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Ecoturismo. Un concepto que se asocia con la rugosidad rural se
muta, en Estero y Mar, en un auténtico festín de los
sentidos.
Foto
EDH
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José Iglesias
Etxezarreta
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Un ambiente familiar suele querer decir, en la hostelería
salvadoreña, bullicio, desorden y, sobre todo, el gran pecado latino,
la improvisación. Por eso es tan sorprendente lo conseguido por
la familia Menéndez en el Hotel Estero y Mar en la playa de El
Pimental: un entorno acogedor en el que todo funciona como un reloj suizo
y donde los detalles para hacer más agradable la estancia del cliente
se suceden continuamente sin que en ningún momento se advierta
la tramoya.
Para empezar, se adentra uno en un paraíso donde los términos
tropical o autóctona asociados a las palabras
vegetación y decoración no son sinónimos,
como en demasiados lugares de nuestras playas y lagos, de desaseada
o ranchera. Al contrario, el buen gusto de la construcción,
materiales y texturas impacta y envuelve, una sensación que se
extiende a todos los aspectos, especialmente la acogida y el trato afable
e impecable, pero no excesivo. Los Menéndez parecen haber conseguido
el justo grado del perfume de la hospitalidad, que embriaga, pero no empalaga.
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Para parejas con sus hijos, la tranquila piscina interior rivaliza
con una playa de grandes mareas. Foto EDH
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Por su parte, la ubicación del recinto es inmejorable, cabalgando
un estrecho brazo de tierra entre el rugiente Pacífico y los misteriosos
manglares, entorno natural que propicia el poco común surtido de
actividades que brinda la organización.
Encanto
Pero lo que deslumbra como la fogata nocturna en la arena, es el abanico
de cuidados que prodiga un servicio impecable y desconocido en estos lares,
desde el pastel casero en la comida, los sabrosos cocteles de marisco
o la hogareña merienda de las tardes, hasta la silenciosa aparición
de unas tumbonas, un estratégico parasol y unos cocos preparados
sobre una mesita a la hora de disfrutar de las olas.
Debido a la excelente señalización no es fácil perderse
este oasis, pero la última sorpresa llega en el precio, desusada
y atractiva- mente ajustado, que no supera los 50 dólares por persona
y noche todo incluido.
Estreno de lujo, precio razonable
Mayo de 2004 Se inauguró el complejo principal.
Diciembre de 2004 Para estas fiestas, se contará ya con la espectacular
sala de convenciones, directamente sobre la playa (37 plazas), y se abrirá
a las brisas del
estero el bar de reggae.
Agosto de 2005 Al actual buffet del jardín se le unirá un
restaurante formal.

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