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Huellas de la opulencia

Concultura y un grupo de ciudadanos desempolvan las memorias de la Flor Blanca

Publicada 29 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Haga click . Ilustración EDH

Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
rmixco@elsalvador.com

Sentado entre los arbustos que esconden su casa, Alejandro Bustillo disfruta las primeras horas del alba. No recuerda con exactitud desde cuándo adquirió esa costumbre y en realidad poco le importa, a diario abandona el sueño en su habitación y camina hasta la puerta de esa vivienda que sus padres heredaron hace casi medio siglo.

Tenía 22 años cuando se mudó a la zona más exclusivo de la capital salvadoreña: la colonia Flor Blanca.

Nadie de sus vecinos le tomó importancia a la familia de recién llegados. Era necesario ostentar un apellido con renombre para ser tomado en cuenta.

“Me hice amigo de los perros, ellos no saben ni entienden de clases sociales...”, remembró el ahora abogado e investigador.

Fueron Ranger y Pluto, las mascotas de las propietarias del Castillo Venturoso (Fam. Guirola Morán), los primeros canes que se aficionaron al nuevo inquilino. Los grandes daneses color negro también hicieron química con Yale, el perro de Don Alejandro.

Un tesoro

Las aventuras de este personaje de la cotidianidad en San Salvador representan un mínimo porcentaje del valor histórico que la Flor Blanca heredó a esta ciudad.

Las anécdotas y los personajes que le dieron vida a esta colonia son ahora objeto de interés para el estudio que promueve la Unidad de Investigaciones de la Dirección de Patrimonio Cultural, del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura).

Ya en 1998, el Concejo de la capital declaró zona de vital importancia al conjunto urbano en cuestión y creó una ordenanza especial para protegerla.

Con base en esta delimitación, dos arquitectas y una etnógrafa iniciaron un proyecto único a la fecha. “Queremos elaborar un Plan de Manejo Integral para la zona patrimonial de la Flor Blanca”, explicó Ana Zoila Flores, profesional al mando del trabajo.

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Junto a ellas, un grupo de residentes decide incorporarse a ese nuevo esfuerzo, convencidos de que su comunidad representa una época esplendorosa de la capital salvadoreña.

Es así que el equipo de Concultura y su grupo de aliados inician una serie de acciones que abarcan dos grandes áreas patrimoniales: la tangible y la intangible.

La primera abarca todo lo que se refiere a los inmuebles y bienes culturales que la sociedad puede palpar y admirar a simple vista.

La segunda es donde encajan con exactitud las memorias de Alejandro Bustillo como la de todos aquellos que, de una u otra forma, dejaron parte de su vida en ese sector del Distrito 2, de San Salvador.

Tres comités han sido conformados para llevar a feliz término ese Plan de Manejo Integral: el de normativa, difusión y seguimiento.

Desde abril de 2004, ese grupo de quijotes cuenta con 18 meses para alcanzar su meta.


Legislación
A nivel mundial y nacional, existen normas que regulan el uso de todo lo que es calificado como patrimonio, en un afán de protegerlo.
- La Carta de Atenas sobre urbanismo, febrero 1933.
- Convención sobre la protección de los bienes culturales en caso de conflictos armados, La Haya, 1954.
- Carta de Venecia, mayo 1964.
- Carta de Burra, Australia 1979.
- Convención Centroamericana para la protección del patrimonio, 1996.
- Convenio de Protección y Restitución de Monumentos, Arqueológicos, Artísticos de Historia de México, 1991.
- Artículos 53 y 103 de la Constitución de la República de El Salvador.
- Artículo 223 del Código Penal.
- Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural.
- Ley de Urbanismo y Construcción del Viceministerio de Vivienda.




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