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Dispuestos a leer en el cine

Fanáticos creen que el cine doblado al español pierde mucho del contenido de su versión original

Publicada 26 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Gesell tobías
El Diario de Hoy
gtobias@elsalvador.com

La pereza ha invadido a muchos cinéfilos que no quieren leer los subtítulos en una película, y buscan aquellas dobladas para escuchar relajados el filme en estreno.

Hipótesis que en el caso de los salvadoreños no tiene lugar. Después de todo, parece que el “inglés sin barreras” que compramos cuando íbamos al colegio sirvió de mucho.

En nuestro país preferimos ver una película en su formato original. Aunque eso implique estar leyendo los subtítulos, que en ocasiones duran unos poco segundos, o que interpretemos algunas frases del diálogo que se presenta.

Para otros ver constantemente películas subtituladas, es incluso una forma de repasar “lo que vimos en clase”. Claudia Rodríguez, una estudiante universitaria, asegura que “detesta” ver películas traducidas al español.

“Primero te omiten un montón de cosas, luego se inventan otras que nada que ver, y en el peor de los casos la voz no va al mismo tiempo que el movimiento de los labios”, comentó.

Sin embargo, para Francisco Sermeño, otro de los estudiantes consultados, el cine es un arte y el vehículo de comunicación que más involucra emocionalmente al espectador.

La Twentieth Century Fox de EE. UU. comenzó a producir películas dobladas al castellano para el público hispano. Foto EDH

“Pero si tenés que dividir tu atención entre estar leyendo y viendo las imágenes, se pierden muchos detalles importantes. Al final quizás la película no te gustó, no porque sea mala, sino porque por estar leyendo no la entendiste”, dice Sermeño.

El pequeño Cristian Vilanova, locutor de radio Mil 80, está de acuerdo con la opinión anterior.
“Es mil veces mejor en español. Vez las imágenes, te fijás en detalles que no podés ver por estar leyendo”, asegura.

Pero la mayoría prefiere leer. Ana Chacón, ejecutiva de Casa Distribuidora de Películas, explica que “hasta ahorita nadie ha llamado para pedir películas totalmente en español” y asegura que si ocurre lo contrario cuando “traemos una cinta que está doblada a nuestro idioma, entonces sí llaman para reclamarnos por qué no la trajimos subtitulada”, comentó.
Chacón detalla que la cantidad de películas dobladas no ha incrementado en comparación con años anteriores.

Pero aclara que cuando se trata de producciones infantiles o animadas, entonces sí la mayoría viene doblada al español, “porque para los niños es mucho mejor sólo escuchar que ir leyendo cada diálogo”, puntualizó.

También en DVD


Gracias a la tecnología del DVD, ahora muchas películas ofrecen la opción de seleccionar entre varios idiomas, inclusive el español

Pero eso no es un factor determinante a la hora de rentarlas. Aunque no cuenten con esa traducción “siempre se las llevan”, dijo Isela Melgar, una de las dependientes de Blockbuster Video, Bulevar de los Héroes.

De acuerdo con Isela, en un turno de ocho horas se alquilan un promedio de 175 películas, y en ninguno de los casos, “los interesados preguntan si viene con el formato para cambiar a idioma español”, manifestó.

Parece que cada vez somos más bilingües y el interés por el cine en inglés podría compartir el deseo de aprender otras lenguas.

Se prefiere el doblaje en las animadas

En el caso de las cintas animadas la historia cambia un poco.
Los niños no tienen la posibilidad de leer tan rápido mientras prestan atención a todas las imágenes que se les presentan.

En este caso se utilizan dos tipos de doblajes principalmente: el predoblaje y el posdoblaje.
En el predoblaje, al actor se le da un guión. Lo lee, lo escenifica, improvisa e incluso cambia diálogos. Se graba el sonido, y con base en ello, se realiza la animación.

Los diálogos están grabados antes que se empiece a animar la producción. Por lo tanto, ya se sabe cuándo los personajes abrirán la boca y qué apertura hay que darle a la boca.

La sincronización es perfecta, con que el actor sea bueno, es suficiente, no tiene que preocuparse por sincronizarse con el dibujo ya que es el dibujo el que se acoplará a él, es más, se le pide y casi se le exige que improvise y aporte su naturalidad al personaje.

Por otro lado, tenemos los posdoblajes. La animación está ya hecha, y es tarea del doblador meter los diálogos en la boca de los personajes. En este proceso, la tarea del doblador es más compleja, no sólo tiene que actuar, y actuar bien, sino que además preocuparse por encajar su interpretación al movimiento del personaje, debe buscar la sincronización labial.

Hoy en día, con los sistemas existentes, es posible modificar y readecuar una grabación que se haya hecho fuera de sitio, mover una frase y encajarla mediante la edición.



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