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Otra vida. Gerardo, dona María Antonietta
y Ernesto Muyshondt se resisten a borrar la imagen dinámica
del ex dirigente del Águila de San Miguel. Además, es
aficionado fiel de los Yankees de Nueva York, Estados Unidos.
Foto EDH |
Wilfredo Salamanca
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Los delincuentes que operan en Guatemala, no sólo han robado
y humillado a los salvadoreños que confiadamente se han internado
en ese territorio por negocios o turismo, sino que también han
dejado secuelas graves en quienes han podido sobrevivir.
Ernesto Muyshondt Parker, el destacado algodonero y dirigente deportivo
del país, ha sobrevivido el ataque armado del 18 de octubre de
1996 sufrido en ese país pero desde entonces, su vida cambió
por completo.
El salvadoreño, acompañado de su primo Eduardo, viajaba
hacia México para comprar repuestos para su maquinaria agrícola.
Le faltaban tres horas para llegar a suelo azteca.
En su trayecto por la población de Tiquisate, en Escuintla, fueron
perseguidos y atacados con armas de fuego por cinco sujetos que se conducían
en un pick up blanco.
Aunque Ernesto Muyshondt intentó escapar, el nivel de la embestida
fue tal, que tuvo que detener la marcha y retroceder su vehículo
hasta introducirse en unos matorrales, donde se impactó contra
un árbol.
El agricultor no pudo seguir maniobrando su auto, porque estaba herido
de bala en el hombro y tobillo izquierdos. Su pariente se percató
e intentó auxiliarlo. En eso llegó un sujeto que amablemente
dijo ser policía.
Al instante, se acercaron cuatro más, y entre insultos les indicaron
que colaboraran y entregaran sus pertenencias porque se trataba de un
asalto, pues de lo contrario, los eliminarían.
Los delincuentes se hicieron de las joyas, relojes, celulares, tarjetas
de crédito y 2,000 quetzales que llevaban los salvadoreños.
Antes de darse a la fuga, el individuo que se presentó como agente
ordenó amarrar a Eduardo con su propio cincho, y le advirtió
que lo mataría si se soltaba antes de que pasaran dos horas. Mientras
que a Ernesto le disparó en la frente.
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VIilla de Tiquisate. Es un poblado guatemalteco
del departamento de Escuintla. Considerada con una marcada pobreza.
Foto EDH |
Ante esta escena y tras escuchar que los sujetos habían arrancado
el vehículo, el pariente luchó para soltarse y con su camisa
vendó la cabeza de Muyshondt. Salió a buscar ayuda, la cual
encontró después de correr más de un kilómetro.
Un conductor lo llevó hasta el Destacamento de Tránsito
del Ejército Nacional, que curiosamente estaba a unos 300 metros
del lugar donde Eduardo abordó el vehículo de apoyo.
Un grupo de soldados le acompañó hasta donde estaba Ernesto.
Lograron trasladarlo al hospital de Tiquisate, de donde le trasladaron
en ambulancia a Ciudad de Guatemala.
Desde allí, avisaron a los familiares en San Salvador. Un hermano
de la víctima se movilizó en avioneta e hizo las gestiones
para el traslado a un hospital de Estados Unidos.
Los detalles de este incidente están contenidos en la conclusión
de la investigación seguida por la sección de Homicidios
de la policía de Guatemala, emitida el 18 de diciembre de 1996.
La familia del salvadoreño contactó investigadores privados,
quienes identificaron al sujeto que encabezó el asalto siguiendo
los rastros al uso de las tarjetas de crédito.
Fue una transacción en una gasolinera la que delató al sujeto.
Gerardo, uno de los hijos de la víctima indica que en ese tiempo
no estaba masificado el uso de la telefonía celular. Por lo tanto,
cuando el delincuente usó una tarjeta de crédito robada
a su padre y registró un número de celular, el empleado
del establecimiento se aseguró de anotar la placa del vehículo
que usaba. Ocurría en casos de no reportar teléfono fijo.
Agrega que la misma policía facilitó una fotografía
del sospechoso, quien fue reconocido por el pariente que acompañaba
a Muyshondt el día del incidente.
Las experticias también determinaron que el individuo fue jefe
de banquetes de un hotel, pero tenía una casa que no iba acorde
con sus salario. Además, era propietario de cuatro vehículos
y dos cédulas de identidad que no le pertenecían.
El documento firmado por el subcomisario José Miguel González
Grijalva confirma el involucramiento del vehículo que pertenecía
al señalado.
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Recuperación. Pasaron varios años
para que los hermanos Gerardo y Ernesto lograran compartir algunos
momentos felices con su progenitor.
