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El Diario de Hoy
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Veinte millones de personas han fallecido
en el mundo a causa de la epidemia del Sida. Treinta y ocho millones más
están infectadas por el VIH, lo que les pone en una situación
de alto riesgo y ante elevadas probabilidades de llegar a desarrollar
el peligroso síndrome de inmunodeficiencia adquirida.
Aunque por muchos años el VIH/Sida se consideró una enfermedad
que afectaba especialmente a los homosexuales y a los drogadictos, y luego
a los hombres heterosexuales; hoy en día se ha establecido que
las mujeres se han convertido en un grupo especialmente vulnerable a la
infección.
Las estadísticas dicen que casi la mitad de las personas que viven
con el VIH es de sexo femenino. También se ha comprobado que las
mujeres son, biológicamente, más vulnerables a la infección
que los hombres. De hecho, las posibilidades de infectarse son 2.5 veces
más elevadas que las del sexo masculino.
Sin embargo, la feminización del VIH/Sida no se queda en un problema
genético, también linda con lo social, lo político
y lo económico.
El VIH y el Sida agravan las desigualdades sociales y jurídicas
que afrontan las mujeres. Al hecho de sufrir una enfermedad grave, se
suman la violencia intrafamiliar, la discriminación laboral y los
estigmas, como por ejemplo que muchos hombres consideren a las mujeres
como vectores o transmisores del VIH/Sida.
La epidemia de Sida intensifica la pobreza y discapacita a las mujeres,
sobre todo porque el tiempo que dedican a cuidar de sí mismas,
o a sus familiares enfermos deben escatimarlo de otras tareas productivas
dentro de su hogar. Además, es usual que ellas brinden estos cuidados,
con una gran escasez de apoyo material y moral; sin formación,
sin disponer de materiales adecuados, como guantes, lo que sólo
intensifica el efecto combinado de la carga física y emocional
que supone cuidar a un enfermo.
En muchas partes del mundo, las mujeres son las últimas en recibir
asistencia sanitaria, en especial cuando se trata de tratamientos o medicaciones
caras.
También es cierto que son las mujeres y los niños quienes,
en mayor proporción que otros grupos, necesitan asistencia y tratamiento
con los llamados antirretrovirales.
En muchos casos, las mujeres son vulnerables al VIH a causa de los comportamientos
de alto riesgo de otros. Muchas mujeres son obligadas a realizar prácticas
sexuales no protegidas.
Debido a su falta de poder social y económico, muchas se ven imposibilitadas
para practicar la abstinencia y negociar relaciones basadas en la fidelidad
y el uso de medidas de protección como los condones.
Por desgracia, el matrimonio o formar parte de una pareja estable ha dejado
de ser una protección contra el VIH. En nuestro país hay
más de 10 mil mujeres que han sido infectadas por sus parejas,
y cada vez son más los niños que nacen afectados por esta
situación. Las mujeres casadas tienen una tasa de VIH más
alta que mujeres sexualmente activas, pero no casadas. Ha dejado de ser
solo una advertencia moralista decir que el amor y la fidelidad constituyen
una barrera contra en Sida.
Otra situación alarmante es que las infecciones por el VIH entre
los jóvenes están aumentando rápidamente. El 67%
de las personas que viven con el VIH/Sida en los países en desarrollo
se encuentra entre los 15 y 24 años y, una vez más, las
mujeres constituyen el grupo más vulnerable.
En El Salvador, cada día, tres adolescentes son infectadas con
el VIH, en muchos casos, por sus propios novios.
En todo el mundo, entre una quinta parte y la mitad de las mujeres jóvenes
indican que su primera relación sexual fue forzada. La violencia
contra las mujeres acelera la diseminación del VIH.
Luchar contra estas desigualdades no es tarea exclusiva de las mujeres.
Todos y todas debemos involucrarnos plenamente. Cada quien, desde su posición,
debe hacer algo por reforzar la protección social y jurídica
de las mujeres, erradicar la violencia y la discriminación en su
contra, garantizar su acceso a la educación y la salud.
Como dice la campaña del Ministerio de Salud y Onusida: ¡No
más mujeres infectadas!
*Columnista de El Diario de Hoy.

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