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Sentido común
Un reto compartido

En otras palabras, conducir a El Salvador a puerto seguro no es un esfuerzo aislado, sino más bien un reto compartido por el que vale la pena luchar y que beneficiará a las próximas generaciones

Publicada 17 de noviembre 2004, El Diario de Hoy



Raúl M. Alas*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Qué gusto me dio ver en el Enade, a la crema y nata del empresariado y a un amplio sector de la clase política salvadoreña, reunidos en torno a una perspectiva socioeconómica más coherente con los nuevos tiempos que vive el país. En gran medida, me halagó observar la sintonía que parece existir entre esos diversos actores en el escenario actual de nuestra realidad nacional y la apertura que hay para dialogar sobre el futuro.

Tengo claro que sacar adelante al país es una prerrogativa ineludible para la mayoría de los protagonistas de este encuentro. Sin embargo, cuando se trata de compartir espacios en el contexto nacional, las cosas no siempre caminan con la disposición efectiva que muchos quisiéramos. La historia ha demostrado que no bastan las buenas intenciones para progresar con equidad, sino que más bien se precisa de una voluntad férrea de parte de todos para ceder en aquellos aspectos que dificultan la concertación y la gobernabilidad.

En este sentido, el hecho de que el Presidente de la República esté decidido a llevar a cabo su agenda política y económica sobre la base de lo social es un avance novedoso en la forma de gobernar el país y un ejemplo valioso de liderazgo. Ciertamente, esa iniciativa hay que aplaudirla, porque es sumamente necesaria, apoyarla para que se cumpla con éxito y propagarla en nuestro eje de acción para que dé frutos duraderos. Este objetivo tan ambicioso no significa que sea fácil de cumplir, pero quizá por eso urge que haya una interacción permanente entre los diversos sectores que tripulan este barco que se llama El Salvador.

Aun con todo ese noble deseo, nadie dijo que el progreso de un pueblo se pueda alcanzar unilateralmente y en poco tiempo. Por el contrario, la clave del éxito de nuestro país está cifrada en unir los intereses, recursos y propósitos de la sociedad civil, la empresa privada, la fuerza laboral y el Estado, para configurar en conjunto y paso a paso a la nación desarrollada que la mayoría queremos dentro de unas cuantas décadas. En otras palabras, este reto implica aprender a tirar del carro todos juntos y hacia el mismo lado, y eso incluye también a la oposición.

Tenemos un compromiso con el desarrollo social, político, económico y cultural de El Salvador. Por una parte, aportando ideas creativas que fomenten la realización de iniciativas empresariales, siendo propositivos en diversos programas de desarrollo sostenible, consiguiendo financiamiento para llevar adelante nuevos proyectos y, por supuesto, facilitando los procedimientos jurídicos y legislativos que éstos precisen para salir adelante.

Posiblemente no se logrará cumplir al pie de la letra toda la plataforma que se propuso en el
Enade, pero su puesta en marcha constituye un paso necesario para formar la conciencia ciudadana y para seguir construyendo una sociedad más justa y consecuente. Ya es hora de cambiar los parámetros que miden el éxito empresarial únicamente por las cifras económicas favorables de corto plazo o por el crecimiento cuantitativo de los negocios en un período determinado. Por lo mismo, me agradó escucharle, al mandatario salvadoreño, la explicación razonada del proyecto educativo 2021, de la apremiante discusión del Fosalud y acerca de la inminente llegada al país de empresas de gran alcance tecnológico, como es el caso particular de Dell Computers, cuya presencia posibilita la formación técnica y metodológica de la fuerza laboral en actividades de enorme proyección global.

De igual modo, resulta esperanzador escucharle hablar al presidente de la ANEP acerca de la necesidad de abanderar iniciativas de responsabilidad social empresarial, como un aspecto prioritario en la forma de hacer negocios en el país y como una sabia alternativa para contrarrestar la amenaza comercial de China, India y otras potencias emergentes.

En definitiva, tengo claro que no podemos seguir basando nuestro futuro únicamente en una expectativa marginal de crecimiento macroeconómico para los próximos años. Obviamente, depender de las cuantiosas remesas que envían cada mes nuestros hermanos en el extranjero no resulta provechoso para fortalecer el espíritu emprendedor de este pueblo, puesto que alienta el consumismo en demasía y el ocio en grado sumo.

Por lo tanto, me entusiasma saber que finalmente el gobierno está dando pasos significativos por la senda social, las entidades económicas están cambiando de forma gradual su perspectiva empresarial, la sociedad civil está encontrando espacios de expresión ciudadana para enriquecer la democracia y la fuerza laboral está incorporándose de manera paulatina como un interlocutor autorizado en el diálogo social.

En otras palabras, conducir a El Salvador a puerto seguro no es un esfuerzo aislado, sino más bien un reto compartido por el que vale la pena luchar y que beneficiará a las próximas generaciones.

*Doctor en Comunicación Pública.



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