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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Zapatero, Presidente español,
novato e impulsivo para más señas, pide que la Unión
Europea abandone su política crítica hacia Cuba por una
de mayor apertura. La esperanza del buen señor Zapatero es que
la dictadura entre en razón, suavice sus posturas, aligere la represión
interna y se vuelva anuente a una eventual democratización de la
isla. Comulga con adobes.
Pero sobre las consideraciones pragmáticas y sin duda ilusas, hay
cuestiones morales que no se pueden hacer de lado o ignorarse. Buscar
entendimientos con la dictadura más represiva del planeta después
de la norcoreana es alentar a los aprendices de carnicero al estilo de
Hugo Chávez. Peor todavía, si se tolera a Cuba, ¿con
qué cara puede el mundo censurar y castigar al régimen iraní,
a las dictaduras que vayan surgiendo en Hispanoamérica o a los
violadores de los derechos humanos?
La reciente victoria electoral del Presidente Bush puso de manifiesto
que pese a las acerbas críticas de su opositor, al cerebralismo
de que hacían gala los demócratas, el tema moral continúa
siendo un factor decisivo para una mayoría de los estadounidenses.
Cuando deja de serlo para un pueblo, lo probable es que se inicie su decadencia
y éste corra el riesgo de caer en la anarquía o ser presa
de demagogos y asesinos, como es el caso de Cuba. Fue la desmoralización
de los alemanes la que llevó al entronizamiento de los nacional-socialistas
de Hitler y a la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial.
Volvamos al planteamiento de Zapatero. ¿Podría la Unión
Europea llegar a un entente cordiale con un régimen
que ha suprimido las libertades esenciales de los cubanos, montado un
régimen policial, fusilado a decenas de miles de opositores, fomentado
la subversión en otros países y dado refugio a secuestradores
y terroristas? ¿Cómo pueden los socialistas españoles
seguir criticando a Pinochet o denigrar al franquismo, si abogan por apoyar
una dictadura muchísimo peor y de mayor duración que ésas?
¿Tienen los gobiernos europeos los hígados y la amoralidad
de contemporizar con un dictador que ha suprimido la libertad de expresión
y acaba de condenar a penas mayores de veinticinco años a cerca
de cuarenta periodistas y disidentes?
¿Hambrunas? ¡Qué importa!
Es obvio, muy extrañas cosas están sucediendo en la
vieja Europa. Más de un régimen justifica su neutralidad
en Iraq, alegando que no pueden intervenir en los asuntos internos
de otras naciones. Y no intervenir en sus asuntos internos
es la razón que enarbola Cuba frente a la crítica. Pero
es moralmente repugnante no hacer nada respecto a un régimen, el
de Husein en Iraq, que masacró a más de un millón
de iraquíes y ha sido la causa directa, junto con Jimmy
Carter, de los espantosos genocidios que han acaecido en el Medio Oriente
después del derrocamiento del Shah.
Cuba se sostiene primordialmente por el turismo europeo, que disfruta
el trabajo de esclavos que permite los bajos precios de las vacaciones.
No quiere eso decir, empero, que el castrismo habría colapsado
sin la ayuda europea, como tampoco ha colapsado el demencial régimen
comunista de Corea del Norte, afectado por hambrunas. El entronizamiento
de la Unión Soviética costó la vida a cuarenta millones
de personas que murieron de hambre por culpa de las colectivizaciones
de la tierra de Stalin.

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