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El Diario de Hoy
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Aserrar madera, trabajar arcilla, tejer
y muchas otras pequeñas artes manuales se enseñaban en las
escuelas de antaño, dentro de lo que se conocía como artes
y manualidades. La enseñanza era una continuación
de lo que los niños hacen en el kindergarten y los dos primeros
años de primaria, cuando con sus manos comienzan a descubrir el
mundo y la naturaleza.
Las memorias que muchos tenemos son precisas: ir con los padres a comprar
trozos de madera en los aserraderos, hilo y tela en el mercado, plastilina
y barro, conseguir pita y hule en las tiendas, buscar por toda la casa
para encontrar objetos que podían servir en clase. Como un agregado
interesante, durante los años del general Martínez no se
podía adquirir cuerdas de hule, para evitar que jóvenes
y adultos hicieran hondillas y mataran pájaros. Aunque en esa época
muy pocos se ocupaban de proteger la vida silvestre, el gobierno del general
comprendió el grave perjuicio que se hacía matando pajaritos,
sensibilidad respecto a la naturaleza que se perdió.
¿Por qué manualidades? Que se hayan eliminado de la escuela
pública, aunque perdure en algunas privadas, indica que, para muchos,
o es inútil impartir manualidades, o piensan que hay cosas más
importantes en qué ocupar el tiempo de los escolares.
Cosas, digamos, como enseñar cultura de paz.
Pero si reflexionamos sobre el valor de las manualidades en desarrollar
inteligencia y destrezas básicas, no podemos menos que asombrarnos
de que hayan sido suprimidas.
O, igualmente, no entender por qué no se restituyen.
Comencemos por lo obvio. Las manualidades preparan a una persona para
desempeñarse en labores donde se requiera delicadeza y cuidado
para elaborar objetos, como el trabajo de las maquilas. Hay que tomar
en cuenta que en las maquiladoras se paga por lo producido, por lo que
las personas más diestras ganan mejor que aquellas menos hábiles.
Es decir, ser suelto y exacto con las manos contribuye en gran medida
a mejorar el nivel de vida de alguien.
No queda allí el asunto. Además de las personas que trabajan
en maquiladoras, o son artesanos, o hacen mecánica fina, prácticamente
a toda persona beneficia saber usar sus manos con precisión. Un
médico, y en especial los cirujanos, dependen mucho de la sensibilidad
que hayan desarrollado en sus dedos y manos, como lo vemos en cualquier
consulta. Químicos, profesionales de la computación, ingenieros
electrónicos, etc., tienen que usar sus manos para efectuar muchas
de sus faenas.
La mano encuentra la lógica de la naturaleza
Se podrá ser un ejecutivo muy importante, profesor de Filosofía
o ministro de Estado, pero al llegar a casa, conducir vehículos,
operar electrodomésticos o ir de viaje, usar bien sus manos hace
la vida más fácil, o inclusive le saca de problemas graves.
A medida que es más costosa la reparación de aparatos usuales
en los hogares, o por las incidencias que ocurren en los caminos, el mandrio,
torpe de sus manos, es el que se ve forzado a pagar más, o sufre
las consecuencias.
Motivos sobran para restituir la enseñanza de manualidades en las
escuelas, más recordando que en lo físico está la
lógica de la naturaleza. Piénsese, además, que la
acelerada industrialización del Japón después de
la II Guerra Mundial, fue posible gracias a la habilidad manual de sus
pobladores, en ese entonces mayoritariamente campesinos pero hábiles
artesanos.

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