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Un éxito programa de cáncer infantil

Vanguardia. Un panorama más alentador para los niños con este mal es el resultado del trabajo arduo de diversas entidades y profesionales que hoy sirve de ejemplo para los países latinoamericanos. El setenta y uno por ciento de los casos atendidos sobrevive a la enfermedad

Publicada 22 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Sus inocentes rostros se llenan de alegría por instantes, a pesar de que sus frágiles y diminutos cuerpos han sido invadidos por una enfermedad dolorosa.
Fotos EDH / Eleonora Salaverría

Alma López
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Oncología, en el octavo piso del Hospital Bloom, a simple vista es un lugar desalentador: pequeños cuerpos con rastros de punzadas de catéteres y jeringas, cabezas despobladas de cabellos, diminutas manos conectadas a bolsas de sueros y medicamentos, llantos de dolor y aburrimiento.

Después de un par de horas, lo que acontece en el recinto revela al visitante el anhelo por aferrarse a la vida. Los infantes se resisten a doblegarse ante la enfermedad y alternan las lágrimas con risas, y los dolorosos tratamientos son olvidados por momentos con juegos.

Sus inocentes rostros se llenan de alegría por instantes, a pesar de que sus frágiles y diminutos cuerpos han sido invadidos por una enfermedad dolorosa, caracterizada por la multiplicación descontrolada de células en los tejidos y órganos.

“Cada vez que inyectan a mi hija y no le encuentran las venitas, la pinchan varias veces y a mí se me parte el alma de verla sufrir tanto”, comenta con voz entrecortada Rosa Ábrego, mientras carga a Noelia, quien sufre de sarcoma nasal, un crecimiento de células cancerosas en la nariz.

El proyecto, en números
Antes del 1994 sólo el 20% de los niños que padecían cáncer sobrevivían después de haber recibido su diagnóstico. En la actualidad la subsistencia a los tratamientos supera las expectativas.
1-Alta tasa de recuperación
El 71% de los niños sobrevive al cáncer gracias al trabajo conjunto del Hospital San Judas, la Fundación Ayudame a Vivir y el Hospital de Niños Benjamín Bloom. El convenio fue suscrito en 1994, aportando medicinas, equipo y médicos.
2-Millonario tratamiento
Son 38 mil dólares en un período de dos años los que se necesitan para dar tratamiento contra la leucemia sólo a un pequeño. Los medicamentos tienen un costo elevado y el sufragarlos es una tarea imposible para la mayoría de padres.
3- Lucha contra la dolencia
Actualmente 300 infantes son atendidos en el Hospital Bloom, quienes se benefician de los tratamientos gracias a las diversas actividades realizadas por la Fundación para gestionar fondos. Algunos reciben
radioterapia en el ISSS.
Cánceres más comunes en 2003
Leucemias 77 76.7%
Linfomas 32 75.0%
Tumores cerebrales 35 65.7%
Tumores renales 14 71.4 %
Retinoblastoma 13 69.2%
Sarcomas 13 61.5%
Otros 33 48.5%

Noelia tiene dos años, su rostro se oculta tras las vendas que protegen una protuberancia en su nariz. Su curiosidad está presente, trata de tocar la sonda de su mano derecha, pero cuando ésta comienza a teñirse con sangre, rompe en llanto... y la muestra a su madre, quien lo único que puede hacer es acariciarle.

Superación

El panorama ante los ojos de alguien que visita por primera vez Oncología es sombrío, pero detrás de esa atmósfera resplandecen historias de valor que, sumadas al trabajo de un grupo de profesionales, iluminan el panorama de los niños con cáncer.

En la última década, este padecimiento ha robado menos vidas gracias a un programa gestado en 1991, cuando un grupo de altruistas creó la Fundación Ayúdame a Vivir para brindar tratamiento médico a los niños con leucemia.

Meses después, una comitiva viajó a Memphis, Tennessee, Estados Unidos, en busca de ayuda; allí tocaron la puertas del Hospital de Niños San Judas, para desarrollar un programa de asistencia médica sistematizada.

