
Marvin Galeas
El Diario de Hoy
marvingaleas@yahoo.com
Con
George W. Bush, por cuatro años más en la Casa Blanca ¿va
el mundo hacia un holocausto mundial, como dicen no pocos analistas en
el mundo? ¿Estamos frente al colapso del sistema de libertades
en Estados Unidos? ¿De qué manera nos afecta la victoria
republicana a los salvadoreños?
Luego de leer casi una decena de importantes articulistas de Estados Unidos,
Europa y América latina, de ver Fahrenheit 9/11 y de conversar
con algunos amigos, uno puede llegar a la conclusión de que el
actual Presidente de Estados Unidos, es un peligroso guerrerista, un irredento
fascista, racista y xenófobo. Una especie de irresponsable que,
por petróleo o por fundamentalismo cristiano, llevará el
mundo a la guerra.
Recuerdo que peores cosas se decían de Ronald Reagan. Hace poco
más de 20 años, en un mundo en plena Guerra Fría
y con un auge de la izquierda armada en América Central, se vaticinaba
que con la victoria del ex gobernador de California, a quien dibujaban
como un vaquero del Lejano Oeste, la conflagración mundial era
inevitable. Los comandantes del FMLN hasta apresuraron la ofensiva final
el 10 de Enero de 1981, para que Reagan ya los hallara en el gobierno.
Y es que por alguna razón la izquierda percibe que los demócratas
son una especie de aliados que siempre tratarán de favorecer a
los movimientos guerrilleros, gobiernos socialistas y partidos de izquierda.
Fue un presidente demócrata, Roosevelt, quien lideró a los
Estados Unidos con mano firme, durante la segunda guerra mundial. Fue
un presidente demócrata a quien no le tembló el pulso para
ordenar el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón.
Fue Kennedy, el típico presidente demócrata quien comenzó
a incrementar la presencia militar en Vietnam.
Por el contrario, fue el republicano Nixon quien impulsó las negociaciones
de paz en Vietnam. Paradójicamente fue el guerrerista
Reagan quien puso punto final a la guerra fría. Pero esto no quiere
decir que los demócratas sean belicistas y los republicanos guerreristas.
O al revés. Las diferencias entre los demócratas y los republicanos
no son en verdad sustanciales cuando de salvaguardar los intereses estratégicos
de esa nación y preservar el sistema de libertades se trata.
El sistema político de pesos y contrapesos y el granítico
consenso de la sociedad en torno a los principales asuntos de la nación,
ponen a salvo a Estados Unidos de la aparición de locos en el ejecutivo
al estilo de Chávez, Bucaram y tantos otros en nuestra América
Latina. George W. Bush no está pensando quedarse en el poder eternamente
como Fidel Castro o el mismo Chávez. Dentro de cuatro años
entregará irremisiblemente el poder a su sucesor o sucesora, que
puede perfectamente ser un demócrata.
Probablemente, el actual Presidente de los Estados Unidos, no sea una
luminaria intelectual, pero tiene a la mano, como todos los mandatarios
de ese país, brillantes equipos de asesores y colaboradores.
En el equipo de Bush, destaca por ejemplo la doctora Condoleezza Rice,
ex rectora de la prestigiosa universidad de Stanford. Y a propósito
de esta funcionaria, según dicen mano derecha del Presidente, ¿se
habrán fijado, los que hablan del racismo de Bush, en el color
de su piel?
¿Un presidente xenófobo?, después los TPS para salvadoreños
y hondureños y el comportamiento del voto hispano en las pasadas
elecciones, no lo creo. ¿Un presidente fascista? Éste es
el calificativo favorito de la ortodoxia marxista y de los más
simplones analistas de izquierda contra cualquiera que no comparta sus
ideas. No puede ser fascista quien impulsa políticas económicas
de libre comercio y que no es partidario de darle al estado un papel preponderante
en la economía.
¿Y el holocausto mundial? Es difícil esperar que después
de los atentados del 9/11 y de la continua amenaza terrorista contra Estados
Unidos, Washington se mantenga quieto. Bush y su equipo actuarán
en consecuencia con los intereses de su país, como lo hicieron
sus predecesores con diferentes formas. Me parece que los que pueden llevar
al mundo a una conflagración mundial, como Hitler en el pasado,
son gente como Osama Bin Laden, los liderazgos fundamentalistas islámicos
o el desfasado dictador de Corea del Norte.
Finalmente, oyendo los discursos de campaña de ambos candidatos,
en torno al tema del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica
y, sobre todo, tomando en cuenta los TPS aprobados por los inmigrantes
salvadoreños, no cabe duda de que el candidato que más nos
convenía era George W. Bush.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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