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Una mirada de fe
La venerada imagen de la Virgen de la Paz

La crisis de valores que afecta a la sociedad impide la sana proyección hacia el futuro. Todos, la familia, las instituciones y las fuerzas vivas de la nación, debemos convertirnos en artesanos de la paz.

Publicada 21 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Oscar Rodríguez Blanco s. d.b.*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El 10 de octubre de 1966, Su Santidad Pablo VI proclamó a la Virgen de la Paz Patrona Principal de El Salvador a solicitud de la Conferencia Episcopal, estableciendo al mismo tiempo, que el 21 de noviembre se celebrara oficialmente su fiesta.

La venerada imagen tiene su sede principal en la Catedral de San Miguel, ya que desde 1920 el Papa Benedicto XV la declaró Patrona de la Ciudad y de la Diócesis, permitiendo que fuera coronada con corona de oro. Las famosas fiestas migueleñas en honor de su Patrona son muy antiguas y están unidas al hallazgo de la venerada imagen en el año de 1682.

Según la tradición, unos comerciantes que caminaban por la orilla del Mar del Sur, en El Salvador, encontraron una misteriosa caja abandonada en la playa que no lograron abrir. Esta caja provenía seguramente de una emboscada hecha a una nave de piratas que, por ambición, habían llegado a las costas en busca de riquezas.

Entre los desechos de aquella embarcación saqueada y destruida por los corsarios se encontraba la caja de madera de la que no se sabe cuál era su destino final. Dios quiso que la preciosa carga no se perdiera y fuera arrastrada por las olas hasta la orilla de la playa.

Fue llevada por los mercaderes a lomo de una burrita hasta la ciudad de San Miguel, adonde llegaron el 21 de noviembre. La burrita, al arribar a su destino, se echó en plena plaza pública frente a la iglesia parroquial, donde hoy día se encuentra la imponente Catedral.

Se procedió a abrirla y la sorpresa fue que en su interior se encontraba la preciosa imagen de una virgen con un niño en sus brazos.

Eran tiempos muy difíciles para los migueleños, pues estaban pasando por gravísimos problemas de intrigas y discordias internas entre ellos. Este hallazgo fue como un mensaje de Dios, pues los habitantes depusieron sus rencores y pleitos fratricidas y se estableció la paz entre ellos.

La Virgen Madre quería ver a sus hijos migueleños viviendo en paz. A esta imagen se le dio el nombre de “Virgen de la Paz”, y es con esta advocación, con la que se venera en toda la nación, y en forma muy especial, en San Miguel.

La especial intercesión de la Virgen no se ha hecho esperar en los momentos más difíciles de la historia del pueblo salvadoreño, que ha profesado siempre una inquebrantable fe en Dios y en su madre María.

Para el pueblo católico la devoción a la Santísima Virgen, en cualesquiera de sus advocaciones, ha sido siempre un elemento intrínseco de su culto cristiano con el que se cumplen las palabras del evangelio: “todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc.1, 48). Sabemos que el culto que se le tributa es de veneración, muy distinto al culto de adoración que sólo se da a Dios como Señor absoluto de la historia. Son palpables las intervenciones marianas en favor del pueblo en sus más variadas circunstancias.

Cuando los habitantes de San Miguel se vieron amenazados por la erupción del volcán Chaparrastique, que podía destruir la ciudad con la lava ardiente, ellos pusieron su fe en Dios y en la poderosa intercesión de su patrona, la Virgen de la Paz, cuya imagen sacaron a la puerta principal de la Catedral.

En ese preciso momento, la corriente de lava cambió de rumbo y se alejó de la ciudad. Dice la tradición que ese día, el 21 de septiembre de 1787, todos vieron en el cielo una especie de palma blanca que parecía salir del cráter del volcán, y es por eso que la Virgen lleva en sus manos una hoja de palma de oro, en memoria de su intercesión.

Reconocemos la inquebrantable fe del pueblo católico, que siempre ha confiado en Dios y en su Santa Madre, pero también reconocemos que es necesario reavivar esa fe en las circunstancias que vivimos actualmente. Necesitamos la poderosa intercesión de la Virgen para que toda la nación pueda vivir en paz y en reconciliación.

Existen situaciones que amenazan de manera continua la paz y la armonía entre los salvadoreños. Hay quienes han hecho de la violencia su propia cultura, su estilo de vida, la violencia se ha hecho presente en muchos hogares en donde los hijos son maltratados y en donde los esposos no son capaces de dialogar para resolver pacíficamente sus diferencias; hay violencia en las calles, agresiones físicas, irresponsabilidad en las carreteras, intimidación a ciudadanos, etc. Todo esto quita la paz y la armonía ciudadana.

La crisis de valores que afecta a la sociedad impide la sana proyección al futuro. Todos, la familia, las instituciones y las fuerzas vivas de la nación, debemos convertirnos en artesanos de la paz y en forjadores de valores morales y religiosos que nos conduzcan a vivir en armonía. Necesitamos recurrir con confianza a Dios y a la poderosa intercesión de la Virgen, a quien los salvadoreño invocan como la Reina de la Paz.

* Párroco de la iglesia de María Auxiliadora (Don Rúa) osrobla@hotmail.com

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