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| Un valiente. Cristian Álvarez fue uno
de los pocos que habló a su salida de la terminal aérea.Foto
EDH / Lizette Moreno |
Mario
Posada
El
Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
El Aeropuerto Internacional El Salvador lucía más lleno
que de costumbre. La mayoría de personas esperaban a sus familiares,
los hermanos lejanos, que vienen al país a pasar las
festividades de fin de año.
Un policía que controlaba el tráfico fue el primero en preguntar:
Hey, ¿a qué horas viene la selección? A ver
si no les gritan cosas, comentó el agente.
Alrededor de la 1:30 p.m., los seleccionados hicieron su presentación.
La gente que aguardaba por sus parientes, comentaba en voz baja. Vaya,
ahí está tu selecta. Perdedores de mierda, dijo un
hombre de mediana edad.
El primero en abandonar la sala fue Santos Cabrera. Con una mochila en
la espalda y sus inseparables audífonos, el volante salió
con paso presuroso. ¿Y por qué vas tan ahuevado pues,
Santos?, le increpó un hombre.
El mediocampista, de opaca actuación ante Panamá, se negó
a dar declaraciones. Estoy mal, alcanzó a decir. La
historia se repitió una y otra vez: Julio Castro, Misael Alfaro,
Jorge Rodríguez, entre otros, también se negaron a hablar.
Cristian Álvarez fue el primero en dar la cara. Lamentablemente
perdimos, pero igual no hubiera servido de nada la victoria porque Jamaica
empató con Estados Unidos, enfatizó el creativo.
Otro que tampoco le tuvo miedo a la grabadora fue Víctor Velásquez,
el jugador salvadoreño más regular dentro de la eliminatoria
y que, incluso, se convirtió en el goleador de la Selecta.
El zaguero inspiró fuerte y alcanzó a decir que le
pedimos disculpas a la gente porque no pudimos cumplir las expectativas
que tenían de nosotros.
Por su parte, Emiliano Pedrozo, que a pesar de ser el hombre que más
propuso ante los panameños, fue removido, inexplicablemente, en
el segundo tiempo, agradeció la oportunidad que tuvo para vestir
por primera y, quizás última, ocasión la camisa de
la Selección Nacional.
Antes de que el bus se marchara, un joven tuvo la osadía de gritarles
un par de improperios a los seleccionados. Los jugadores, con Santos Rivera
a la cabeza, le contestaron al fulano. Por suerte que el bus ya había
arrancado e iniciado su camino de regreso al Albergue del Futbolista.

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