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Desborde de pasiones

Los bares se llenaron más con el Barca-Madrid que con el Panamá-El Salvador. El color azulgrana lució más en los locales que aceptaban ambas barras.

Publicada 21 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Se sacó toda la frustración
Después de una triste semana en el fútbol nacional, los aficionados del Barcelona celebraron a lo grande la victoria sobre el Real Madrid en La Media Cancha. Foto EDH

César Najarro/William Alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com


Sobre la Juan Pablo, 10 minutos antes del partido, los aficionados corrían a los bares cercanos para encontrar alguna silla vacía.

El plato estaba servido y el Barcelona le puso la salsa y las cervezas.

Los del Real Madrid quizás ya sabían que se venía una derrota, porque eran menos los que vestían las camisetas de Ronaldo o Beckham en los bares, que las azulgranas.

En la Media Cancha, atrás del Camino Real Intercontinental, las barras se mezclaron.

Violencia al final
Un seudoaficionado del Madrid se agarró a golpes para robarse una bandera rival. Foto EDH

Segundos antes del inicio del partido, un valiente blanco saltaba y sonreía mientras la gran mayoría, del Barca, le silvaba y puteaba.

Cada vez que Ronaldinho hacía una finta, un quiebre de cintura y se perfilaba hacia el ataque, los aplausos aparecían entre la multitud, todo lo contrario a lo que pasó con la Selección ante Panamá, donde la mayoría de bares estaban vacíos.

Apareció Eto’o al 28’ con una viveza sobre Roberto Carlos para el 1-0 y los gritos sonaron a más no poder, los que vestían de blanco sufrían en silencio mientras eran bañados en cerveza por la afición rival.

En la cara del rival
Una seguidora del Barca festeja frente a Waldo’s. La escena se repitió 4 veces. Foto EDH

Cerca de ahí, la situación era totalmente opuesta. En el restaurante Waldo’s no había vida.

Estaba repleto de tristeza, y sólo un hombre celebraba la victoria del Barcelona.

Eso le costó caro. Cajas de cigarros, comida, servilletas, cerveza e insultos tuvo que soportar, pero el hombre siguió disfrutando del partido, como si no fuera con él la cosa.

El 2-0 llegó y las caras largas en los blancos ya no podían ocultarse entre los embases vacíos de cerveza y las bocas.

Los cánticos del Barca se escuchaban desde el bar de la par, el Monoloco, declarado zona azulgrana.

“Ayudanos Señor”
José González se resigna a la derrota del Madrid. Su amigo Jorge Serna la disfruta. Foto EDH

Para el 3-0 era todo un estallido de emociones, y con golpes a las paredes que dividían a los bares les recordaban a los del Madrid la derrota.

Algunos no soportaron la humillación y prefirienron retirarse cuando restaba un cuarto de hora.

A falta de unos minutos del final, las puertas de ambos lugares fueron cerradas para evitar problemas, pero la medida no resultó del todo.

Aficionados de ambos equipos aparecieron de otros bares y comenzaron a putearse mutuamente.

Personal de Comandos de Salvamento colaboraban para dirigir el tráfico, pero seguidores del Barcelona se pusieron enfrente de Waldo’s a echarles en cara la goleada y evitaban el libre paso de los vehículos.

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Volaron los puñetazos y los embases de cervezas. La calle de pronto se convirtió en zona azulgrana para alzar las banderas y celebrar, pero no faltaba quienes volvían a buscar pleito.

El sismo que estremeció San Salvador no fue percibido por la gran cantidad de aficionados en la mayoría de bares.

La gente reunida en El Sopón de Zacamil, en Waldo’s y Monoloco jamás fue alertada del movimiento telúrico. El temblor era otro, de gritos y lágrimas.

En el Centro Español, un reducido número de hinchas que sí sintieron el sismo hablaban al respecto.

Balbino Aylagas fue advertido por su padre español del fenómeno. Después se acomodó de nuevo la bincha y regresó frente al televisor.

La ironía sobre el duelo del Barça-Madrid tocó fondo frente a La Cancha de Cuca donde un carro lucía una camisola de la selecta hacía abajo.

Al fin se encontró un poco de consuelo a las decepciones del seleccionado con el triunfo de los catalanes, no así los madridistas que todavía continúan lamentando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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