 |
| Recelo. Los ciudadanos reiteran que desconfían
de la seguridad pública del país vecino.Foto
EDH |
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La pasividad de la policía cuando recibe las denuncias de los atracos
es lo que termina de golpear a las víctimas, según declaran
a El Diario de Hoy. Estos son los relatos que han enviado algunos de ellos
sin que querer que se les identifique por temor a represalias.
Pasó tres veces la experiencia
Tres veces han asaltado el camión de la empresa en Guatemala. La
más reciente fue así:
El camión viene cargado desde Guatemala, con el chofer solamente.
Es jueves 9 de septiembre de 2004. Son las 4:30 p.m. Cerca de la Laguna
del Pino, un pick up gris, con cuatro personas, obliga al camión
a detenerse.
Los cuatro muestran claramente sus rostros, rondan los 25 años
de edad.
La carga no les interesa por ser papelería impresa. Le roban efectivo,
un anillo y el celular al motorista. Es afortunado, porque los maltratos
sólo son de palabra. Nunca se informó a las autoridades
por la misma situación que corre de boca en boca: son las autoridades
las involucradas.
Luis Alberto Amaya Ramírez
PolicÍas corruptos
Cerca de la frontera de Tecún Umán, nos salieron unos policías
en moto. Nos pidieron los papeles, pero como uno no lleva el sello, porque
no se lo ponen en la frontera, nos pidieron dinero. Uno anda poco. Entonces
ellos dicen que nos van llevar detenidos o que nos van a regresar. A unos
12 extranjeros les bajaron y les quitaron más de 5 mil quetzales.
Anónimo
Luché con ellos
Fue en 1992, cuando iba a la capital, tipo seis de la tarde. A unos 15
kilómetros, cuando iba con mis hijos, un vehículo iba adelante
de mí y no dejaba que lo sobrepasara. De repente, cuando íbamos
por unas curvas, nos atravesaron el pick up y nos salieron cinco sujetos
con armas de fuego. Al ver eso, luché con ellos para poder quitarles
el arma. Pero al final nos amarraron a mí, a mis dos hijos y mi
esposa en una colina. Lo hicieron igual que lo hacen las autoridades.
Como a la una de la mañana pudimos salir del lugar, cuando los
ladrones se habían ido. Nos robaron unos 17 mil colones, dos guitarras
y una videograbadora, porque íbamos a un concierto a la capital.
Nosotros seguimos nuestro camino y encontramos a unos policías
y les informamos de lo que nos había sucedido, sin embargo, no
le prestaron importancia. Cuando llegamos a la capital, al lugar al que
nos dirigíamos, le enseñamos a un oficial el tipo de tiros
que los delincuentes habían usado, y nos aseguraron que era el
tipo de balas de la policía.
Anónimo
La autoridad no hace caso
La primera vez, no fui yo el afectado, fue mi padre. Él iba conduciendo
en la carretera que está después de la frontera cuando un
carro que iba a alta velocidad se le puso a la par. Con metralletas le
hicieron señales a mi papá para que parara. Como mi padre
no detuvo la marcha, dispararon contra él. Gracias a Dios, ninguna
bala impactó en su cuerpo, pero sí en el carro. Mi papá,
al ver esto, se detuvo. Él iba a dejar una mercadería a
Guatemala, mucha de la cual no era ni de él. Le golpearon y le
robaron todito. La muy efectiva policía guatemalteca se quedó
de brazos cruzados.
La segunda vez que nos quisieron asaltar, yo iba con mi papá en
el carro. Luego de avanzar por unos 20 minutos después de haber
pasado la frontera, mi papá vio (por el retrovisor) que un carro
salió de la nada, me dijo: Mirá, Diego,
ponete el cinturón que los que vienen atrás son maleantes.
Yo, como nunca había sido afectado, no lo creí, sin embargo,
comencé a ver cómo mi papá aceleraba y aceleraba,
y los del carro, que venían con luces altas, cada vez estaban más
cerca. Nunca había visto conducir a mi papá tan rápido,
íbamos a unos 180 km/h y los del carro atrás cada vez estaban
más cerca. En una curva cerrada, mi papá apago el carro
(sin disminuir velocidad), y se metió por una vereda. No pasaron
ni cinco segundos cuando vimos pasar un pick up a alta velocidad. Definitivamente
nos venían siguiendo. Gracias a Dios, nos salvamos de ésa.
Diego Miranda
Querían matar
Íbamos en una excursión a Tikal, cerca de 40 personas, entre
adultos y niños. Se nos atravesó un pick up con unos seis
hombres, uno tomó el mando del bus y manejó como media hora.
Metieron el bus a una calle pavimentada, nos golpearon y nos tiraron al
suelo. Uno de ellos decía que tenía ganas de matar a alguien.
A mi esposo también le dieron patadas. Registraron el equipaje
y se llevaron celulares, cámaras de foto y joyas, pero sólo
de oro. Nos dijeron que después de dos horas nos podíamos
ir, que iban a dejar a alguien vigilando y si veían el bus, no
les importaría que lleváramos niños, porque nos matarían
a todos. Uno de ellos se comunicaba con alguien por celular. En la frontera
les dijimos a unos policías, pero ni siquiera nos volvieron a ver.
Yo no sé por qué la gente va a Guatemala, yo nunca pienso
volver.
Anónimo

|