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Tomando la palabra
La injusta multa aplicada a Cel

No fue raro observar, con ojos de espanto, cómo las correntadas arrastraban a su paso los ranchos, los cultivos, animales y hasta personas víctimas de aquellas turbulentas aguas.

Publicada 25 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Armando Rivera Bolaños
El Diario de Hoy

pablorodas@yahoo.com

Uno de los problemas más frecuentes de las sentencias judiciales estriba en que los encargados de administrar justicia se olvidan de las tres dimensiones del Derecho y se basan, casi exclusivamente, en lo que dice la letra fría de los códigos, no consideran el área del razonamiento, los valores, la experiencia, el sentido común y la lógica que entre sí hacen la llamada sana crítica del juez. Esto se puede ver en el caso de la injusta multa que se quiere aplicar a la presidencia de Cel, imputándole responsabilidad penal por una necesaria descarga técnica de los embalses durante la tormenta “Mitch”. Veamos con detenimiento esta situación, que podría sentar un precedente funesto en el sistema judicial.

Según los tratadistas, todo juzgador debe buscar, siempre por medio de esa sana crítica, la interpretación adecuada de las leyes penales abarcando en su criterio los mismos hechos históricos, que deben darle una mejor visión fáctica del entorno en que acaecieron los acontecimientos. Esto se vuelve necesario antes de tomar una decisión que puede resultar no sólo injusta, sino también dañina. Por ejemplo, el jurista europeo Bobbio se refería con énfasis a los aspectos espacio-temporales, añadiendo que, en la formulación de las sentencias, es preciso no sólo atender a la naturaleza humana, sino también a las condiciones históricas de los hechos jurídicos.

Quienes vivimos parte de nuestra niñez a las orillas de aquella límpida y tranquila Bahía de Jiquilisco, que supimos de sus manglares y llanuras, donde se escuchaba que chillaban los monos araña y gruñían amenazadores los pumas y tigrillos, mientras alzaban vuelo escandaloso las garzas y pericos, jamás olvidaremos que con la llegada de cada invierno aquellos bosques, caminos y senderos eran inundados por el Río Lempa, convertidos en enormes lagunas lodosas e intransitables. No fue raro observar, con ojos de espanto, cómo las correntadas arrastraban a su paso los ranchos, los cultivos, animales y hasta personas víctimas de aquellas turbulentas aguas.

En aquellos tiempos no había presas hidroeléctricas ni una Cel a la cual echarle la culpa, mejor dicho, el ojo a sus arcas. Fue hasta la administración del coronel Óscar Osorio que se inauguró la presa del Guayabo o “Cinco de Noviembre” y desde ese tiempo, como una medida precautoria, técnica y necesaria, comenzaron a realizarse las descargas de agua cuando el nivel del embalse llegaba a su máxima capacidad, pues, de lo contrario, una presa se puede romper con efectos mucho más catastróficos que los ocasionados por un fuerte temporal de invierno.

En el caso que motiva estas líneas, de no haber actuado los técnicos de Cel tal como lo hicieron cuando nos azotó la tormenta “Mitch”, las presas habrían estallado en torrentes de agua tan enormes que no sólo el Bajo Lempa se hubiera inundado, sino que tres departamentos de la República habrían sufrido efectos desastrosos, con pérdidas multimillonarias en cultivos, bienes y animales, sin mencionar por obvio, el final de muchísimas vidas humanas. ¿Y cuál es ahora la actitud que han tomado algunos sectores empeñados en seguir la destrucción del país?

Pues llevar el caso a los tribunales, donde unos jueces inadvertidos, que a lo mejor no entraron en consideraciones lógicas, que olvidaron la tridimensionalidad jurídica y los aspectos espacio-temporales, sólo vieron en la figura del presidente de la entidad al victimario propicio, al ajusticiable, al que se le puede condenar de un solo “sopapo legal”. Mas no con prisión ni con medidas cautelares sustitutivas, ni con juicios abreviados, sino imponiéndole una abultada multa, que significa desembocar millonadas de dólares para satisfacer la codicia de aquellas personas que se afanan en socavar el erario de instituciones que, como Cel, tienen un respaldo económico sustentable.

El problema de las inundaciones en el Bajo Lempa es un caso que tiene antecedentes históricos, derivado de su ubicación geográfica y su configuración territorial. Es una cuestión delicada que se debe analizar cuidadosamente y hallarle soluciones viables por un equipo multidisciplinario que incluya ingenieros, especialistas en riegos e hidrología, geólogos y otros por el estilo. De lo contrario, de ejecutarse esta injusta multa, ya se puede ir preparando Cel, pues con cada invierno, o con cada huracán que se le ocurra desviarse para nuestro país, seguirán esquilmándole sus bienes hasta hacerle fallecer. ¡Vaya tonterías de nuestro sistema jurídico!

*Abogado y psicólogo.


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