
Roberto López-Geissmann
El Diario de Hoy
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elsalvador.com
Como
se verá, ambas necedades están relacionadas y pragmáticamente
globalizadas. Todo se va engarzando y participa del pecado original
o error madre de despreciar la discusión, la construcción,
el estudio y la creación ideológicas. Lo demás es
consecuencia lógica.
Si los valores, cualesquiera que fueren, son seguidos con fidelidad y
tesón, creyendo en que aportan senderos positivos a la actividad
humana, por amplio relajado y comprensivo que se quiera ser, habrá
un momento en que la elasticidad se rompa, en que no se pueda seguir adelante
o tolerar determinadas conductas sin quedar fuera de aquellos valores,
o incluso opuesto a ellos. Ya entonces, con la brújula desarmada,
prisionero del exceso de opción y sin rumbo cierto, será
fácil convencerse de optar por cualquier derrotero que me convenga
o del que me convenzan y, para ello, ¿qué mejor que las
metas utilitarias, pragmáticas e inmediatas que me lleven a lo
que sea que me dé la gana? Esto es superficial y sofístico,
claro.
Porque el pragmatismo puro tiene dos grandes defectos: en primer lugar
no te lleva, sino al lugar que tú has elegido previamente, lo que
no dice nada del método, camino o instrumento que hayas escogido
para ello; esto es, volvemos al comienzo, si alguien no sabe lo que es
bueno para sí, para su familia o para su nación, cualquier
acción que tome para ir a cualquier lado será totalmente
ciega, una lotería, una acción diletante, o una irresponsabilidad...
a no ser que esconda el obedecer a una resuelta voluntad que quiera enmascararse
en la vida pragmática. El otro problema es que deja por fuera a
la ética, ya que si se toma como derrotero total el de lograr su
cometido dejará por fuera toda restricción, lo que indicaría
dar un espaldarazo al viejo adagio maquiavélico de que el
fin justifica los medios, fuente de muchas desgracias históricas.
Esta vía pragmática es como los anteojos de sol tan oscuros
que aumentan la ceguera... pero que también la esconden.
Después de esta visión antropológica tan light, se
está ya listo para enrumbarse (como les gusta decir
ahora) hacia la ancha autopista de la globalización. Definamos
nosotros, en un sentido amplio, como la nueva estructura económica
mundial, que prescribe un intercambio comercial irrestricto, interdependiente
y completo, en la comercialización de bienes y servicios para un
mercado sin más límites que el entero planeta. Esto en sí
no sólo no es negativo, sino que es racionalmente deseable, dentro
de un contexto de respeto cultural, equidad económica y bajo la
coordinación de los estados; vuélvase grave si estos van
a ser desplazados por la globalización.
Es, sin más, la destrucción del Estado (o su minimización),
cual lo quería el socialismo de izquierdas, sólo que por
otro rumbo, aparentemente opuesto y con otros objetivos. Siendo esto así,
se comienza a entender que algunas teorías conspirativas no son
tan paranoicas como se dice. La ingeniería social, sin más
Dios que el poder, lanzando su planteamiento mundialista. ¿Es que
se puede resistir a esta ola poderosísima, revestida de movimiento
social ineluctable?
Resistirse internamente es un deber ético y hasta eventualmente
religioso, pero enfrentarse al tsunami con un apretar de dientes no sólo
es inútil, sino idiota. La inteligencia exige algo más fino
que el enterrar la cabeza en la arena. Sur- fear la oleada, jugársela
como decimos. Eso pasa por conocer la situación desde
varias opiniones (y no sólo desde uno o dos, por muy amiguitos
que estos sean), realizar verdaderas negociaciones, buscando aliados objetivos
(lo que implica no entregar el futuro por unas fanfarrias y unos honores
baratos) y plantear la jugada a nivel nacional, buscando que los resultados
finalicen en una política de Estado.
Miopía, cobardía o compromiso... no deben ser nunca etiquetas
fáciles de imputar a una derecha sana y que busca lo mejor para
su pueblo. El uso del pragmatismo, no como un recurso eventual de astucia,
controlado y subordinado a otros fines, sino como un fin en sí
mismo, lleva a grandes errores en la táctica y la estrategia política,
y en lo histórico conduce a una sumisión irreflexiva e irresponsable
a la manada que conducen a la inmolación ciertos nefastos pastores.
El principio es que la economía y finanzas deben estar al servicio
del hombre y no lo contrario. Una nación que se moviere bajo los
dictados científico y fríos de una teoría
económica cualquiera, sufrirá una revolución tan
grande y dolorosa como nunca ha existido... quizás eso se busque.
* Lic. en Ciencias Políticas.

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