Foto EDH |
Se llega a la conclusión de que existen suficientes indicios
que esta persona es la responsable del asalto y robo, asimismo, de haber
herido con arma de fuego al señor Muyshondt, o por lo menos, de
tener algún vínculo con los individuos que efectuaron compras
usando las tarjetas de crédito robadas al antes mencionado,
dice el reporte al cual tuvo acceso El Diario de Hoy.
Sin embargo, el implicado estuvo detenido solamente dos días, ya
que fue liberado por el tribunal de la localidad, que cuestionó
la validez de la prueba.
Durante el juicio, mi cuñado (Eduardo) estuvo presente. Dice
que el tipo lloraba y que los jueces dijeron que era imposible mantenerlo
preso, que no tenía nada que ver.
El sujeto decía que su vehículo lo usaban varias personas,
porque es de la empresa. Sin embargo, el vehículo estaba a nombre
suyo, y él debía responder por el uso del vehículo,
dice la señora María Antonietta de Muyshondt.
Agrega que el imputado convenció a la autoridades, que ese
día había prestado el pick up, pero misteriosamente, no
recordaba a quién a pesar de habérsele involucrado de estar
en la escena.
Indica que el caso ha quedado impune, a pesar del apoyo recibido por los
entonces presidentes Álvaro Arzú, de Guatemala; y Armando
Calderón Sol, de El Salvador.
El caso, añade, demuestra la corrupción en el sistema de
justicia guatemalteco y la pasividad de sus autoridades para detener la
ola de asaltos a connacionales y encarcelar a los responsables.
Con el antecedente de soltarlo a los dos días, no podíamos
seguir peleando porque nos podía mandar a matar. Aparentemente,
estaba muy conectado con la policía, sostiene Ernesto, el
hijo mayor del asaltado.
Añade que es la misma corrupción de la policía
chapina. No sabemos si era policía (el acusado), aunque se hizo
presentar así.
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Tres décadas. María Antonietta
y su esposo acaban de cumplir 30 años de casados. El ataque
sufrido irónicamente profundizó la relación entre
ambos.
Foto EDH |
Mientras, su hermano Gerardo, duda del nivel de investigación
que puede lograr un caso sin apoyo oficial. Imagínate las
15 mil personas que han asaltado en esa carretera a Guatemala, expresa.
Se refiere a cientos de víctimas que han preferido callar por temor
a las represalias o vergüenza para relatar las humillaciones que
habrían sufrido.
Investigadores privados determinaron la participación de un
sujeto que fue liberado a los dos días.
La familia contó con el apoyo de gobierno Calderón Sol.
Sin embargo, a ocho años, el caso sigue impune.
Los daños se multiplican
La víctima de asalto no es la única que padece el atentado,
principalmente cuando los delincuentes atacan con arma de fuego, como
sucedió en el caso del salvadoreño Ernesto Muyshondt.
Su esposa, María Antonietta, asegura que ahora su vida gira alrededor
de su marido.
Involucramiento
Las denuncias de salvadoreños que han sido víctimas
de asaltos en Guatemala indican que algunos policías guatemaltecos
participarían en las bandas de asaltantes. Hasta el momento,
más de 350 elementos han sido depurados de la entidad. |
Duerme desde las seis de la tarde de un día hasta las dos
de la tarde del otro. Entonces lo saco en el carro y ando con él.
Eso es lo que le distrae. Lo llevo al súper, la hacienda y otros
mandados. Pero no habla. Al principio sí, dice al comentar
la rutina que sigue desde hace un par de años.
Estoy convencida que a Neto lo levantó el amor de la familia.
Los mismos médicos dicen que eso es lo que le ha vuelto a la vida,
agrega.
Explica que su marido es capaz de realizar las actividades básica
de un ser humano, pero que algunas se le dificultan por la poca visibilidad.
Dice que unas veces le complacen llevarlo al estadio cuando juega su equipo
Águila. Además, que él gusta que la enfermera le
lea los periódicos o libros, y que en ocasiones escucha los programas
deportivos.
La experiencia también ha impactado a sus descendientes. Sin embargo,
reconocen que la vida también les ha premiado.
Es una bendición y milagro que todavía lo tenemos
con nosotros. Por lo menos, lo podemos abrazar y vemos que se alegra.
Aunque se le olvida a los pocos minutos. Le contamos una buena noticia
y se alegra, dice Ernesto, el mayor de tres hijos.
Su hermano Gerardo confiesa que a diferencia de otras personas,
siento que tengo una foto viviente de él.
Federico es el menor. Actualmente estudia en Estados Unidos.

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