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| Postal. El partido de 1986 que
por el terremoto se jugo en febrero del siguiente año.
Foto EDH
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Mauricio
Antonio Qüehl
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Desde emotivos clásicos, hasta dramáticas finales.
Uno de los partidos que marcó al historia entre ambos, fue el 7-2
que los emplumados le impusieron a los blancos en San Miguel el 9 de octubre
de 1960.
Doce años tendrían que transcurrir desde su fundación
para que Alianza derrotara por vez primera al Águila, fue un 2-1
que le encajó el 4 de noviembre de 1962 en esta capital.
El 30 de junio de 1966 no sólo le dejaría a los albos su
primer título de campeonato, sino que sería a manos de los
negronaranaja. Dirigido por Hernán Carrasco, Alianza venció
2-1 al Águila.
Luego tuvieron que pasar 20 años para que Alianza volviera enfrentarse
a Águila en una final. El terremoto de 1986 dejó daños
en el Estadio Cuscatlán, por lo que el último partido de
ese campeonato debió jugarse el 22 de febrero de 1987.
Una final inédita
Esta vez Carrasco Vivanco estaba sentado en el banquillo emplumado, mientras
que su discipulo en Alianza (1966), Ricardo Sepúlveda, era quien
dirigía a los capitalinos.
Tras un 0-0 en el marcador y las expulsiones de Jorge Orantes (por Alianza)
y Carlos Coreas y el brasileño Eduardo Santana (por Águila),
ambos clubes debieron definir el título en los tiros de penalti.
Alianza cobró primero por medio del uruguayo Rubén Alonso,
Águila le siguió con el tiro de Ned Barboza. Los dos fallaron.
Rodolfo Alfaro y el chileno Juan Carlos Carreño pusieron el 1-1.
Luego el peruano Fernando Sosa puso el 2-1 para Alianza.
Águila perdió la oportunidad de igualar cuando el hondureño
Ramón Maradiaga disparó a las manos de Raúl Chamagua.
Pero luego Juan Ramón Pacheco erró para los albos. Segundo
chance para Águila de emparejar, pero Salvador Coreas también
perdió contra El Iluminado Chamagua.
El título quedó a los pies del urugauyo Carlos Reyes, quien
luego de cobrar levantó los brazos y corrió hacia el banquillo
blanco. Había intuido que Raúl García se lanzaría
hacia el lado contrario y así fue.

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