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Memorias
Los caminos a Guatemala

El Salvador y Guatemala somos los aliados naturales de la región. Nuestras fronteras se han abierto en una clara muestra de liderazgo regional y voluntad política por parte de nuestros presidentes, Saca y Berger.

Publicada 23 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Ricardo Rivas
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Difícil olvidarlo: fue en 1985. Necesitaba plata para montar mi primera clínica y había decido contraer la primera obligación crediticia de la vida. Confieso que llegué al banco como quien va al cadalso. Y qué menos. Para un dentistillo a punto de graduarse, 15,000 colones era toda una fortuna. Sin embargo, era el momento de hacerlo. En Guatemala recién devaluaban el quetzal y el cambio me favorecía enormemente. Por fortuna, el crédito salió rápido y en cuestión de días estaba listo para ir a Guate por mis aparatos. Pero, había un problema.

Los periódicos nacionales informaban de asaltos y vejaciones a ciudadanos salvadoreños que viajaban por carretera a Guatemala en automotores con placas de El Salvador. Familias enteras, comerciantes, turistas aseguraban haber sido blanco de ladrones, sobre todo, en la carretera que de Valle Nuevo (Las Chinamas) conduce a Guatemala ciudad. Lógicamente, las noticias de esos abusos me pusieron en guardia. Lo último que deseaba era que unos tacuacines me robaran aquellos quince mil pesos que tan siquiera había comenzado a pagar. Otra cosa que me preocupaba era la fama de los malhechores. Al decir de los acontecimientos, los tipos no eran simples ladrones. Su hoja de vida incluía asesinatos, violaciones y torturas.

Con todo y todo, el viaje había que emprenderlo. Un matrimonio amigo de mis padres me ofreció jalón. Cus cus en mano, nos fuimos. Yo, que nunca he tenido vocación de contrabandista, tuve que hacer un esfuerzo creativo para esconder aquel billetal por donde buenamente cupiera: en cada calcetín, debajo de las alfombras, en medio de la llanta de repuesto, junto a la mica... qué sé yo.

Al tramo entre Oratorio y Cuilapa le llamaban “el tramo de la muerte”. Cuando llegamos ahí, el cus cus de arriba se tradujo en una curiosa mezcla de taquicardia, retortijón, hipo y cantaradas de sudoración, todo, en medio de un sepulcral mutis. No era en balde. Por robarle unos dólares, al papá de un amigo mío le habían bajado del carro y de tres balazos le habían despachado al otro mundo. Así procedían. Amén de ladrones, eran —son— asesinos de sangre fría.

Así recorrimos aquellos interminables kilómetros. Finalmente, llegamos a Barberena, población a la que en 1985, —a diferencia de hoy—, se consideraba territorio seguro. Entonces fue que volvió el alma al cuerpo. Y proseguimos el viaje. Estando en la ciudad de Guatemala supimos de un nuevo asalto ocurrido a pocos kilómetros de Jalpatagua. Yo, que no estaba interesado en participar de aquel reality, terminé regresándome en TACA.

Hoy estamos en 2004. Veinte años después, en medio de globalizaciones, TLC, PPP, integraciones y avances tecnológicos, transitar con placas salvadoreñas por esos caminos guatemaltecos sigue siendo tan peligroso como lo era a mediado de los ochenta. De Ripley ¿no?

El Salvador y Guatemala somos los aliados naturales de la región. Nuestras fronteras se han abierto en una clara muestra de liderazgo regional y voluntad política por parte de nuestros presidentes. Saca y Berger, derribando el muro de la burocracia, han encendido la verdadera llama de la integración centroamericana. Ese mismo liderazgo, voluntad y capacidad es la que El Salvador le pide al gobierno vecino para detener esa kermés de inauditos abusos.

Los salvadoreños reconocemos a Guatemala como un gran país. A guatemaltecos y salvadoreños nos hermanan una y mil razones de amistad, familia, negocios, estudios, turismo, etc. También tenemos un promisorio futuro como socios fundadores de esta histórica convergencia con la que se intenta hermanar a Centroamérica en una sola nación. Pero Guatemala debe ser consecuente con lo que ocurre en su territorio y en las narices mismas de sus autoridades, y actuar. No existe en la región otro aliado más importante para Guatemala que El Salvador. Esa relación debe cuidarla.

Detener los atropellos contra salvadoreños en las carreteras de Guatemala, más que una cuestión de honor, se ha convertido en un asunto de vida o muerte. Cuántas familias salvadoreñas pueden dar cuenta de ello. Mientras en ese territorio se siga tocando con las manos sucias la integridad y la vida misma de los ciudadanos salvadoreños, la integración estará patoja.
*Columnista de El Diario de Hoy.


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