La iniciativa se convirtió en realidad con un convenio suscrito en 1994 por el San Judas, el Hospital Bloom y la Fundación Ayúdame a Vivir.

El Hospital San Judas abrió sus puertas para dar a El Salvador beneficios como procesamiento de análisis inmunológicos y citogenéticos, para diagnósticos más certeros, además de capacitaciones para doctores, enfermeras y técnicos salvadoreños en el extranjero.

La Fundación también contrajo el compromiso de recolectar fondos para financiar la compra de medicamentos, caracterizados por su alto costo, y la contratación de personal médico para apoyar al del Hospital Bloom.

El doctor Miguel Bonilla, jefe de Oncología del Bloom, ratifica que la medicina es cara, y como los tratamientos duran entre dos y tres años, es imposible que los padres los sufraguen. Por ejemplo, para combatir la leucemia de un niño, se necesitan 38 mil dólares en un período de dos años.

Hasta antes de la iniciativa de la Fundación, el 80% de los niños moría sin pasar el primer año de habérseles dictaminado la enfermedad. Ahora el 71% sobrevive.

Los resultados son frutos del trabajo de las entidades y un equipo interdisciplinario conformado por enfermeras, infectólogos, farmacéuticos, hematólogos, oncólogos, pediatras, cirujanos, nutricionistas, sicólogos y trabajadores sociales.

Una de las tres sicólogas de la Unidad de Oncología, Carmen Salaverría, comenta que el trabajo conjunto permite mejorar el ambiente hospitalario y la calidad de vida de los pacientes, debido a las complejas situaciones que genera el padecimiento de cáncer.

Gracias a la labor conjunta de diversos héroes anónimos, El Salvador tiene el mejor programa de América Latina, que es un rayo de esperanza para infantes como Noelia.


Los frutos de un trabajo de amor

A diez años del programa el éxito tiene nombres y apellidos, una muestra son Elí Guzmán, Mariana Ayala y Carlos León, que padecieron leucemia, pero ahora están sanos y rebozantes de vida y sueños.

Esperanza. Mariana, Carlos y Elí, junto a una trabajadora social.
Fotos EDH / Eleonora Salaverría

Elí relata que le diagnosticaron en 1994 leucemia linfoblástica aguda a los nueve años. Pensó, al igual que sus padres, que nunca iba curarse.

Recuerda el sufrimiento no sólo por los dolorosos tratamientos sino las lágrimas de sus papás y la discriminación de algunas personas al saber de su enfermedad aún cuando no es contagiosa.

Los días de andar con gorra para cubrir su cabeza calva por los efectos de la quimioterapia quedaron atrás, este apopense de 21 años piensa ingresar el otro año a un seminario para ser sacerdote.

Otro ejemplo palpable es Carlos León, de 16, locutor de la radio cristiana “Una Voz que clama en el desierto”, quien recuerda la tristeza y los problemas económicos que vinieron cuando se determinó su mal a los nueve.

Un testimonio más es Mariana Ayala, de 12, su madre Marta de Ayala comenta que las donaciones de las personas dan frutos. “Sin la ayuda mi hija hubiera muerto, porque no teníamos dinero para costear la medicina tan cara” finaliza.

Si bien éstos son los trofeos de las batallas ganadas, hay muchas más por eso se deben incrementar esfuerzos para salvar más vidas.

Una Escuela para el continente
- Desde hace cuatro años funciona en el país la Escuela Internacional de Enfermería Oncológica, para enfermeras de América Latina.
- La capacitación tiene una duración de tres
meses y se centra en el cuido de los niños con cualquier tipo de cáncer.
- Las clases son
supervisadas por la Asociación de Enfermería Oncológica Pediátrica Americana.
- Hasta 2003, este centro ha capacitado 131 profesionales de
toda la región.
- El personal extranjero se aloja en la Sociedad de Profesionales en Enfermería (Sodeproe) durante el tiempo que duran las clases.
- En septiembre pasado 23 enfermeras iniciaron su preparación en esta rama de la medicina.
- De Latinoamérica y el Caribe sólo Argentina y Cuba aún no envían
personal para
capacitarse en el país.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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