En cuanto
terminó el desfile de carrozas, los migueleños se tomaron
el estadio Charlaix y en algún momento hasta pusieron en peligro
la realización del espectáculo. Un grupo tumbó una
malla metálica colocada por los organizadores para seguridad de
los artistas.
Jóvenes en estado de ebriedad destrozaron el cerco y se aglomeraron
cerca de la tarima para ver a los cantantes, haciendo caso omiso al llamado
de los organizadores para que no destruyeran el cerco.
Ante esa situación, la Unidad de Mantenimiento del Orden de la
policía llamó de urgencia a los organizadores y les dijo
que si continuaban los desórdenes la presentación sería
cancelada. Pasadas las 10:00 de la noche la calma volvió al escenario
y los artistas pudieron salir a ofrecer su música.
Fue luego de que la UMO tendiera un cordón de seguridad alrededor
del escenario que el espectáculo se desarrolló sin mayores
contratiempos y unos 50,000 espectadores presenciaron el concierto.
 |
| Holgados. En los bailes privados hubo ambiente
tranquilo .Fotos EDH / Giovanni Lemus/ Sonia
Bernal/ Miguel Ventura |
Perreo, papi, perreo, eran las frases que
pronunciaban los jóvenes al escuchar la música de Tego Calderón,
mientras el cantante se movía frenéticamente en la tarima.
Así comenzó la diversión del Charlaix. Miles de jóvenes
orientales se contagiaron con la música de los puertorriqueños
Tego Calderón, Héctor y Tito.
Desde las nueve de la noche, los amantes de ese ritmo habían abarrotado
el engramillado para ver la actuación de los jóvenes caribeños.
El estadio Félix Charlaix resultó pequeño para los
perreadores que lo llenaron al tope de su capacidad en una
noche de carnaval.
A eso de las 2:30 de la madrugada culminó la presentación
de los grupos caribeños, pero el ambiente quedó impregnado
de la música y la magia del carnaval. Los puestos de socorro de
la Cruz Roja establecidos en este escenario no informaron de mayores incidentes.
En la Avenida Roosevelt y la 2a. y 4a. calles Poniente las orquestas nacionales
ejecutaron su repertorio.