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Comentario de la semana
Razones para el optimismo

No desea quien esto escribe pecar de sobre optimista, pero entre la óptica del vaso medio lleno y el del medio vacío, pues sin lugar a duda me quedo con el medio lleno. Se siente, además, la claridad del rumbo que necesita el país.

Publicada 20 de noviembre 2004, El Diario de Hoy



Eduardo Torres
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com

Algo positivo está sucediendo en El Salvador, más allá, por supuesto, de que, a gran velocidad, nos acercamos a la Navidad y el Año Nuevo, para vivir intensamente la época más linda del año: la de la conmemoración del nacimiento del Niño Jesús y el fin del año calendario.

La positiva agenda empresarial, que tiende más a consolidarse año con año, tras la realización de los Encuentros Nacionales de Empresarios (Enade), va en total sintonía con lo que el país requiere. Para muestra un botón: visión conjunta en los temas estratégicos de nación; responsabilidad social empresarial como concepción integral de negocios, que vaya dejando atrás la filantropía e iniciar de una vez el permanente esfuerzo, de largo aliento, de diálogo social, fue la temática desarrollada hace diez días durante el Quinto Enade.

Las cuantiosas inversiones realizadas por prestigiosos grupos empresariales con apuestas claras, de largo plazo, al desarrollo económico de El Salvador en particular y, en general, al de la región centroamericana, hacen lucir ya como ciudad de primer mundo el corredor entre la Colonia San Benito, Merliot y la carretera hacia Santa Tecla.

El renacer de la esperanza de una pronta aprobación del TLC con los Estados Unidos, tras la reelección del Presidente George W. Bush, es otro hecho muy positivo —su contendiente, el senador John Kerry, había dicho que “revisaría” el texto aprobado— que mucho habrá de contribuir en donde más se necesita: en la generación de puestos de trabajo. Porque, ¡vaya que dignifica al ser humano la prestación del trabajo honrado!, de cualquier tipo que sea toda vez que sea honrado.

Pero para dar fe de que no sólo es “allá arriba” donde El Salvador va cambiando su fisonomía, quien esto escribe, por razones eminentemente profesionales, ha andado a lo largo y ancho del territorio nacional durante el último año y medio. Lindo luce el país. La única carretera de polvo, no muy bien balastrada, encontrada durante este año ha sido en el trayecto Ilobasco-Presa 5 de Noviembre. El año pasado, a punto de iniciar la pavimentación, es decir de polvo pero impecablemente balastrada, se encontraba la ruta La Unión-Santa Rosa de Lima.

Para quienes duden de lo linda y cambiante —hacia la modernización— que luce la nueva fisonomía nacional, los invito a que se den una vuelta por “La Chulona” ya sea hacia Chalate, o hacia oriente u occidente. Muchas son las necesidades que como país tenemos, pero que vamos mejorando, pues de ello no cabe ninguna duda. El punto es darle sentido y esperanza a las necesidades más sentidas de la gente. El tema es que cada padre pueda llegar a sentir que con su dedicación y esfuerzo, nuestros hijos habrán de tener mayores oportunidades de las que nosotros tuvimos y que nuestros nietos nacerán y crecerán en un país estable, claramente enrumbado hacia el desarrollo.

En ese sentido, aunque en diferente línea de pensamiento —la democracia de por sí estimula el disenso—, no se puede menos que ver con simpatía el nuevo esfuerzo político iniciado públicamente el fin de semana anterior. Siendo para mí la polarización política el principal problema que tiene el país, del cual se derivan muchos de los principales males que padecemos, pues no queda más que desear suerte a todo esfuerzo despolarizante, democrático, que surja con visión de país.

Mi sueño a nivel personal, habiendo vivido como todos los de mi generación la vorágine de la guerra, es llegar a ver un El Salvador donde sean matices las diferencias —como en Chile, para no ir al mundo desarrollado—, en sustitución de la desfasada y oprobiosa lucha entre sistemas.

La buena noticia, me parece a mí, es que hemos venido haciendo lo que hay que hacer aún en las situaciones más adversas, léase la guerra, la reconstrucción nacional, los desastres naturales y los ciclos recesivos de la economía mundial. Ciertamente, la tarea es de todos, porque a todos nos pertenece El Salvador.

Hay razones para el optimismo. No desea quien esto escribe pecar de sobre optimista, pero definitivamente entre la óptica del vaso medio lleno y el del medio vacío, pues sin lugar a duda me quedo con el medio lleno.

Se siente, además, la claridad del rumbo que necesita el país.
Obviamente que habrá de ayudarnos, el nuevo ciclo positivo de la economía mundial. ¡Así sea!

* Licenciado en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.


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