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La nota del día
No hay desarrollo sin beneficio social

Suponer que hay desarrollo que no beneficia a la gente, equivale a creer que las empresas que lo lograron se mantuvieron esos años “espléndidamente aisladas”

Publicada 21 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Que en los quince años previos a la agresión comunista El Salvador logró crecimiento económico pero sin beneficiar a las mayorías poblacionales se dijo en una entrevista televisada, tesis con la que estamos en absoluto desacuerdo. Hay raros casos en que esto puede ocurrir, como cuando un país incrementa sus exportaciones de petróleo (Venezuela, en la actualidad), pero nunca en un sistema de trabajo basado en la libertad de mercado.

Como es usual, a lo expuesto se agregó la trillada frase: “los pobres empeoraron en su condición”. Es decir “hubo crecimiento económico” pero sin que la gente mejorara. Quien primero salió con eso, hace siglo y medio, fue Carlos Marx; la imparable pauperización “del proletariado” es el planteamiento básico de “El Capital”. No hay socialista, comunista, tonto útil o compañero de viaje que no repita el estribillo. Lo hacen para demostrar su gran “sensibilidad social”, lo mucho que sangra su corazón por el gran drama de los “desposeídos”. Que luego los sensibleros le entraron a sangre y fuego al país, arrasando con lo que a costa de enormes sacrificios se había construido, no les preocupa en lo más mínimo.

Asombrosa lógica: el desarrollo económico “no benefició a las masas”, pero la agresión comunista les aprovechó.

Hay más con esto del desarrollo económico. Las empresas que prosperan, las grandes empresas, siempre dependen de grandes masas de consumidores. No se construye un centro de mercadeo, se fabrica ropa, se elaboran muebles de oficina, se cosecha arroz o se cultiva café, sin que eso vaya destinado a servir las necesidades y los deseos de muchísimos consumidores. Pero además, para fabricar, vender, servir, distribuir, sembrar, cosechar y todo lo que se relaciona con el mundo del trabajo, es imprescindible emplear a muchísima gente. Y tanto hace treinta años como hoy en día, entre el sesenta y cinco y el ochenta por ciento de los ingresos de las empresas se destina al pago de salarios y prestaciones. No existe negocio que opere bajo la ley, que no mejore la situación de otros.

¿Trabajaban en total aislamiento?


Las empresas no trabajan en un vacío, aisladas. Todo lo que se fabrica, se vende, se permuta, se transporta y se sirve, es parte de una enorme cadena de producción. No hay actividad económica que no involucre hasta el último habitante de un país. Tomemos como ejemplo los pollos congelados que se compran en los supermercados. Hay que alimentarlos (con granos que se producen a lo largo y ancho del territorio), acarrearlos, vacunarlos, criarlos en galpones, congelarlos, empacarlos, llevarlos a las tiendas, venderlos, etc. Si se fabrican muebles, las cadenas de productores y gente que intervienen son también enormes, aunque cada uno contribuya “con un poquito”.

A menos que se trate de Robinson Crusoe, nadie puede vivir aisladamente: requiere de la ayuda, los apoyos, el trabajo y la compañía de otros. Suponer que hay desarrollo que no beneficia a la gente, equivale a creer que las empresas que lo lograron se mantuvieron esos años “espléndidamente aisladas”. Lo inexplicable es como hacían para que sus empleados y ejecutivos no salieran a comprar aunque fuera a la tienda de la esquina, o visitaran médicos, o mandaran a sus hijos al colegio, o tomaran un autobús, o ahorraran en un banco.

 

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