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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Bien sabemos que el país necesita
capacitar a sus jóvenes, tecnificar su fuerza laboral, volver más
competitiva su producción, generar fuentes de trabajo. Aunque hay
distintas maneras de lograr esos objetivos, no hay mucho qué inventar.
Lo importante es conseguir eficiencia en la formación de la gente,
combatir los despilfarros y buscar formas más prácticas
de alcanzar lo que se desea.
La mala noticia es que prácticamente todos los centros de formación
superior no ofrecen la diversidad de carreras técnicas que se acoplen
a las exigencias del mundo de la producción, concentrándose
en los viejos oficios: ingeniería, abogacía, medicina, farmacia,
comunicaciones. El problema es lo restringido, estrecho, del mercado para
esas profesiones, cuando por otra parte hay una gran carencia y las consiguientes
oportunidades para muchísimos otros técnicos en una amplia
diversidad de campos.
Hay además otra explicación de lo que sucede: no hay profesores
para enseñar tecnologías punta, mientras es tan fácil
conseguir maistros en las carreras tradicionales. La mayoría
de los profesores de universidad lee unos cuantos textos y va a las aulas
a repetirlos, sin aportar ni nuevas experiencias ni menos ideas frescas.
En la UES la situación es peor, pues trafican en doctrinas muertas.
Hasta donde sabemos, ningún centro de educación universitaria
mantiene vínculos estrechos con empresas o sectores profesionales
no académicos. Lo que es peor es la actitud que hay en algunos:
las empresas primordialmente buscan explotar a su personal
y en su mayor parte son culpables de la pobreza imperante. La idea es
expuesta en sus publicaciones, en lo que declaran y en las causas que
promueven. Siendo así, nadie espera que las autoridades de uno
de esos centros vayan a acercarse a las empresas, o inclusive al gobierno,
para averiguar cuáles son las ocupaciones y los conocimientos que
más demanda o futuro tienen.
Estafan jóvenes, familias y sociedad
El método que se emplea en el primer y segundo mundos para capacitar
técnicos y científicos consiste, a grandes rasgos, en preparar
a los estudiantes con una medida de rigor en las ciencias básicas
y en especial en matemáticas, para luego, adentrándose en
las carreras, brindarles los conocimientos especializados. Esto último
se hace a través de seminarios, en programas de investigación,
en intercambios con otras universidades y en esfuerzos mancomunados con
empresas donde esas tecnologías se aplican. En algunos países
la preparación en determinadas disciplinas se centra en un número
de universidades, no en todas. El desarrollo que ha tenido la India en
programación se basa en tales enfoques, como lo demuestra el hecho
de que la mayoría de empresas que se dedica a ello están
alrededor de la ciudad de Bangalore.
No hacerlo, continuar enseñando carreras de poco e incierto futuro,
es un engaño para estudiantes, padres de familia y la sociedad
entera. Peor cuando en vez de hacer de ellos buenos profesionales aun
en las carreras de siempre, los oficios académicos,
se les envenena y se les confunde, convirtiéndolos en carne de
cañón de doctrinas y movimientos políticos. La población
salvadoreña gasta enormes cantidades de dinero en sostener la universidad
estatal, sin obtener a cambio los frutos debidos, o más bien, recibiendo
graduados que sólo con dificultad se desempeñan en su vida.
Tal estado de cosas no puede seguir.

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