
Raúl M.
Alas*
El Diario de Hoy
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elsalvador.com
Qué
gusto me dio ver en el Enade, a la crema y nata del empresariado y a un
amplio sector de la clase política salvadoreña, reunidos
en torno a una perspectiva socioeconómica más coherente
con los nuevos tiempos que vive el país. En gran medida, me halagó
observar la sintonía que parece existir entre esos diversos actores
en el escenario actual de nuestra realidad nacional y la apertura que
hay para dialogar sobre el futuro.
Tengo claro que sacar adelante al país es una prerrogativa ineludible
para la mayoría de los protagonistas de este encuentro. Sin embargo,
cuando se trata de compartir espacios en el contexto nacional, las cosas
no siempre caminan con la disposición efectiva que muchos quisiéramos.
La historia ha demostrado que no bastan las buenas intenciones para progresar
con equidad, sino que más bien se precisa de una voluntad férrea
de parte de todos para ceder en aquellos aspectos que dificultan la concertación
y la gobernabilidad.
En este sentido, el hecho de que el Presidente de la República
esté decidido a llevar a cabo su agenda política y económica
sobre la base de lo social es un avance novedoso en la forma de gobernar
el país y un ejemplo valioso de liderazgo. Ciertamente, esa iniciativa
hay que aplaudirla, porque es sumamente necesaria, apoyarla para que se
cumpla con éxito y propagarla en nuestro eje de acción para
que dé frutos duraderos. Este objetivo tan ambicioso no significa
que sea fácil de cumplir, pero quizá por eso urge que haya
una interacción permanente entre los diversos sectores que tripulan
este barco que se llama El Salvador.
Aun con todo ese noble deseo, nadie dijo que el progreso de un pueblo
se pueda alcanzar unilateralmente y en poco tiempo. Por el contrario,
la clave del éxito de nuestro país está cifrada en
unir los intereses, recursos y propósitos de la sociedad civil,
la empresa privada, la fuerza laboral y el Estado, para configurar en
conjunto y paso a paso a la nación desarrollada que la mayoría
queremos dentro de unas cuantas décadas. En otras palabras, este
reto implica aprender a tirar del carro todos juntos y hacia el mismo
lado, y eso incluye también a la oposición.
Tenemos un compromiso con el desarrollo social, político, económico
y cultural de El Salvador. Por una parte, aportando ideas creativas que
fomenten la realización de iniciativas empresariales, siendo propositivos
en diversos programas de desarrollo sostenible, consiguiendo financiamiento
para llevar adelante nuevos proyectos y, por supuesto, facilitando los
procedimientos jurídicos y legislativos que éstos precisen
para salir adelante.
Posiblemente no se logrará cumplir al pie de la letra toda la plataforma
que se propuso en el
Enade, pero su puesta en marcha constituye un paso necesario para formar
la conciencia ciudadana y para seguir construyendo una sociedad más
justa y consecuente. Ya es hora de cambiar los parámetros que miden
el éxito empresarial únicamente por las cifras económicas
favorables de corto plazo o por el crecimiento cuantitativo de los negocios
en un período determinado. Por lo mismo, me agradó escucharle,
al mandatario salvadoreño, la explicación razonada del proyecto
educativo 2021, de la apremiante discusión del Fosalud y acerca
de la inminente llegada al país de empresas de gran alcance tecnológico,
como es el caso particular de Dell Computers, cuya presencia posibilita
la formación técnica y metodológica de la fuerza
laboral en actividades de enorme proyección global.
De igual modo, resulta esperanzador escucharle hablar al presidente de
la ANEP acerca de la necesidad de abanderar iniciativas de responsabilidad
social empresarial, como un aspecto prioritario en la forma de hacer negocios
en el país y como una sabia alternativa para contrarrestar la amenaza
comercial de China, India y otras potencias emergentes.
En definitiva, tengo claro que no podemos seguir basando nuestro futuro
únicamente en una expectativa marginal de crecimiento macroeconómico
para los próximos años. Obviamente, depender de las cuantiosas
remesas que envían cada mes nuestros hermanos en el extranjero
no resulta provechoso para fortalecer el espíritu emprendedor de
este pueblo, puesto que alienta el consumismo en demasía y el ocio
en grado sumo.
Por lo tanto, me entusiasma saber que finalmente el gobierno está
dando pasos significativos por la senda social, las entidades económicas
están cambiando de forma gradual su perspectiva empresarial, la
sociedad civil está encontrando espacios de expresión ciudadana
para enriquecer la democracia y la fuerza laboral está incorporándose
de manera paulatina como un interlocutor autorizado en el diálogo
social.
En otras palabras, conducir a El Salvador a puerto seguro no es un esfuerzo
aislado, sino más bien un reto compartido por el que vale la pena
luchar y que beneficiará a las próximas generaciones.
*Doctor en Comunicación Pública.

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