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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La gente repite, con mucha sabiduría,
que el Estado es mal administrador, pero peor todavía
es padre y madre de niños huérfanos y desamparados. El caso
repugnante y terrible de las violaciones de niños en un orfanato
de Santa Ana obligan a revisar las políticas, normas y prácticas
relacionadas con el cuido y protección de niños y adolescentes
desamparados.
Lo que ninguna persona civilizada concibe, maltratar y abusar niños,
es por desgracia una ocurrencia usual en nuestro país. En muchas
familias el abandono, los abusos y las palizas que se propinan a éstos
son parte del atropello cotidiano, lo que refleja a su vez los maltratos
que esos mismos padres recibieron en su infancia. Entre los campesinos
se dan muchísimos casos de violaciones de niñas por sus
padrastros, sus padres y sus primos, como ocurre en las barriadas pobres
de los Estados Unidos. En El Diario de Hoy publicamos con harta frecuencia
denuncias al respecto, pero la relacionada con la violación
de dos niños en el orfanato rebalsa el vaso.
Como decimos, la violencia entre los adultos es resultado en numerosos
casos, de la violencia que ellos recibieron cuando pequeños. Falta
efectuar un estudio sobre los perniciosos efectos que ha tenido sobre
nuestra sociedad la práctica de los comunistas de reclutar menores
de edad y usarlos como carne de cañón durante el conflicto.
Los que sobrevivieron, los menos, son inadaptados sociales, acomplejados
y potencial o efectivamente delincuentes que están más allá
de cualquier redención.
¿Qué se puede hacer para corregir prácticas inadecuadas
o hasta perversas en los orfanatos que maneja el Estado? Para
las personas que se interesan y trabajan como voluntarios y voluntarias
asistiendo centros de cuidado de niños (o especializados como el
de Parálisis Infantil) es notoria la diferencia entre aquellos
donde hay una intervención privada y los manejados
en su totalidad por empleados públicos. Descuido, desgano y una
medida de indiferencia aparenta ser la regla.
Las absurdas leyes de adopción
Por lógica, una combinación de los métodos de trabajo
unida a la presencia de damas voluntarias en todos los centros infantiles
puede mejorar el trato hacia ellos. El primer paso es que la Secretaría
Nacional de la Familia y en la persona de doña Ligia de Saca, se
reúna con representantes de las organizaciones más eficientes
para hablar del asunto y analizar soluciones. Pero se debe comenzar en
un pequeño grupo de intercambio y sin formalidades, para evitar
que se les metan los plañideros profesionales. Búsquense
a mujeres capaces, probadas, madres, solventes y con ganas de hacer algo
por los niños de El Salvador. Y comiéncese a trabajar en
programas piloto y centros problema, inclusive aplicando fórmulas
ensayadas con éxito en otras partes, como las Aldeas SOS. Recuérdese
el gran ensayo del recordado maestro Esteban Ibarra, de la Ciudad de los
Niños, de donde salieron tantos buenos jóvenes preparados
para la vida.
Es importante, además, reformar de raíz las leyes de adopción
que en la actualidad vuelven una pesadilla para las familias conseguir
niños. Mientras hay familias que pasan años antes de ser
aprobados, nuestras calles están llenas de menores en abandono
que pudieron ser adoptados cuando pequeñitos. El esquema es aberrante
y estúpido, pues por salvaguardar hasta lo último dañan
a la mayoría.

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