analfabetismo hasta el 50 por ciento, mientras que el promedio de escolaridad se reduce al tercer grado.

Según la funcionaria, para ello se ha creado un programa que dispondrá, en 2005, de 50 millones de dólares, que servirá para reactivar las zonas donde no la pobreza obliga a la gente a sobrevivir en condiciones precarias, situación que se agudiza por la distancia y olvido de poblados como Torola, que está a 20 minutos de la frontera con Honduras y a 220 kilómetros de San Salvador.

Gallardo detalló que el programa, que será revelado en el primer trimestre del próximo año, no sólo tratará de entregar ayuda, sino de que los habitantes se integren a la vida productiva.

Lo anterior tiene como finalidad que la cooperación no les vuelva dependientes, sino que, gracias a programas de capacitación y del mejoramiento de la infraestructura, permitan el desarrollo autosustentable de las zonas identificadas.

Torola en cifras
- Sólo 14 kilómetros separan a Perquín y Torola, un estrecho camino vecinal en el que escasamente se ve un vehículo.
- La alcaldía calcula que en el municipio viven 2,500 personas, aunque en los registros se registran más de cinco mil.
- Sólo el 20% de los habitantes cuenta con energía eléctrica.
- El 70% de los hogares carece de servicio de agua potable, además la mayoría de viviendas ubicadas en los caseríos como El Portillo tampoco tiene letrinas.
- Más del 50% de la población no sabe leer o escribir, existe además un enorme porcentaje de deserción escolar.
- Al menos 36 niños tienen desnutrición severa en El Portillo.
- Cuatro buses cubren la ruta de Torola a Perquín, a los caseríos sólo viaja un bus, cuatro camiones y un pick up, aparte de ellos no hay más vehículos en la zona.



elsalvador.com WWW