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Delicadeza con vistas al mar

Un comienzo encomiable y un modelo para el turismo nacional

Publicada 26 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Ecoturismo. Un concepto que se asocia con la rugosidad rural se muta, en Estero y Mar, en un auténtico festín de los sentidos.
Foto EDH

José Iglesias Etxezarreta
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Un “ambiente familiar” suele querer decir, en la hostelería salvadoreña, bullicio, desorden y, sobre todo, el gran pecado latino, la improvisación. Por eso es tan sorprendente lo conseguido por la familia Menéndez en el Hotel Estero y Mar en la playa de El Pimental: un entorno acogedor en el que todo funciona como un reloj suizo y donde los detalles para hacer más agradable la estancia del cliente se suceden continuamente sin que en ningún momento se advierta la tramoya.

Para empezar, se adentra uno en un paraíso donde los términos “tropical“ o “autóctona” asociados a las palabras “vegetación” y “decoración” no son sinónimos, como en demasiados lugares de nuestras playas y lagos, de “desaseada” o “ranchera”. Al contrario, el buen gusto de la construcción, materiales y texturas impacta y envuelve, una sensación que se extiende a todos los aspectos, especialmente la acogida y el trato afable e impecable, pero no excesivo. Los Menéndez parecen haber conseguido el justo grado del perfume de la hospitalidad, que embriaga, pero no empalaga.

Para parejas con sus hijos, la tranquila piscina interior rivaliza con una playa de grandes mareas. Foto EDH

Por su parte, la ubicación del recinto es inmejorable, cabalgando un estrecho brazo de tierra entre el rugiente Pacífico y los misteriosos manglares, entorno natural que propicia el poco común surtido de actividades que brinda la organización.

Encanto

Pero lo que deslumbra como la fogata nocturna en la arena, es el abanico de cuidados que prodiga un servicio impecable y desconocido en estos lares, desde el pastel casero en la comida, los sabrosos cocteles de marisco o la hogareña merienda de las tardes, hasta la silenciosa aparición de unas tumbonas, un estratégico parasol y unos cocos preparados sobre una mesita a la hora de disfrutar de las olas.

Debido a la excelente señalización no es fácil perderse este oasis, pero la última sorpresa llega en el precio, desusada y atractiva- mente ajustado, que no supera los 50 dólares por persona y noche todo incluido.


Estreno de lujo, precio razonable
Mayo de 2004 Se inauguró el complejo principal.
Diciembre de 2004 Para estas fiestas, se contará ya con la espectacular sala de convenciones, directamente sobre la playa (37 plazas), y se abrirá a las brisas del
estero el bar de reggae.
Agosto de 2005 Al actual buffet del jardín se le unirá un restaurante formal.






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