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La nota del día
El horror en el orfanato

Mientras hay familias que pasan años antes de ser aprobados, nuestras calles están llenas de menores en abandono que pudieron ser adoptados cuando pequeñitos

Publicada 29 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La gente repite, con mucha sabiduría, que “el Estado es mal administrador”, pero peor todavía es padre y madre de niños huérfanos y desamparados. El caso repugnante y terrible de las violaciones de niños en un orfanato de Santa Ana obligan a revisar las políticas, normas y prácticas relacionadas con el cuido y protección de niños y adolescentes desamparados.

Lo que ninguna persona civilizada concibe, maltratar y abusar niños, es por desgracia una ocurrencia usual en nuestro país. En muchas familias el abandono, los abusos y las palizas que se propinan a éstos son parte del atropello cotidiano, lo que refleja a su vez los maltratos que esos mismos padres recibieron en su infancia. Entre los campesinos se dan muchísimos casos de violaciones de niñas por sus padrastros, sus padres y sus primos, como ocurre en las barriadas pobres de los Estados Unidos. En El Diario de Hoy publicamos con harta frecuencia denuncias al respecto, pero la relacionada con la violación  de dos niños en el orfanato rebalsa el vaso.

Como decimos, la violencia entre los adultos es resultado en numerosos casos, de la violencia que ellos recibieron cuando pequeños. Falta efectuar un estudio sobre los perniciosos efectos que ha tenido sobre nuestra sociedad la práctica de los comunistas de reclutar menores de edad y usarlos como carne de cañón durante “el conflicto”. Los que sobrevivieron, los menos, son inadaptados sociales, acomplejados y potencial o efectivamente delincuentes que están más allá de cualquier redención.

¿Qué se puede hacer para corregir prácticas inadecuadas o hasta perversas en los orfanatos que maneja “el Estado”? Para las personas que se interesan y trabajan como voluntarios y voluntarias asistiendo centros de cuidado de niños (o especializados como el de Parálisis Infantil) es notoria la diferencia entre aquellos donde hay una intervención “privada” y los manejados en su totalidad por empleados públicos. Descuido, desgano y una medida de indiferencia aparenta ser la regla.

Las absurdas leyes de adopción

Por lógica, una combinación de los métodos de trabajo unida a la presencia de damas voluntarias en todos los centros infantiles puede mejorar el trato hacia ellos. El primer paso es que la Secretaría Nacional de la Familia y en la persona de doña Ligia de Saca, se reúna con representantes de las organizaciones más eficientes para hablar del asunto y analizar soluciones. Pero se debe comenzar en un pequeño grupo de intercambio y sin formalidades, para evitar que se les metan los plañideros profesionales. Búsquense a mujeres capaces, probadas, madres, solventes y con ganas de hacer algo por los niños de El Salvador. Y comiéncese a trabajar en programas piloto y centros problema, inclusive aplicando fórmulas ensayadas con éxito en otras partes, como las Aldeas SOS. Recuérdese el gran ensayo del recordado maestro Esteban Ibarra, de la Ciudad de los Niños, de donde salieron tantos buenos jóvenes preparados para la vida.

Es importante, además, reformar de raíz las leyes de adopción que en la actualidad vuelven una pesadilla para las familias conseguir niños. Mientras hay familias que pasan años antes de ser aprobados, nuestras calles están llenas de menores en abandono que pudieron ser adoptados cuando pequeñitos. El esquema es aberrante y estúpido, pues por salvaguardar hasta lo último dañan a la mayoría.

 

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