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Economía para todos
Diferencia entre Porky y el oso Yogi

Debido a la presente polarización del Congreso americano, la mayoría de republicanos apoyaría las iniciativas del Presidente George Bush, incluso en tratados controversiales como CAFTA.

Publicada 23 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Alejandro Alle
El Diario de Hoy

alejandro_alle@yahoo.com

¿Usted alguna vez se puso a pensar por qué será que los ecologistas siempre andan protegiendo osos, ballenas, tortugas marinas, bosques tropicales, o pájaros exóticos, pero nunca se les ve preocupados por la “matanza irracional” de cerdos, ni tampoco de pollos? ¿No le parece extraño? Sí, ya sé: ni cerdos ni pollos corren el más mínimo peligro de extinción.

Es que justamente lo que debería sorprendernos es que dichos animales no estén desapareciendo, dada la voracidad y entusiasmo con que media humanidad los mastica. Estamos tan acostumbrados a encontrarlos en cada país, ciudad, supermercado, e incluso en cada restaurante, que ni se nos cruza por la cabeza que en el mundo se consumen a diario muchísimas más libras de cerdo y de pollo, que de oso. Pese a lo cual son los osos los que se extinguen.

No es que me haya dado un súbito ataque por la zoología: el único cerdo que me gusta es Porky Pig, y mi oso favorito es Yogi, el del Jellystone Park. Pero al comparar los casos, entenderemos aspectos importantes del funcionamiento de la economía.

Hay un elemento básico a tener en cuenta, que debería aumentar aún más nuestra sorpresa…, y es que pese al enorme consumo de cerdo y de pollo que hay, ambos son alimentos relativamente baratos. Por el contrario, los osos se extinguen, aunque no recuerdo haber ido últimamente a almorzar hamburguesas al “Burger Oso”, ni tampoco al KFB (Kentuky Fried Bear). ¡Ah!, es cierto, ambos fueron prohibidos hace años, ¡pero además eran carísimos!

Si se habla tanto de “caza irracional de osos”, de “pesca irracional de ballenas”, y de “tala irracional de bosques“, es fácil deducir que el problema está en alguna supuesta irracionalidad. Pronto la encontraremos…

Dado que se enfoca mal el problema, de manera invariable se llega a conclusiones equivocadas, y ello se debe a que, sin mayor análisis, se culpa a los villanos de siempre: al malvado “comercio”, y su sanguinario hijo, el “fin de lucro”. Se les acusa de provocar la extinción de osos, ballenas, tortugas marinas, y de cuanto animalito o planta salvaje imaginemos.

Sin embargo, son justamente cerdos y pollos los que mejor desmienten que el “comercio” o el “fin de lucro” sean culpables de extinción alguna: ambos están entre los animales más comercializados de toda la fauna, e incluso se han construido imperios económicos alrededor de ellos, pese a lo cual no hay alarmas sobre extinciones próximas de porcinos ni de plumíferos. Parece que a la irracionalidad habrá que buscarla por otro lado…

¿Quiere una pista? Está en la mala definición de derechos de propiedad que hay sobre osos, ballenas, tortugas marinas, o bosques tropicales, que produce incentivos perversos para su utilización. El objetivo de cada cazador de osos es obtener la máxima cantidad de pieles en el menor tiempo posible, siendo el “costo” de tales excesos problema de los demás cazadores, quienes encontrarán cada vez menos osos. Y como todos los cazadores piensan igual, rápidamente se llega a la extinción.

Al existir un “derecho de propiedad comunitario”, ningún cazador tendrá el incentivo de hacer “inversiones” para que la cantidad de animales se mantenga en niveles que impidan su extinción. Si un cazador “invierte”, reduciendo la caza durante un año, no tendrá ninguna garantía de que será él quien coseche los beneficios de esa conducta.

Al contrario, en el caso de cerdos y de pollos, tenemos granjeros que dedican tiempo, esfuerzo y dinero en alimentarlos, en controlar que no se enfermen, y en que alcancen el peso adecuado para poder venderlos. Los granjeros hacen dichas inversiones, porque los animales son de ellos, y saben que sólo ellos cobrarán por su venta.

La irracionalidad está en creer que alguien va a explotar “adecuadamente” un recurso cuyo derecho de propiedad está mal definido: para cada cazador, lo “racional” será tratar de apropiarse de los beneficios de la caza, sin asumir los costos. Nos guste o no, es una característica humana.

La mejor garantía de racionalidad es la propiedad privada, y en el caso de pesca o caza realizada en lugares públicos, es esencial que los permisos otorgados sean claros, licitados en forma transparente, y que obliguen al beneficiario a hacer las inversiones necesarias para restaurar el potencial de ese recurso natural.

¿Le gusta la canción “Imagine”, de John Lennon? Muy buena música, pero no tome literalmente su letra (“imagine no possessions”), porque eso sería más ingenuo que el oso Yogi. En un mundo así, seguramente ni usted ni yo hubiéramos nacido, porque nuestros antepasados hubieran muerto en alguna hambruna.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos Aires) Columnista de El Diario de Hoy

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