
Robert Shiller*
El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Los
precios del petróleo se encuentran hoy muy por encima de los $50
por barril, en parte, debido a crisis que han demandado un rápido
suministro en el corto plazo, como el conflicto de Iraq, las disputas
laborales en Nigeria, el conflicto entre Yukos Oil y el gobierno ruso,
y los recientes huracanes en Florida. Puede que los precios del petróleo
bajen una vez que se disipen estas crisis, pero los efectos especulativos
los pueden mantener relativamente altos, debilitando a la economía
mundial y deprimiendo los mercados de valores.
Incluso un alza temporal en los precios del petróleo puede tener
efectos de largo plazo, por las reacciones sociales que provocan. Los
altos precios del petróleo impulsan el debate público acerca
del futuro de los mismos. Nunca se puede saber a ciencia cierta el resultado
de un debate público, pero es probable que sirva de amplificador
de cuentos que implican que el riesgo de que los precios se eleven aún
más. Los expertos pueden decir que los factores de suministro de
corto plazo causaron los recientes aumentos de los precios, pero no obstante
los precios creerán más en los cuentos alarmistas sobre
el largo plazo.
El cuento alarmista que se está esparciendo ahora tiene que ver
con el mundo en desarrollo, particularmente China y la India, en donde
el rápido crecimiento económico (y no las restricciones
del Protocolo de Kyoto a las emisiones de gases) se ve como el creador
de una insaciable demanda de petróleo. El supuesto de este cuento
es que el petróleo mundial se acabará antes de lo que pensamos,
mientras esos miles de millones de personas persiguen sus sueños
de tener una casa grande y vehículos deportivos. ¿Es esto
plausible?
Pero lo que importa para los precios del petróleo, ahora y en el
futuro visible, es la percepción del cuento, no las ambigüedades
que hay tras ella. Si existe la percepción de que los precios serán
más altos en el futuro, tenderán a elevarse hoy. Así
es como funciona el mercado.
Si el común de la gente piensa que los precios del petróleo
serán más altos en el futuro, los dueños de las reservas
petroleras tenderán a posponer las costosas inversiones en exploración
y expansión de la capacidad productiva, y pueden extraer crudo
a un nivel por debajo de su capacidad. Preferirán vender su petróleo
e invertir más tarde, cuando los precios sean más altos,
restringiendo así el aumento de la oferta.
Pero si los dueños de las reservas de petróleo piensan que
los precios caerán en el corto plazo, tendrán un incentivo
para explorar en búsqueda de reservas y ampliar la producción
ahora, con el fin de vender tanto petróleo como sea posible antes
de la baja. El aumento de la oferta resultante hace que los precios caigan,
refuerza las expectativas de mayores bajas y produce el efecto inverso
a una burbuja especulativa: un colapso en los precios.
Todo esto puede parecer obvio, pero tendemos a no pensar en los precios
del petróleo como algo que está determinado por las expectativas
sobre los precios futuros. Por ejemplo, en enero de 1974, cuando comenzó
la primera crisis del petróleo, los precios se duplicaron en apenas
unos días. Se cree que la causa inmediata fue el fulminante éxito
de Israel en la guerra del Yom Kippur, que provocó las represalias
de los productores árabes de petróleo en la forma de una
drástica reducción de la producción. La segunda crisis,
en 1979, se atribuye, por lo general, a las interrupciones del suministro
desde el Golfo Pérsico, tras la revolución islámica
en Irán y el inicio subsiguiente de la guerra entre Iraq e Irán.
¿Por qué entonces los precios reales del petróleo,
corregidos por la inflación, siguieron en los niveles de 1974 o
por sobre ellos hasta 1986? Es probable que haya habido presiones especulativas
que influenciaron las decisiones de la OPEC y de muchos otros.
Por ejemplo, en 1972, varios científicos del Instituto de Tecnología
de Massachusetts, entre los que se encontraba el pionero de la informática
Jay Forrester, publicaron The Limits to Growth. El libro provocó
un debate internacional acerca de si el mundo pronto afrontaría
inmensos problemas económicos debido a la escasez de petróleo
y otros recursos naturales, problemas que parecían estar presagiados
por los cortes de la producción de la OPEC dieciocho meses después.
La segunda crisis tuvo su precedente inmediato en el accidente del reactor
nuclear de Three-Mile Island en Pennsylvania, en marzo de 1979, el cual
dio nuevas fuerzas al movimiento antinuclear. Con la energía nuclear
(considerada como el principal baluarte tecnológico contra el agotamiento
de las reservas mundiales de petróleo) repentinamente bajo sospecha,
los precios del crudo se duplicaron nuevamente para fines de ese año.
Después de 1979, decrecieron los temores acerca de los límites
del crecimiento y la energía nuclear. Los precios del petróleo
bajaron gradualmente y el mercado de valores comenzó el largo ascenso
hacia su cima en el año 2000.
El informe de la AIE considera a este distanciamiento como una evidencia
de un cambio estructural en el mercado. Pero el mismo patrón
ocurrió tras las crisis del petróleo de 1973-4 y 1979-80,
cuando los precios bajaron de sus puntos más altos, pero se mantuvieron
bastante altos por años, generando una traba para el mercado de
valores, el mercado de la vivienda y la economía mundial. Esperemos
que los efectos del alza actual tengan una vida más corta. Pero
no esperen de pie.
Copyright: Project Syndicate.
* Profesor de Economía en la Universidad
de Yale.

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