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La nota del día
El “entente cordiale” de Zapatero con Cuba

¿Cómo pueden los socialistas españoles seguir criticando a Pinochet o denigrar al franquismo, si abogan por apoyar una dictadura muchísimo peor y de mayor duración que ésas?

Publicada 23 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Zapatero, Presidente español, novato e impulsivo para más señas, pide que la Unión Europea abandone su política crítica hacia Cuba por una de mayor apertura. La esperanza del buen señor Zapatero es que la dictadura entre en razón, suavice sus posturas, aligere la represión interna y se vuelva anuente a una eventual democratización de la isla. Comulga con adobes.

Pero sobre las consideraciones pragmáticas y sin duda ilusas, hay cuestiones morales que no se pueden hacer de lado o ignorarse. Buscar entendimientos con la dictadura más represiva del planeta después de la norcoreana es alentar a los aprendices de carnicero al estilo de Hugo Chávez. Peor todavía, si se tolera a Cuba, ¿con qué cara puede el mundo censurar y castigar al régimen iraní, a las dictaduras que vayan surgiendo en Hispanoamérica o a los violadores de los derechos humanos?

La reciente victoria electoral del Presidente Bush puso de manifiesto que pese a las acerbas críticas de su opositor, al cerebralismo de que hacían gala los demócratas, el tema moral continúa siendo un factor decisivo para una mayoría de los estadounidenses. Cuando deja de serlo para un pueblo, lo probable es que se inicie su decadencia y éste corra el riesgo de caer en la anarquía o ser presa de demagogos y asesinos, como es el caso de Cuba. Fue la desmoralización de los alemanes la que llevó al entronizamiento de los nacional-socialistas de Hitler y a la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial.

Volvamos al planteamiento de Zapatero. ¿Podría la Unión Europea llegar a un “entente cordiale” con un régimen que ha suprimido las libertades esenciales de los cubanos, montado un régimen policial, fusilado a decenas de miles de opositores, fomentado la subversión en otros países y dado refugio a secuestradores y terroristas? ¿Cómo pueden los socialistas españoles seguir criticando a Pinochet o denigrar al franquismo, si abogan por apoyar una dictadura muchísimo peor y de mayor duración que ésas?

¿Tienen los gobiernos europeos los hígados y la amoralidad de contemporizar con un dictador que ha suprimido la libertad de expresión y acaba de condenar a penas mayores de veinticinco años a cerca de cuarenta periodistas y disidentes?

¿Hambrunas? ¡Qué importa!

Es obvio, “muy extrañas cosas están sucediendo en la vieja Europa”. Más de un régimen justifica su neutralidad en Iraq, alegando que no pueden intervenir “en los asuntos internos de otras naciones”. Y no intervenir “en sus asuntos internos” es la razón que enarbola Cuba frente a la crítica. Pero es moralmente repugnante no hacer nada respecto a un régimen, el de Husein en Iraq, que masacró a más de un millón de iraquíes y ha sido la causa directa, junto con “Jimmy” Carter, de los espantosos genocidios que han acaecido en el Medio Oriente después del derrocamiento del Shah.

Cuba se sostiene primordialmente por el turismo europeo, que disfruta el trabajo de esclavos que permite los bajos precios de las vacaciones. No quiere eso decir, empero, que el castrismo habría colapsado sin la ayuda europea, como tampoco ha colapsado el demencial régimen comunista de Corea del Norte, afectado por hambrunas. El entronizamiento de la Unión Soviética costó la vida a cuarenta millones de personas que murieron de hambre por culpa de las colectivizaciones de la tierra de Stalin.

 

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