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Opinando
Indignante actitud hondureña

Esta patológica conducta de los gobernantes hondureños hacia nuestro país contrasta con la buena fe y hasta la candidez de las autoridades salvadoreñas hacia los geófagos hondureños.

Publicada 23 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Arturo Argumedo
El Diario de Hoy

editoria@elsalvador.com

¿Una nueva lección hemos recibido los salvadoreños con motivo de la elección de un candidato único para la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA), por parte del área centroamericana. Era entendido, y así se dio a conocer ampliamente por los mismos presidentes centroamericanos que los países del área podían presentar sus candidatos, y el que ganara esa elección interna, se convertiría automáticamente en el candidato único de todos los países centroamericanos.

Guatemala, que presentó a un candidato distinguido, aspirante al cargo, al perder la elección, dio un ejemplo de responsabilidad, seriedad y, sobre todo, de centroamericanismo, al respetar su compromiso, apoyando al candidato único, al salvadoreño licenciado Francisco Flores. Muy significativa y loable fue de igual forma la posición del Presidente de la República de Costa Rica, doctor Abel Pacheco.

Desgraciadamente en este tipo de circunstancias, siempre existe un pelo en la sopa, siendo el Presidente de la República de Honduras, licenciado Ricardo Maduro, quien rompió el compromiso, sosteniendo, en declaraciones a la prensa, la falta de consenso y de unanimidad en la elección del candidato único.

Aunque no ha expresado la razón, ésta, sin embargo, es clara y evidente: el licenciado Francisco Flores es salvadoreño y no obstante lo que digan algunos políticos criollos de izquierdas conocidas, igual posición habría tomado, así hubiera resultado electo como candidato el general Francisco Morazán si éste hubiera nacido en El Salvador.

Esta patológica conducta de los gobernantes hondureños hacia nuestro país contrasta con la buena fe y hasta la candidez de las autoridades salvadoreñas hacia los geófagos hondureños. Me refiero en concreto a la recién, indebida e ilegal elección como secretario general del Sistema de Integración Centroamericana, Sica, del abogado y diplomático hondureño Aníbal Enrique Quiñónez Abarca, actual viceministro de Relaciones Exteriores de Honduras, a quien, para identificarle, basta recordar su deprimente actuación en el proceso de revisión sostenido entre nuestro país y el suyo, cuando en el transcurso de las audiencias orales simplemente se quedó dormido.

Conocido en el ámbito del Sica es que este funcionario anticentroamericano ya está preparando un equipo de fronterólogos hondureños para apoderarse de los diferentes órganos y mecanismos constitutivos del Sica, y poner en alguno de ellos al experto trastornador de la historia centroamericana Roberto Herrera Cáceres, quien ha escrito varios libros y folletos para incitar a robarnos nuestros legítimos derechos en el Golfo de Fonseca.
La pregunta que hago es clara y precisa: ¿Cómo podemos los salvadoreños tolerar tal situación? La respuesta es sencilla: no podemos permitir que un funcionario de tal nacionalidad, cuyo Estado se ha empeñado en destruir el Sistema de Integración Centroamericana, llegue a ocupar la silla de la Secretaría General del Sica.

El protocolo de Tegucigalpa, constitutivo del Sistema de Integración Centroamericana, prevé que el cargo de secretario general tendrá un término de cuatro años. Honduras está pretendiendo que el actual secretario general, doctor Óscar Santamaría, funja únicamente por un período de seis meses, contrario a cualquier normativa del Sica.

Según el orden de rotación establecido entre los países centroamericanos, debería corresponder a un guatemalteco o, en todo caso, a cualquier otro funcionario que por su nacionalidad sea digno representante de los ideales integracionistas de la región centroamericana.

Sea pues este un llamado a todos los pueblos centroamericanos para actuar de buena fe y juntos defendamos nuestros valores e ideales, preservando, a través de representantes justos, los tan ansiados anhelos de la Unión Centroamericana.

*Abogado.

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