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La nota del día
Puede ser fácil, pero es difícil: el inglés

Hay personas de mediana inteligencia que aprenden con rapidez como las hay muy inteligentes a quienes no les entra

Publicada 18 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Potenciar la enseñanza del inglés es uno de los objetivos del gobierno a través del Ministerio de Educación, considerando que hablar ese idioma mejora las perspectivas laborales de jóvenes y adultos. La mala noticia es que el nivel de los profesores de ese idioma es muy bajo, por lo que para lograr lo primero se tiene que capacitar al cuerpo de docentes.

Lo segundo no es nada fácil; por algo se dice que “es muy difícil enseñar nuevos trucos a perros viejos”. La regla es que mientras más joven sea la persona, con más rapidez aprenderá otra lengua. Como dice el verso de Moratín:
     “Admirose un portugués
     -de ver que en su tierna infancia,
     -todos los niños de Francia
     -supieran hablar francés”.

     Lo que tan requetefácil resulta para un niño de cuatro o seis años, se convierte en una muy difícil tarea para un hidalgo lusitano.
A juicio nuestro, lo procedente es concentrar esfuerzos donde haya más posibilidad de obtener buenos resultados, vale decir en ciudades, barrios y comunidades donde los jóvenes estudiantes tengan oportunidad de encontrar gente con quien practicar, o puedan ver vídeos y libros o cuentos en audio en el nuevo idioma. Aunque nos duela, en un inicio hay que olvidarse de pequeñas comunidades y zonas rurales, a menos que en ellas existan maestros con esos conocimientos.

Viene al caso contar una historia. El padre de la arqueología, Heinrich Schliemann, llegó a hablar, leer y razonablemente escribir más de treinta lenguas. Su método, aunado a una prodigiosa aptitud, era leer dos o tres veces en el idioma nuevo, un par de libros que había ya leído en un idioma conocido. Nuestro modestísimo italiano se logró leyendo “I Promessi Sposi”, de Manzoni y “Il Gatopardo”, de Lampedusa.

Enseñar español a estadounidenses

Existen hoy en día (ciento treinta y tantos años después de Schlieman) instrumentos que facilitan el aprendizaje de un idioma. El vídeo y los discos compactos son uno; la televisión y la radio son otro; los materiales impresos, un tercero. El gobierno puede echar mano de las escuelas radiofónicas y de la TV Educativa (el Canal 10) para dar instrucción en inglés mucho mejor que los docentes locales; todo es que oír y ver los programas sean exigencias para aprobar grado. Inclusive no es necesario inventar la pólvora, pues se pueden copiar (o más bien tropicalizar) programas exitosos de estaciones foráneas, como son, para el caso, los de la Deutsche Welle para aprender alemán.

Volvamos a eso de capacitar docentes. En vez de que el ministerio monte un aparataje para enseñar inglés, hay que proveer material a los maestros y que sean ellos quienes se ocupen de su propia capacitación. Eso resulta más barato y más efectivo, pues se agrega la zanahoria de los nombramientos. Adicionalmente hay que establecer con tests sicológicos, quiénes tienen la cabeza para aprender otro idioma y quiénes no; hay personas de mediana inteligencia que aprenden con rapidez como las hay muy inteligentes a quienes no les entra. Son facilidades innatas; hace muchísimos años conocimos en Nueva York a una linda señora que con veinte años de vivir allá hablaba cero inglés, pero que había enseñado español al farmacéutico, al carnicero, al panadero, al policía y al resto de comerciantes del barrio.

 

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