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| Búsqueda. Ana Chicas carga a Andrés,
mientras Salvador busca el alimento del día.
Foto EDH / Giovanni Lemus |
Alejandra Dimas
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Mientras los peatones que atraviesan la calle El Pito, en Apopa, se disgustan
por el hedor que emana de los seis contenedores donde se tiran los desperdicios
del mercado, Ana Cleotilde Chicas y sus dos hijos, Salvador de cuatro
años y Andrés de dos, llegan al sitio a buscar comida.
A simple vista, Ana aparenta los treinta años, pero tiene veinte.
Llegó a la capital el pasado diciembre, procedente de la isla San
Juan de Gozo en Usulután, después de que murieran sus padres.
Con el padre de los niños no cuenta desde nunca, expresó
con cierto dolor.
Está en Apopa desde hace casi un año, mismo tiempo que tiene
de dormir en el corredor de una casa; espacio que le ha facilitado el
dueño de una ladrillera ubicada a pocos kilómetros del botadero.
Asegura que ha buscado trabajo, pero no tiene quien cuide de los infantes
y acepta que ellos estarían mejor en un albergue.
A pesar de las adversidades, ella dice que es optimista. Aquí
comemos los tres tiempos, manifiesta, aunque no oculta la inconformidad
de ver a los pequeños con tierra en las uñas y el rostro
sucio.
Me gustaría que los niños estuvieran en un hogar y
que tuvieran con qué arroparse, que aprendan a leer, que tengan
medicinas..., y sigue enumerando necesidades.
Confiesa que su afán porque sus hijos se preparen nace en la frustración
que ella siente porque no sabe leer, mucho menos escribir.
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| Hambriento. Andrés gusta de las verduras
que encuentra. Foto EDH / Giovanni Lemus |
Yo ni la hora me puedo, dice mientras se quita
un reloj electrónico que encontró en la basura y que aún
funciona.
Lucha diaria
Ayer, antes de las siete de la mañana, Ana ya buscaba el desayuno
en los contenedores. Mientras seleccionaba la basura, Salvador hurgaba
un muñeco o restos de carros que hagan las veces de juguete.
Andrés esperaba impaciente solicitando que su madre le cargara
en brazos.
A los dos pequeños se les ve pálidos, pero se les ilumina
el rostro cuando la madre les habla con cariño.
Si alguna institución o persona está interesada en alegrar
la Navidad de Ana y sus dos hijos, puede llamar al teléfono 231-7732
de la sección Metro de este periódico.
También se le puede buscar en las cercanías del mercado
de Apopa.

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