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Cuidad. En la Escuela Santa Eduviges, de Soyapango, se estrechará
la seguridad. Foto EDH
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Susana Joma
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Pagar por lo menos un vigilante se ha convertido en asunto obligado para
la mayoría de administradores de escuelas públicas, que
quieren evitar que sus equipos y materiales sean hurtados durante las
vacaciones de este fin de año.
La urgencia en esos centros se explica, debido a los constantes saqueos.
De acuerdo a las estadísticas policiales, entre el uno de enero
y el 15 de noviembre de este año, recibieron 438 denuncias de hurtos
en este tipo de instituciones.
El informe de la policía revela
la incidencia en ocho departamentos. Destacan Sonsonate con 44 casos y
Cuscatlán con 40. En el norte de La Libertad se reportaron 35 y
en Usulután 30.
Un
grave azote
-Las denuncias de hurto a centros educativos que ha procesado la Policía
Nacional Civil (PNC), son más frecuentes en
localidades donde hay
un elevado índice de
delincuencia.
-Según los datos provistos por oficina de comunicaciones institucional
de la PNC, detalla los incidentes en los siguientes departamentos:
En Usulután registraron 30 denuncias de hurto en diferentes
instalaciones educativas.
Le sigue La Paz con 28 casos. Y Morazán, con
25 denuncias.
En Santa Ana y Chalatenango se reportaron 23 en cada una de las zonas. |
Para prevenir, el director departamental
de Educación, Ubilfredo Panameño, ha llamado a los directores
y miembros de los Consejos Directivos Escolares para que dejen bien guardados
los bienes de las instituciones.
La sugerencia va en el sentido de que una vez terminen de hacer programaciones
y liquidar los asuntos administrativos, refuercen las puertas de las direcciones
donde quedan los valores.
Sin embargo, en muchas escuelas han ido más allá y han contratado
el servicio de vigilantes, aún a costa de su capacidad económica.
En la comunidad del Centro Escolar Católico Fe y Alegría,
en el municipio de Soyapango, que es privado y brinda servicio educativo
público, el asedio es tal que en los últimos tres años
han tenido que contratar cuatro vigilantes.
Uno es pagado por los padres y según comenta Nora Robles, la hermana
carmelita que dirige el lugar, cada uno aporta un dólar al mes.
Están resignados, pues, los delincuentes ya cargaron con máquinas
de escribir, televisiones, medicinas, libros y materiales usados en las
aulas.
En la Escuela Las Margaritas, del mismo sector, no se quedan atrás.
Tienen tres cuidadores a los que deben pagarles salarios que rondan los
mil 200 colones.
Gracias a que nos asignaron dos maestros interinos, hoy con lo que
les pagábamos vamos a cubrir la vigilancia de noviembre y diciembre,
subraya José Díaz, director del recinto.
A pocas cuadras, en la escuela Santa Eduviges, el guardián ha llevado
un perro de raza para que le ayude a cuidar.
El temor de las comunidades educativas ha aumentado porque han logrado
instalar recursos tecnológicos para mejorar la enseñanza.
Por lo menos es lo que explicó Olga de Mejía, subdirectora
del Centro Escolar Alberto Guerra, de Sonsonate.
Vamos a dejar vigilancia, pero también contamos con el apoyo
de los vecinos. Están bien atentos a cualquier movimiento que ven
cuando no hay clases, explicó por su parte Irsa Araujo, directora
del Centro Escolar San José Gualozo, que funciona en Chirilagua,
San Miguel.
Nos
robaron por esta época
La educadora Gloria Esmeralda Fuentes todavía
resiente el último saqueo que padecieron en el Centro Escolar Antonio
Najarro, porque los bienes que las comunidades pierden difícilmente
se vuelven a recuperar.
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Vulnerable. La Escuela Fe y Alegría fue asaltada varias
veces. Foto EDH
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A nosotros nos robaron el año
pasado por esta época... Se llamó a la policía y
se interpuso la demanda, pero no se hizo nada aunque encontraron al sujeto
con las cosas en la mano. Tampoco hicieron que nos las devolviera,
se quejó.
Ella enumeró los bienes perdidos, desde los libros de primer grado,
una colección completa de álgebras de Baldor, las aritméticas
y los libros para enseñar Inglés a los estudiantes.
Hoy vamos a ver qué medidas tomamos antes de que se marchen
los compañeros, pero procuramos no dejar muchos bienes, asegura
Fuentes.
Por el momento, el Consejo Directivo Escolar ha mandado podar los árboles
que rodean la institución y han colocado alambre en los muros para
evitar que los rateros entren otra vez.
La educadora es tajante al señalar que cuando ocurren problemas
de esta naturaleza, al final los que resultan afectados son los estudiantes
que utilizan esos recursos.
Los directores serán los últimos en abandonar los recintos
educativos, y eso ocurrirá una vez hayan liquidado los bonos que
el Ministerio de Educación provee.

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