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Sentido Común
Los mensajes de Enade

La mejor manera de ser leales a sus representados es defender los intereses de empresarios y trabajadores, pero guardando sanas y prudentes distancias del gobierno y de la política partidaria.

Publicada 16 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Ricardo Rivas
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La ANEP que más recuerdo es la ANEP de aquellos viejazos que, en medio de sabotajes, huelgas, secuestros, balazos y paquetazos, mantuvo la lucha por las libertades del país. Cuando pienso en cómo es que El Salvador está de pie y se mantiene libre, antes de pensar en el nombre de político alguno, se me vienen a la mente los rostros de aquellos empresarios salvadoreños que jamás se doblegaron ante la adversidad y que, en la defensa del sistema, supieron poner de frente, incluso, la vida misma. Es a ellos a quienes debemos, en gran medida, muchas de las libertades de que hoy gozamos.

Ahora el país vive otras épocas y otros retos. La ANEP de hoy, que es la ANEP que forjaron Ricardo Simán, Tony Saca y su actual presidente, Federico Colorado, es una ANEP renovada, que busca ser consecuente con estas nuevas realidades. De esa visión nació Enade. Con esta generación aterrizó la cúpula empresarial en las pistas de la mediana y la pequeña empresa. Bajo estas conducciones se insertó en la discusión pública nacional la bandera de una ANEP propositiva. Por eso es que en el mundo empresarial del país, no hay referente más fuerte ni interlocutor más valido que ANEP. El éxito del recién pasado Enade es una muestra de ello.

El Encuentro Nacional de la Empresa Privada dejó mensajes de peso. El primero y principal es un rocketazo a la cabeza y a las cabezas de la nación entera: o nos unimos, aun en medios de nuestras naturales diferencias, o la crisis nos tragará con todo y zapatos. Luego, un susurro en voz alta dirigido a los empresarios mismos: no puede haber empresa sana en entorno enfermo; tampoco empresas fuertes sin referentes fuertes, es decir, sin sector laboral fuerte. Después, vuelta hacia el otro lado —eso es al lado de los trabajadores— y otro susurro: si las empresas no tienen crecimiento económico, la colcha no alcanza para mejores prestaciones ni crear nuevos empleos.

Los mensajes fueron absolutamente incluyentes y unificadores: estimados, no más planes, ya hay suficientes; recojamos todo lo investigado, recopilado, consensuado, analizado, ponderado, escrito, etc., pongámoslo en una sola agenda y a trabajar. A la ecuación obrero-patronal: caballeros, no confundan ni deslegitimen su papel asumiendo posiciones que no les corresponden. La mejor manera de ser leales a sus representados es defender los intereses de empresarios y trabajadores, pero guardando sanas y prudentes distancias del gobierno y de la política partidaria.

Una cosa son las relaciones de respeto y colaboración mutua que pueden y deben tener las asociaciones empresariales y laborales con el sector público y político del país, y otra muy distinta es amenizar el baile convirtiéndose en caja de resonancia del gobierno o de algún partido político.

Como bien indicó Jaime Montalvo Correa, uno de los promotores del diálogo social en España y conferencista de Enade, todos tenemos derecho a tener opciones políticas, a lo que no tiene derecho un miembro o una cúpula de una organización empresarial, gremial o sindical, es a empujar a sus representados en aventuras políticas de su apetencia. Una gremial de empresarios jugando a ser co-gobierno es la imagen espejo de una organización sindical jugando a ser co-oposición. Al final, totum revolutum.

Luego llegó otro rocketazo: la especulación y el ganguerismo de algunos sectores mal llamados empresariales, son primos hermanos de los sempiternos agitadores y saboteadores de algunos mal llamados sectores laborales. Ambos son igualmente dañinos para El Salvador solidarios que todos estamos empeñados en construir.

Es en esa dirección que el sector privado del país ha tomado la iniciativa. Los mensajes están claros. También las propuestas para lograr el cometido: primero, la construcción de una agenda estratégica de desarrollo, y luego, la formación de un Consejo Económico y Social, que empuje esa agenda.

En esto, que de alguna manera existen ya importantes antecedentes —el Plan de Nación y la Comisión Nacional de Desarrollo—, se necesitará pasar del papel al acto. Si no, si la iniciativa se contagia con el virus de la Sempitern guiriguiristicum, y no produce resultados concretos o si lo que se produce es otro colosal documento, se corre el riesgo de chotear el asunto.

Por hoy no podemos menos que celebrar el éxito de Enade y la iniciativa de ANEP por abanderar la causa de la unidad y la visión de país.

*Columnista de El Diario de Hoy.



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