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Se sacó toda la frustración
Después de una triste semana en el fútbol nacional,
los aficionados del Barcelona celebraron a lo grande la victoria sobre
el Real Madrid en La Media Cancha. Foto EDH |
César
Najarro/William Alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Sobre la Juan Pablo, 10 minutos antes del partido, los aficionados corrían
a los bares cercanos para encontrar alguna silla vacía.
El plato estaba servido y el Barcelona le puso la salsa y las cervezas.
Los del Real Madrid quizás ya sabían que se venía
una derrota, porque eran menos los que vestían las camisetas de
Ronaldo o Beckham en los bares, que las azulgranas.
En la Media Cancha, atrás del Camino Real Intercontinental, las
barras se mezclaron.
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Violencia al final
Un seudoaficionado del Madrid se agarró a golpes para robarse
una bandera rival. Foto EDH |
Segundos antes del inicio del partido, un valiente blanco saltaba y sonreía
mientras la gran mayoría, del Barca, le silvaba y puteaba.
Cada vez que Ronaldinho hacía una finta, un quiebre de cintura
y se perfilaba hacia el ataque, los aplausos aparecían entre la
multitud, todo lo contrario a lo que pasó con la Selección
ante Panamá, donde la mayoría de bares estaban vacíos.
Apareció Etoo al 28 con una viveza sobre Roberto Carlos
para el 1-0 y los gritos sonaron a más no poder, los que vestían
de blanco sufrían en silencio mientras eran bañados en cerveza
por la afición rival.
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En la cara del rival
Una seguidora del Barca festeja frente a Waldos. La escena se
repitió 4 veces. Foto EDH |
Cerca de ahí, la situación era totalmente opuesta. En el
restaurante Waldos no había vida.
Estaba repleto de tristeza, y sólo un hombre celebraba la victoria
del Barcelona.
Eso le costó caro. Cajas de cigarros, comida, servilletas, cerveza
e insultos tuvo que soportar, pero el hombre siguió disfrutando
del partido, como si no fuera con él la cosa.
El 2-0 llegó y las caras largas en los blancos ya no podían
ocultarse entre los embases vacíos de cerveza y las bocas.
Los cánticos del Barca se escuchaban desde el bar de la par, el
Monoloco, declarado zona azulgrana.
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Ayudanos Señor
José González se resigna a la derrota del Madrid. Su
amigo Jorge Serna la disfruta. Foto EDH |
Para el 3-0 era todo un estallido de emociones, y con golpes a las paredes
que dividían a los bares les recordaban a los del Madrid la derrota.
Algunos no soportaron la humillación y prefirienron retirarse cuando
restaba un cuarto de hora.
A falta de unos minutos del final, las puertas de ambos lugares fueron
cerradas para evitar problemas, pero la medida no resultó del todo.
Aficionados de ambos equipos aparecieron de otros bares y comenzaron a
putearse mutuamente.
Personal de Comandos de Salvamento colaboraban para dirigir el tráfico,
pero seguidores del Barcelona se pusieron enfrente de Waldos a echarles
en cara la goleada y evitaban el libre paso de los vehículos.
Volaron los puñetazos y los embases de cervezas. La calle de pronto
se convirtió en zona azulgrana para alzar las banderas y celebrar,
pero no faltaba quienes volvían a buscar pleito.
El sismo que estremeció San Salvador no fue percibido por la gran
cantidad de aficionados en la mayoría de bares.
La gente reunida en El Sopón de Zacamil, en Waldos y Monoloco
jamás fue alertada del movimiento telúrico. El temblor era
otro, de gritos y lágrimas.
En el Centro Español, un reducido número de hinchas que
sí sintieron el sismo hablaban al respecto.
Balbino Aylagas fue advertido por su padre español del fenómeno.
Después se acomodó de nuevo la bincha y regresó frente
al televisor.
La ironía sobre el duelo del Barça-Madrid tocó fondo
frente a La Cancha de Cuca donde un carro lucía una camisola de
la selecta hacía abajo.
Al fin se encontró un poco de consuelo a las decepciones del seleccionado
con el triunfo de los catalanes, no así los madridistas que todavía
continúan lamentando.

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