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Afinamiento fiscal: un buen inicio

Los buenos salvadoreños, los verdaderos ciudadanos, los eficaces empresarios deberán contribuir con creatividad, con tecnología y con los impuestos que les corresponden, para hacer un país competitivo y viable.

Publicada 20 de noviembre 2004, El Diario de Hoy



Rafael Rodríguez Loucel
El Diario de Hoy

rloucel@utec.edu.sv

La Asamblea Legislativa aprobó una serie de reformas fiscales y penales que buscan combatir la evasión fiscal y el contrabando, con el objeto de garantizar el exacto cumplimiento de las obligaciones tributarias e intentar incrementar de esa manera la recaudación de los impuestos que le corresponde a cada quien, por ley, de acuerdo con su capacidad de pago.

Se busca que la tributación teórica se vuelva efectiva y evite la evasión y la elusión fiscal, es algo de lo que por mucho tiempo se ha intentado, pero que al no implementarse se ha convertido en simples enunciados demagógicos, para distraer la atención y diferir medidas que resuelvan o, al menos, alivien el déficit fiscal.

Elías Antonio Saca y su gabinete de gobierno han mostrado voluntad política de hacer las cosas que corresponde hacer y han empezado ejecutando, a semejanza de un motor, un afinado, las cuentas fiscales como estrategia de urgencia y de ablandamiento; quizá más tarde vendrá un ajuste que no sólo tenga como meta una reducción del déficit fiscal, sino también una carga tributaria que facilite el crecimiento económico con equidad e importante beneficio social; en pocas palabras un objetivo que trascienda el equilibrio presupuestario e incursione en auténtica política fiscal orientada a la búsqueda del desarrollo.

En un país con abundantes necesidades y escasos recursos se tendrá que aspirar a una reforma fiscal en el sentido integral de la palabra. Percibo en el actual gobierno la intención de darle a la política fiscal su verdadero significado, utilizando la tributación y el gasto gubernamental como herramientas de distribución de ingreso y, por ende, de desarrollo. Para ello se requiere del concurso de todos los actores políticos de la sociedad.

El gobierno deberá ser efectivo en la recaudación y establecer prioridades y austeridad en el gasto gubernamental. Debe haber conciencia en el mismo gobierno que el despilfarro, la corrupción y la utilización de criterios discrecionales, para promover privilegios que desnaturalizan y le restan credibilidad al sistema como un todo. Futuras medidas necesitarán cada vez más de una credibilidad bien cimentada y un amplio consenso.

Y ese llamado de conciencia en una especie de pacto fiscal, en las presentes circunstancia de faltas de reactivación y de pocas alternativas de desarrollo, ha obligado a los dirigentes del Estado a la toma de medidas necesarias y urgentes, como un primero y prudente paso, para solucionar parcialmente el problema de carencia circunstancial de ingresos y evitar la tentación de seguir abusando del endeudamiento público. Algo más se tendrá que hacer para impulsar programas agresivos de inversión social, para aliviar la endémica pobreza, promover el empleo y mejorar las condiciones de vida de millares de salvadoreños.

En un futuro no muy lejano, será inevitable revisar los impuestos directos. Las personas naturales y jurídicas que pregonan la justicia social y la equidad deberán aceptar que los impuestos más adecuados son los directos, que debe existir equidad en los mismos, que el consumo suntuario requiere consideraciones tributarias especiales, que la evasión y elusión fiscales constituyen delitos contra la sociedad.

Los buenos salvadoreños, los verdaderos ciudadanos, los eficaces empresarios deberán contribuir con creatividad, con innovación y tecnología y con los impuestos que les corresponden, para hacer un país competitivo y viable. La construcción de la sociedad del mañana es ahora. Hay que hacer hombro con las decisiones gubernamentales que vayan en la dirección correcta.

Se considera que la reforma fiscal ha comenzado. Medidas más profundas en ese mismo campo y en otros aspectos del quehacer económico requerirán de un pacto fiscal y de una conciencia ciudadana desprovista de todo egoísmo, todo dentro de ese contexto de concertación en el que el mismo Presidente ha prometido actuar y con el cual, supuestamente, todos deseamos contribuir.

El cumplimiento de las promesas sociales requerirán de más recursos estatales, pero también de una buena participación del empresario que se mostró eufórico con el resultado de las elecciones de hace siete meses. Éstos deberán dar muestras de continuar satisfechos, con su decidida responsabilidad social y el estricto cumplimiento de sus obligaciones tributarias.

Lo que será absolutamente necesario es exigir un eficaz manejo de los recursos confiados a los políticos, que accidentalmente se convierten en funcionarios públicos para cultivar la cultura tributaria. Entonces, y sólo hasta entonces podremos afirmar: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
* Lic. en Economía.



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