
Arturo Argumedo
El Diario de Hoy
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¿Una nueva lección hemos
recibido los salvadoreños con motivo de la elección de un
candidato único para la secretaría general de la Organización
de Estados Americanos (OEA), por parte del área centroamericana.
Era entendido, y así se dio a conocer ampliamente por los mismos
presidentes centroamericanos que los países del área podían
presentar sus candidatos, y el que ganara esa elección interna,
se convertiría automáticamente en el candidato único
de todos los países centroamericanos.
Guatemala, que presentó a un candidato distinguido, aspirante al
cargo, al perder la elección, dio un ejemplo de responsabilidad,
seriedad y, sobre todo, de centroamericanismo, al respetar su compromiso,
apoyando al candidato único, al salvadoreño licenciado Francisco
Flores. Muy significativa y loable fue de igual forma la posición
del Presidente de la República de Costa Rica, doctor Abel Pacheco.
Desgraciadamente en este tipo de circunstancias, siempre existe un pelo
en la sopa, siendo el Presidente de la República de Honduras, licenciado
Ricardo Maduro, quien rompió el compromiso, sosteniendo, en declaraciones
a la prensa, la falta de consenso y de unanimidad en la elección
del candidato único.
Aunque no ha expresado la razón, ésta, sin embargo, es clara
y evidente: el licenciado Francisco Flores es salvadoreño y no
obstante lo que digan algunos políticos criollos de izquierdas
conocidas, igual posición habría tomado, así hubiera
resultado electo como candidato el general Francisco Morazán si
éste hubiera nacido en El Salvador.
Esta patológica conducta de los gobernantes hondureños hacia
nuestro país contrasta con la buena fe y hasta la candidez de las
autoridades salvadoreñas hacia los geófagos hondureños.
Me refiero en concreto a la recién, indebida e ilegal elección
como secretario general del Sistema de Integración Centroamericana,
Sica, del abogado y diplomático hondureño Aníbal
Enrique Quiñónez Abarca, actual viceministro de Relaciones
Exteriores de Honduras, a quien, para identificarle, basta recordar su
deprimente actuación en el proceso de revisión sostenido
entre nuestro país y el suyo, cuando en el transcurso de las audiencias
orales simplemente se quedó dormido.
Conocido en el ámbito del Sica es que este funcionario anticentroamericano
ya está preparando un equipo de fronterólogos hondureños
para apoderarse de los diferentes órganos y mecanismos constitutivos
del Sica, y poner en alguno de ellos al experto trastornador de la historia
centroamericana Roberto Herrera Cáceres, quien ha escrito varios
libros y folletos para incitar a robarnos nuestros legítimos derechos
en el Golfo de Fonseca.
La pregunta que hago es clara y precisa: ¿Cómo podemos los
salvadoreños tolerar tal situación? La respuesta es sencilla:
no podemos permitir que un funcionario de tal nacionalidad, cuyo Estado
se ha empeñado en destruir el Sistema de Integración Centroamericana,
llegue a ocupar la silla de la Secretaría General del Sica.
El protocolo de Tegucigalpa, constitutivo del Sistema de Integración
Centroamericana, prevé que el cargo de secretario general tendrá
un término de cuatro años. Honduras está pretendiendo
que el actual secretario general, doctor Óscar Santamaría,
funja únicamente por un período de seis meses, contrario
a cualquier normativa del Sica.
Según el orden de rotación establecido entre los países
centroamericanos, debería corresponder a un guatemalteco o, en
todo caso, a cualquier otro funcionario que por su nacionalidad sea digno
representante de los ideales integracionistas de la región centroamericana.
Sea pues este un llamado a todos los pueblos centroamericanos para actuar
de buena fe y juntos defendamos nuestros valores e ideales, preservando,
a través de representantes justos, los tan ansiados anhelos de
la Unión Centroamericana.
*Abogado.

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