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Piercing agujeros de cuidado

Infecciones o enfermedades contagiosas son el resultado indeseado de una perforación mal hecha. Un equipo esterilizado minimiza riesgos

Publicada 17 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

1- Con una pinza se sujeta la piel a agujerear.
2- El catéter perfora el punto anteriormente marcado con un lapicero.
3- Mientras el cliente respira hondo, se coloca el cilindro del arete en el hoyo.
4 y 5-Una bolita enroscada sella el piercing.Fotos EDH


Leyre Ventas
El Diario de Hoy
lventas@elsalvador.com

Convencida a la fuerza, la delgada silueta de Alicia penetra en la oscuridad de Giro Rock. Es la primera de los entre cinco y diez clientes que se esperan el lunes en la tienda que comercia con hoyos, aretes y tintas.

Es el día más concurrido. Llegan los rezagados del fin de semana, los que decidieron decorarse el cuerpo el viernes de parranda o el sábado durante el café con los amigos, y hallaron el local cerrado por ser domingo.
En Giro llevan ocho años perforando. La lengua, nariz y el ombligo son los puntos más solicitados. Pero “en todo el cuerpo se pueden hacer piercing: en los codos, el cuello, las rodillas...”, señala Luis Minero. El profesional se pasa la vida repartiendo agujeros, aunque no se quedó con ninguno.

Esterilización

Una pinza sujeta la piel del ombligo. De una funda sellada, unos guantes de látex extraen un catéter que lleva el nombre de la víctima; después del paso de Alicia por la camilla del local, será desechado.

A los pies de la mujer, una caja metálica lacada en blanco es señal de que en Giro conocen la esterilización, y que someten a dicho proceso su instrumental. “Metemos las herramientas a una temperatura de 180 grados durante 60 minutos“, explica Alfonso Lara, perforador veterano.

Alicia contrae el gesto cuando el catéter quiebra su piel, justo por el punto que Luis dibujó con un rotulador, y repite la mueca al regreso de la aguja.

Luis aprendió el arte en la tienda, de la mano de alguien experimentado. Alfonso, el profesional suplantado, prefiere decir que lo hizo en México. Acudió a dicho país por una provisión de tinta para tatuar, y se encontró con una técnica para perforar piel hasta entonces desconocida en El Salvador: el realizado con catéter.

“Hacia 1995 ya se colocaban piercing en el país”, recuerda Lara, y matiza: “pero siempre con pistola”. Admite que él también cometió ese tipo de errores (la pistola no es de uso único, por lo tanto menos seguro, y tiende a quebrar la piel), hasta que en el 98 cambió la técnica manteniendo la práctica. “También tenemos taladros, para que el arete quede bien asentado en la ceja”, bromea Luis.

Cuidados posteriores

Al término de la sesión, entregan a Alicia un papelito con instrucciones: Recomendaciones para la cicatrización de la perforación. En resumen, habla de cuestiones de higiene, de aplicación de antisépticos y cicatrizantes en la herida y la ingesta de antibióticos para contrarrestar la lógica reacción del cuerpo frente a un pedazo de metal que viola sus carnes.
“La inflamación es la respuesta normal del organismo ante cualquier cuerpo extraño”, explica Mirna Carvajal, doctora del Instituto de las Enfermedades de la Piel, y pediatra de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Benjamín Bloom. La dimensión de lo hinchado depende de cada individuo.

La hinchazón puede convertirse en infección si acceden bacterias que se encuentran en la piel, a través del orificio. “Los microorganismos son parte de la flora, viven en simbiosis con el cuerpo, pero una vez dentro se vuelven agresivos”. El resultado es una bolsa de pus, más o menos grande, al rededor del hoyo.

La más común de las bacterias es el estafilococo, y se halla en grandes cantidades en fosas nasales, manos, la zona del ombligo, etc. Por ello, según la doctora, dichas áreas son las más expuestas a complicaciones.

Los más vulnerables


Aunque la posibilidad de ingreso de organismos al cuerpo es alta para todos, existen grupos de riesgo: mujeres embarazadas, niños, diabéticos, quienes constantemente toman esteroides, individuos con déficit en la sangre (anemia, por ejemplo), y en el extremo, enfermos de cáncer.

“Los no inmunocompetentes, personas que tienen las defensas bajas, deberían evitar los piercing y otras heridas hechas con herramientas cortopunzantes”, explica Carvajal.

Por otro lado, que el instrumental no esté esterilizado, o sea reutilizable, suma boletos para la lotería del contagio. La hepatitis B o el sida son el resultado extremo.

Agujas desechables, material precintado, instrumentos estériles. “Nosotros hacemos todo lo posible para que el proceso sea limpio, pero el 50 por ciento es asunto del cliente”, se defiende Lara. “Ya que el cliente ocupe jabón para asearse la zona de la perforación y siga las indicaciones está en su mano”, advierte.

En Giro no se aceptan mujeres embarazadas ni menores sin permiso entre sus clientes.
Tampoco se accede a perforar individuos que se encuentren bajo los efectos del alcohol o estupefacientes. Situación poco frecuente aunque no extraña. Son las únicas condiciones. “Si un cliente tiene 80 y quiere hacerse uno más, se le pone el número 81”, asegura Luis.
Una argolla decora el ojo de la cintura de Alicia; de acero quirúrgico inoxidable y traído de Miami, como el resto de la mercancía de la tienda. Es su único piercing; quién sabe si el último.


Riesgos similares
Al igual que con los piercing, la clave para mantener la salud tras tatuarse está tanto en manos del profesional como del cliente.
Escoger un local que asegure las buenas costumbres –materiales desechables, instrumentos esterilizados y tintas cosméticas antialérgicas– forma parte de la responsabilidad del tatuado que quiera evitar reacciones cutáneas y la transmisión de enfermedades contagiosas.
Esta forma de decorar la piel se hace a base de un vibrador coronado de agujas, las que producen las pequeñas fisuras por las se introducirá la tinta. Dichas heridas tienen un proceso de curación que el individuo puede facilitar, manteniendo la zona limpia, usando cicatrizante y vaselina dos veces al día, y huyendo del sol, de playas y piscinas en un mes.
Con el fin de no adjudicarse cargas que no les corresponden, los locales dedicados a tatuar no aceptan clientes con complicaciones en la piel.

 





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