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Ocho años de sufrir por ataque en ruta

En 1996. El empresario fue asaltado en Guatemala donde recibió un disparo en la cabeza. Aunque vive, ha perdido la memoria y parte de la movilidad. Su lucidez es fugaz

Publicada 29 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Otra vida. Gerardo, dona María Antonietta y Ernesto Muyshondt se resisten a borrar la imagen dinámica del ex dirigente del Águila de San Miguel. Además, es aficionado fiel de los Yankees de Nueva York, Estados Unidos.
Foto EDH

Wilfredo Salamanca
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Los delincuentes que operan en Guatemala, no sólo han robado y humillado a los salvadoreños que confiadamente se han internado en ese territorio por negocios o turismo, sino que también han dejado secuelas graves en quienes han podido sobrevivir.

Ernesto Muyshondt Parker, el destacado algodonero y dirigente deportivo del país, ha sobrevivido el ataque armado del 18 de octubre de 1996 sufrido en ese país pero desde entonces, su vida cambió por completo.

El salvadoreño, acompañado de su primo Eduardo, viajaba hacia México para comprar repuestos para su maquinaria agrícola. Le faltaban tres horas para llegar a suelo azteca.

En su trayecto por la población de Tiquisate, en Escuintla, fueron perseguidos y atacados con armas de fuego por cinco sujetos que se conducían en un pick up blanco.

Aunque Ernesto Muyshondt intentó escapar, el nivel de la embestida fue tal, que tuvo que detener la marcha y retroceder su vehículo hasta introducirse en unos matorrales, donde se impactó contra un árbol.

El agricultor no pudo seguir maniobrando su auto, porque estaba herido de bala en el hombro y tobillo izquierdos. Su pariente se percató e intentó auxiliarlo. En eso llegó un sujeto que amablemente dijo ser policía.

Al instante, se acercaron cuatro más, y entre insultos les indicaron que colaboraran y entregaran sus pertenencias porque se trataba de un asalto, pues de lo contrario, “los eliminarían”.

Los delincuentes se hicieron de las joyas, relojes, celulares, tarjetas de crédito y 2,000 quetzales que llevaban los salvadoreños.

Antes de darse a la fuga, el individuo que se presentó como agente ordenó amarrar a Eduardo con su propio cincho, y le advirtió que lo mataría si se soltaba antes de que pasaran dos horas. Mientras que a Ernesto le disparó en la frente.

VIilla de Tiquisate. Es un poblado guatemalteco del departamento de Escuintla. Considerada con una marcada pobreza.
Foto EDH

Ante esta escena y tras escuchar que los sujetos habían arrancado el vehículo, el pariente luchó para soltarse y con su camisa vendó la cabeza de Muyshondt. Salió a buscar ayuda, la cual encontró después de correr más de un kilómetro.

Un conductor lo llevó hasta el Destacamento de Tránsito del Ejército Nacional, que curiosamente estaba a unos 300 metros del lugar donde Eduardo abordó el vehículo de apoyo.

Un grupo de soldados le acompañó hasta donde estaba Ernesto. Lograron trasladarlo al hospital de Tiquisate, de donde le trasladaron en ambulancia a Ciudad de Guatemala.

Desde allí, avisaron a los familiares en San Salvador. Un hermano de la víctima se movilizó en avioneta e hizo las gestiones para el traslado a un hospital de Estados Unidos.

Los detalles de este incidente están contenidos en la conclusión de la investigación seguida por la sección de Homicidios de la policía de Guatemala, emitida el 18 de diciembre de 1996.

La familia del salvadoreño contactó investigadores privados, quienes identificaron al sujeto que encabezó el asalto siguiendo los rastros al uso de las tarjetas de crédito.

Fue una transacción en una gasolinera la que delató al sujeto.

Gerardo, uno de los hijos de la víctima indica que en ese tiempo no estaba masificado el uso de la telefonía celular. Por lo tanto, cuando el delincuente usó una tarjeta de crédito robada a su padre y registró un número de celular, el empleado del establecimiento se aseguró de anotar la placa del vehículo que usaba. Ocurría en casos de no reportar teléfono fijo.

Agrega que la misma policía facilitó una fotografía del sospechoso, quien fue reconocido por el pariente que acompañaba a Muyshondt el día del incidente.

Las experticias también determinaron que el individuo fue jefe de banquetes de un hotel, pero tenía una casa que no iba acorde con sus salario. Además, era propietario de cuatro vehículos y dos cédulas de identidad que no le pertenecían.

El documento firmado por el subcomisario José Miguel González Grijalva confirma el involucramiento del vehículo que pertenecía al señalado.

