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La nota del día
Hay huelepegas por la venta libre

Como lo recuerda Yanira, en el pasado se ocuparon de ir tras los efectos recogiendo niños para rehabilitarles, pero nadie se ha puesto a combatir las causas

Publicada 16 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Los estragos y espantosos dramas causados por el vicio de la pega trata Yanira Soundy en un artículo del domingo pasado, nota que es un llamamiento a las autoridades y a la sociedad en general para luchar contra esa lacra. Comencemos por reconocer dos hechos: ——El primero, que nadie hace nada para combatir el flagelo. A lo más que se llega es a tratar a los drogadictos, niños y adolescentes en su mayor parte;

—el segundo, que la venta de pega se efectúa sin restricciones de ninguna clase. Se consigue en los alrededores de El Calvario, en los parques, a la salida de escuelas, en la vía pública. Si la venta de “crack” o heroína fuera así de fácil, la mitad de la población sería presa del vicio.

De manera reiterada, a lo largo de los años, en El Diario de Hoy hemos señalado cuál es una forma fácil y relativamente barata para reducir la adicción: obligar a los importadores de pega a agregarle sustancias que la vuelvan repulsiva al olfato, como se hace con el alcohol que se vende en las farmacias al que le añaden tártaro emético, un vomitivo o un compuesto naftalinado. Aunque hay pobres chichipates que toman ese alcohol y sufren las graves consecuencias, la mayoría de bebedores lo evita.

Que sepamos, nadie se ha ocupado de hacer un estudio a fondo, pero rápido y realista, sobre el mercado de la pega y cómo es que ésta llega a los muchachos. Encontrarían que hay varias ferreterías en el centro de San Salvador que la compran al por mayor y que abastecen pequeños negocios, los que a su vez la suministran a los viciosos. La venden a pesar de las prohibiciones al respecto: poco les importa porque no hay sanciones. Y no hay sanciones porque ni Salud Pública ni autoridad alguna se ocupa de desplegar agentes encubiertos para hacer un mapeo de los lugares donde se vende esta terrible droga. Es además imprescindible aplicar al vendedor de pega las penas establecidas para el narcotráfico. Resulta incongruente perseguir al vendedor de “crack” pero no al de pega.

Importa más salvar a los no viciosos

Hasta hace poco, las leyes penales del país prohibían el uso de señuelos, agentes encubiertos, sin duda por temor de infiltrar bandas delincuenciales con nexos políticos. Pero esa restricción fue derogada y nada impide disfrazar a jovencitos o adultos y desplazarles por el centro para comprar pega y averiguar quiénes la venden. Esto, a la vez, sería innecesario si la pega fuera repelente al olfato.

Como lo recuerda Yanira, en el pasado se ocuparon de ir tras los efectos recogiendo niños para rehabilitarles, pero nadie se ha puesto a combatir las causas. Esos niños, por cierto, andan en la calle porque nuestras sabias leyes vuelven casi imposible que alguien les adopte. Si bien es necesario intentar rescatar a los ya viciosos, lo urgente es impedir que los jóvenes caigan en el vicio. Además no se debe olvidar una realidad de horror: que la pega causa daños irreversibles al cerebro; los huelepega se idiotizan. Hasta donde sabemos, nada revierte esa situación.

Respetuosamente pedimos a doña Ligia de Saca, que encabeza la Secretaría Nacional de la Familia, y al ministro de Gobernación, Lic. René Figueroa, esforzarse para sacar la pega de nuestras calles.

 

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