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Redacción
Deportes
El
Diario de Hoy
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No
hay que vivir de lamentos. Las lágrimas, las broncas, las decepciones
por una eliminación ya anunciada sirven de poco ahora. Alemania
2006 será otro Mundial para ver por televisión y una vez
más, como en los últimos 24 años, los salvadoreños
deberán tomar partido por otros que sí estarán. Como
siempre, algunos irán por Brasil, otros por Argentina o España.
Sin embargo, es hora de un gran cambio. Un cambio de raíz. Profundo.
Hay que ponerse a pensar ya en el Mundial Sudáfrica 2010. Faltan
2,019 días, un poco menos que seis años para que empiece.
Tiempo suficiente para que las estructuras del fútbol salvadoreños
frágiles, corroídas y desvencijadas se renueven.
Para refundar el fútbol en este país se necesita la participación
de todos y cada uno de los sectores que aquí se detallan.
Federativos
La junta directiva de la Fesfut nunca gozó de popularidad, pero
el desgaste de los últimos años les ha hecho perder la poca
credibilidad que le quedaba. Humberto Torres, su presidente, se ha esforzado
para que esa entidad pueda salir adelante, pero los resultados han sido
más que desalentadores. Las últimas y repetidos fracasos
han hecho olvidar el logro de la medalla dorada en los Juegos Centroamericanos
y del Caribe. En cambio, los escándalos que algunos de sus directivos
han sido protagonistas están siempre presentes, como el caso de
los jugadores que se quedaron en Miami tras el viaje a Jamaica en noviembre
de 2003 o la selección apócrifa que se presentó en
Zimbabue organizada por Roger Barberena, entonces director de la Festut.
Muchos piden urgente la renuncia masiva de los federativos. Es difícil
saber si eso es la solución, ya que los que han estado antes también
nos condujeron al fracaso y a la humillación. Pero sería
un buen gesto que ofrecieran sus renuncias y le dejaran su lugar a otros
con más voluntad e iniciativa. Al menos demostrarían que
no les interesa estar aferrados al poder. Si un futbolista juega mal no
lo vuelven a llamar y si un entrenador no consigue resultados lo despiden.
Pero los directivos, pase lo que pase, parecen inamovibles.
Clubes
Las interminables luchas de la Primera División con la Fesfut le
han hecho mucho daño tanto a la Selección Nacional como
a los clubes. De esa disputa nadie sale ganando. Los recelos entre Humberto
Torres y Carlos Méndez Flores, quienes en la última conferencia
de prensa hicieron apenas una tregua, han sido una traba importante.
La Selección debería tener un calendario de partidos internacionales
algo que no sucede por lo difícil que cuesta conseguir un
equipo que no sea Guatemala para jugar amistosos- y los clubes deberían
respetarlo.
Gobierno
El Presidende Tony Saca, como todos los salvadoreños, está
cansado de las humillaciones. Sabe que la Selección últimamente
genera dolor y antipatía, por lo que quiere un cambio urgente.
Es un secreto a voces que desde el interior del Gobierno se planea una
intervención de la Federación. Sólo se están
evaluando los daños colaterales que eso implicaría, por
eso se están tomando su tiempo.
Tanto Saca como César Funes, director de la Secretaría de
la Juventud, saben que desembarcar en la Fesfut significa que la FIFA
desconozca la nueva autoridad y suspenda automáticamente a El Salvador
de todas las competiciones. Pero también son concientes de que
si hay un momento para hacerlo es ahora, ya que eso les permitiría
limpiar la casa, elegir una nueva directiva y volver a entablar
lazos con la entidad madre del fútbol en los próximos dos
años, donde no hay competiciones importantes. Algo así hizo
Costa Rica la década pasada y un proceso similar ocurrió
en Guatemala el año pasado. Casualidad o no, ambos países
se clasificaron para la siguiente ronda.
Jugadores
Habrá que trabajar mucho para fabricar futbolistas de nivel, algo
que cada vez escasea más por estos lados. La realidad es que no
hay. Los clubes no se preocupan mucho en sus canteras, prefieren gastar
el dinero que a veces no tienen en extranjeros de nivel mediocre, a los
que terminan despidiendo a medio torneo por bajas actuaciones.
Once Lobos, un ejemplo a imitar, tiene planeado formar sus fuerzas básicas,
pero el resto retrocede. FAS ya no tiene su equipo en Segunda División.
Las Selecciones juveniles, las que también coordina Contreras Palma,
tampoco han dado alegría en los últimos tiempos. La Sub-17
no pudo ir al Mundial de Finlandia, la Sub-23 no pasó de la primera
ronda eliminatoria de los Olímpicos ante Canadá, la Sub-20
acaba de fracasar en su intento de clasificar al Mundial de Holanda.
La realidad es cruda. Tampoco hay jugadores de exportación, nadie
busca a los salvadoreños para llevárselos a Europa. Los
dos únicos en el exterior son Eliseo Quintanilla flamante
campeón con el DC United sin jugar apenas un minuto en todo el
campeonato y Diego Mejía, en el Motagua de Honduras.
No queda otra que seguir trabajando con los jóvenes, donde Nelson
Reyes (Atlético Balboa), Adán Larios y Carlos Calderón,
por poner algunos ejemplos, pueden marcar el camino.
Entrenadores
Muchos creían que la solución era despedir a Paredes, como
si él hubiera sido el problema de todos los males de la Selección.
Un razonamiento simplista. Cuando llegó Contreras Palma todos creían
ver un cambio notable en la Selecta, pero en el juego en el Rommel Fernández
demostró que todo seguía igual o peor. De hecho, contra
Panamá jugó su peor partido de las Eliminatorias, porque
renunció a atacar y apostó a un esquema defensivo para que
la derrota no fuera más humillante.
Contreras Palma ya terminó su ciclo y se supone que volverá
a su antiguo cargo luego de su frustrante experiencia. Tampoco ha sido
su culpa, al margen de que el planteamiento no fue el mejor, como lo reconoció
el propio Beto Torres.
Para muchos, la solución es traer un entrenador extranjero. Pero
eso no necesariamente lleva a la fórmula de éxito. Podría
venir Fabio Capello un entrenador que nunca ha fracasado en ningún
equipo donde estuvo y arruinar aquí su impresionante currículum.
La Selección de El Salvador tiene la particularidad de devorarse
a los entrenadores. No pudo José Omar Pastoriza, que luego hizo
un interesante trabajo en la selección de Venezuela. Tampoco Aníbal
Maño Ruiz, quien ahora dirige a Paraguay.
En realidad, la solución es contratar a un buen entrenador sin
importar su nacionalidad y dejarlo trabajar sin presiones.
Aficionados
La gente nunca le tuvo confianza a esta Selección. La vio eliminada
mucho antes de que los números así lo determinasen, por
lo que no fue a verla al estadio. Le dio la espalda.
Pero a pesar de la impotencia que el equipo nacional les genera, son pocos
los que dimensionan el auténtico nivel del fútbol salvadoreño.
Los últimos bofetazos nos demuestran que estamos más cerca
de Nicaragua y Belice que de Panamá, Guatemala, Honduras y Costa
Rica. Duele, pero es así.
No obstante, los aficionados prefieren engañarse a sí mismos.
Creían que el problema era la ausencia de Ronald Cerritos. Luego
pensaron que todo se solucionaba con llamar al Zarco Rodríguez
o a Nenei. Y más tarde, cuando el pedido a gritos de que Paredes
tenía que irse se hizo efectivo, se convencieron de que finalmente
el equipo iba a jugar bien y ganar. Una vez más estaban equivocados.

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