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Asaltados denuncian pasividad de policía

Anomalías. Afectados afirman que le han restado importancia a sus quejas cuando denuncian atracos en la carretera a Guatemala. Otro afirma que los agentes le pidieron dinero por falta de un sello.

Publicada 20 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Recelo. Los ciudadanos reiteran que desconfían de la seguridad pública del país vecino.Foto EDH

El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

La pasividad de la policía cuando recibe las denuncias de los atracos es lo que termina de golpear a las víctimas, según declaran a El Diario de Hoy. Estos son los relatos que han enviado algunos de ellos sin que querer que se les identifique por temor a represalias.
Pasó tres veces la experiencia

Tres veces han asaltado el camión de la empresa en Guatemala. La más reciente fue así:
El camión viene cargado desde Guatemala, con el chofer solamente. Es jueves 9 de septiembre de 2004. Son las 4:30 p.m. Cerca de la Laguna del Pino, un pick up gris, con cuatro personas, obliga al camión a detenerse.

Los cuatro muestran claramente sus rostros, rondan los 25 años de edad.
La carga no les interesa por ser papelería impresa. Le roban efectivo, un anillo y el celular al motorista. Es afortunado, porque los maltratos sólo son de palabra. Nunca se informó a las autoridades por la misma situación que corre de boca en boca: son las autoridades las involucradas.

Luis Alberto Amaya Ramírez
PolicÍas corruptos

Cerca de la frontera de Tecún Umán, nos salieron unos policías en moto. Nos pidieron los papeles, pero como uno no lleva el sello, porque no se lo ponen en la frontera, nos pidieron dinero. Uno anda poco. Entonces ellos dicen que nos van llevar detenidos o que nos van a regresar. A unos 12 extranjeros les bajaron y les quitaron más de 5 mil quetzales.

Anónimo
“Luché con ellos”

Fue en 1992, cuando iba a la capital, tipo seis de la tarde. A unos 15 kilómetros, cuando iba con mis hijos, un vehículo iba adelante de mí y no dejaba que lo sobrepasara. De repente, cuando íbamos por unas curvas, nos atravesaron el pick up y nos salieron cinco sujetos con armas de fuego. Al ver eso, luché con ellos para poder quitarles el arma. Pero al final nos amarraron a mí, a mis dos hijos y mi esposa en una colina. Lo hicieron igual que lo hacen las autoridades. Como a la una de la mañana pudimos salir del lugar, cuando los ladrones se habían ido. Nos robaron unos 17 mil colones, dos guitarras y una videograbadora, porque íbamos a un concierto a la capital. Nosotros seguimos nuestro camino y encontramos a unos policías y les informamos de lo que nos había sucedido, sin embargo, no le prestaron importancia. Cuando llegamos a la capital, al lugar al que nos dirigíamos, le enseñamos a un oficial el tipo de tiros que los delincuentes habían usado, y nos aseguraron que era el tipo de balas de la policía.

Anónimo
La autoridad no hace caso

La primera vez, no fui yo el afectado, fue mi padre. Él iba conduciendo en la carretera que está después de la frontera cuando un carro que iba a alta velocidad se le puso a la par. Con metralletas le hicieron señales a mi papá para que parara. Como mi padre no detuvo la marcha, dispararon contra él. Gracias a Dios, ninguna bala impactó en su cuerpo, pero sí en el carro. Mi papá, al ver esto, se detuvo. Él iba a dejar una mercadería a Guatemala, mucha de la cual no era ni de él. Le golpearon y le robaron todito. La muy efectiva policía guatemalteca se quedó de brazos cruzados.

La segunda vez que nos quisieron asaltar, yo iba con mi papá en el carro. Luego de avanzar por unos 20 minutos después de haber pasado la frontera, mi papá vio (por el retrovisor) que un carro salió de la “nada”, me dijo: “Mirá, Diego, ponete el cinturón que los que vienen atrás son maleantes”. Yo, como nunca había sido afectado, no lo creí, sin embargo, comencé a ver cómo mi papá aceleraba y aceleraba, y los del carro, que venían con luces altas, cada vez estaban más cerca. Nunca había visto conducir a mi papá tan rápido, íbamos a unos 180 km/h y los del carro atrás cada vez estaban más cerca. En una curva cerrada, mi papá apago el carro (sin disminuir velocidad), y se metió por una vereda. No pasaron ni cinco segundos cuando vimos pasar un pick up a alta velocidad. Definitivamente nos venían siguiendo. Gracias a Dios, nos salvamos de ésa.

Diego Miranda
Querían matar

Íbamos en una excursión a Tikal, cerca de 40 personas, entre adultos y niños. Se nos atravesó un pick up con unos seis hombres, uno tomó el mando del bus y manejó como media hora. Metieron el bus a una calle pavimentada, nos golpearon y nos tiraron al suelo. Uno de ellos decía que tenía ganas de matar a alguien. A mi esposo también le dieron patadas. Registraron el equipaje y se llevaron celulares, cámaras de foto y joyas, pero sólo de oro. Nos dijeron que después de dos horas nos podíamos ir, que iban a dejar a alguien vigilando y si veían el bus, no les importaría que lleváramos niños, porque nos matarían a todos. Uno de ellos se comunicaba con alguien por celular. En la frontera les dijimos a unos policías, pero ni siquiera nos volvieron a ver. Yo no sé por qué la gente va a Guatemala, yo nunca pienso volver.
Anónimo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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