elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Basurero calma el hambre de familia

Apopa. Una joven de 20 años y sus dos hijos subsisten de lo que encuentran en los alrededores del mercado

Publicada 23 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Búsqueda. Ana Chicas carga a Andrés, mientras Salvador busca el alimento del día. Foto EDH / Giovanni Lemus


Alejandra Dimas
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Mientras los peatones que atraviesan la calle El Pito, en Apopa, se disgustan por el hedor que emana de los seis contenedores donde se tiran los desperdicios del mercado, Ana Cleotilde Chicas y sus dos hijos, Salvador de cuatro años y Andrés de dos, llegan al sitio a buscar comida.

A simple vista, Ana aparenta los treinta años, pero tiene veinte.
Llegó a la capital el pasado diciembre, procedente de la isla San Juan de Gozo en Usulután, después de que murieran sus padres.

Con el padre de los niños “no cuenta desde nunca”, expresó con cierto dolor.
Está en Apopa desde hace casi un año, mismo tiempo que tiene de dormir en el corredor de una casa; espacio que le ha facilitado el dueño de una ladrillera ubicada a pocos kilómetros del botadero.

Asegura que ha buscado trabajo, pero no tiene quien cuide de los infantes y acepta que ellos estarían mejor en un albergue.

A pesar de las adversidades, ella dice que es optimista. “Aquí comemos los tres tiempos”, manifiesta, aunque no oculta la inconformidad de ver a los pequeños con tierra en las uñas y el rostro sucio.

“Me gustaría que los niños estuvieran en un hogar y que tuvieran con qué arroparse, que aprendan a leer, que tengan medicinas...”, y sigue enumerando necesidades.

Confiesa que su afán porque sus hijos se preparen nace en la frustración que ella siente porque no sabe leer, mucho menos escribir.

Hambriento. Andrés gusta de las verduras que encuentra. Foto EDH / Giovanni Lemus

“Yo ni la hora me puedo”, dice mientras se quita un reloj electrónico que encontró en la basura y que aún funciona.

Lucha diaria

Ayer, antes de las siete de la mañana, Ana ya buscaba el desayuno en los contenedores. Mientras seleccionaba la basura, Salvador hurgaba un muñeco o restos de carros que hagan las veces de juguete.

Andrés esperaba impaciente solicitando que su madre le cargara en brazos.
A los dos pequeños se les ve pálidos, pero se les ilumina el rostro cuando la madre les habla con cariño.

Si alguna institución o persona está interesada en alegrar la Navidad de Ana y sus dos hijos, puede llamar al teléfono 231-7732 de la sección Metro de este periódico.
También se le puede buscar en las cercanías del mercado de Apopa.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

elsalvador.com WWW