Recuperación. Pasaron varios años para que los hermanos Gerardo y Ernesto lograran compartir algunos momentos felices con su progenitor.
Foto EDH

“Se llega a la conclusión de que existen suficientes indicios que esta persona es la responsable del asalto y robo, asimismo, de haber herido con arma de fuego al señor Muyshondt, o por lo menos, de tener algún vínculo con los individuos que efectuaron compras usando las tarjetas de crédito robadas al antes mencionado”, dice el reporte al cual tuvo acceso El Diario de Hoy.

Sin embargo, el implicado estuvo detenido solamente dos días, ya que fue liberado por el tribunal de la localidad, que cuestionó la validez de la prueba.

“Durante el juicio, mi cuñado (Eduardo) estuvo presente. Dice que el tipo lloraba y que los jueces dijeron que era imposible mantenerlo preso, que no tenía nada que ver.

El sujeto decía que su vehículo lo usaban varias personas, porque es de la empresa. Sin embargo, el vehículo estaba a nombre suyo, y él debía responder por el uso del vehículo”, dice la señora María Antonietta de Muyshondt.

Agrega que el imputado convenció a la autoridades, que “ese día había prestado el pick up, pero misteriosamente, no recordaba a quién a pesar de habérsele involucrado de estar en la escena”.

Indica que el caso ha quedado impune, a pesar del apoyo recibido por los entonces presidentes Álvaro Arzú, de Guatemala; y Armando Calderón Sol, de El Salvador.

El caso, añade, demuestra la corrupción en el sistema de justicia guatemalteco y la pasividad de sus autoridades para detener la ola de asaltos a connacionales y encarcelar a los responsables.

“Con el antecedente de soltarlo a los dos días, no podíamos seguir peleando porque nos podía mandar a matar. Aparentemente, estaba muy conectado con la policía”, sostiene Ernesto, el hijo mayor del asaltado.

Añade que “es la misma corrupción de la policía chapina. No sabemos si era policía (el acusado), aunque se hizo presentar así”.

Tres décadas. María Antonietta y su esposo acaban de cumplir 30 años de casados. El ataque sufrido irónicamente profundizó la relación entre ambos.
Foto EDH

Mientras, su hermano Gerardo, duda del nivel de investigación que puede lograr un caso sin apoyo oficial. “Imagínate las 15 mil personas que han asaltado en esa carretera a Guatemala”, expresa.

Se refiere a cientos de víctimas que han preferido callar por temor a las represalias o vergüenza para relatar las humillaciones que habrían sufrido.

Investigadores privados determinaron la participación de un sujeto que fue liberado a los dos días.

La familia contó con el apoyo de gobierno Calderón Sol. Sin embargo, a ocho años, el caso sigue impune.


Los daños se multiplican

La víctima de asalto no es la única que padece el atentado, principalmente cuando los delincuentes atacan con arma de fuego, como sucedió en el caso del salvadoreño Ernesto Muyshondt.

Su esposa, María Antonietta, asegura que ahora su vida gira alrededor de su marido.

Involucramiento
Las denuncias de salvadoreños que han sido víctimas de asaltos en Guatemala indican que algunos policías guatemaltecos participarían en las bandas de asaltantes. Hasta el momento, más de 350 elementos han sido depurados de la entidad.

“Duerme desde las seis de la tarde de un día hasta las dos de la tarde del otro. Entonces lo saco en el carro y ando con él. Eso es lo que le distrae. Lo llevo al súper, la hacienda y otros mandados. Pero no habla. Al principio sí”, dice al comentar la rutina que sigue desde hace un par de años.

“Estoy convencida que a Neto lo levantó el amor de la familia. Los mismos médicos dicen que eso es lo que le ha vuelto a la vida”, agrega.

Explica que su marido es capaz de realizar las actividades básica de un ser humano, pero que algunas se le dificultan por la poca visibilidad.

Dice que unas veces le complacen llevarlo al estadio cuando juega su equipo Águila. Además, que él gusta que la enfermera le lea los periódicos o libros, y que en ocasiones escucha los programas deportivos.

La experiencia también ha impactado a sus descendientes. Sin embargo, reconocen que la vida también les ha premiado.

“Es una bendición y milagro que todavía lo tenemos con nosotros. Por lo menos, lo podemos abrazar y vemos que se alegra. Aunque se le olvida a los pocos minutos. Le contamos una buena noticia y se alegra”, dice Ernesto, el mayor de tres hijos.

Su hermano Gerardo confiesa que “a diferencia de otras personas, siento que tengo una foto viviente de él”.

Federico es el menor. Actualmente estudia en Estados Unidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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