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Taller que forja los sueños

San Salvador. La imaginación da forma a una variedad de productos. Los alumnos de Lero Lero Candelero aprenden manualidades por diversión o para poder subsistir

Publicada 15 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Entretenidas. Niñas desde los cinco años asisten a clases para luego vender los productos a sus amigos y familiares. Foto EDH



El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Durante siete años, el pasatiempo de Guadalupe de Lozano fue crear manualidades y enseñar las técnicas en los talleres en su domicilio, en la Calle María Auxiliadora, Urbanización Palomo.

Pero no fue hasta mediados del año 2002 que se vio en la necesidad de obtener mayores ingresos económicos para la manutención de sus tres hijos, por lo que decidió impartir las mismas clases, pero sin ningún costo.

Técnicas modernas
Las maestras se capacitan cuatro veces al año para aprender nuevas formas de hacer manualidades. Actualmente se imparten clases de:
- Repujado
u Madera Country, que es madera pintada con acrílico
- Pasta francesa
- Velas aromáticas
- Muñecas de trapo
Para mayor información, puede llamar al número: 257-5424.

“Muchos propietarios de otros talleres me reclamaban, porque enseñaba gratis. Según ellos, mis intenciones era quitarles sus clientes, pero desde que inicié, mi propósito es ayudar a las personas que están en la misma situación en la que me encontraba”, dijo De Lozano.

El requisito para el estudiante en el taller Lero Lero Candelero es que compre el material necesario para crear cualquiera de las manualidades, luego las encargadas prestan los moldes y ofrecen los recursos necesarios.

Flor Lozano, ahora propietaria del taller e hija de la fundadora, explicó que aprendió en los seminarios, junto con su madre, y que poco a poco ha crecido el negocio, gracias al interés que las personas tienen en aprender.

“Siempre tratamos de incentivar a nuestros alumnos, sobre todo a los pequeños, para que cuiden sus materiales y que comiencen a obtener ganancias de lo que hacen”, agregó.

Además detalló que muchos de los padres de familia que asisten a sus trabajos utilizan el taller como guardería, porque dejan a los niños y niñas con su almuerzo y dos refrigerios.

“Para nosotros, es un placer estar atendiendo a los niños que asisten a sus clases, porque muchos de ellos venden las manualidades que hacen para comprar sus estrenos en esta temporada”, dijo De Lozano.

Explicó que las clases también ayudan a los adultos. Por ejemplo, Abigaíl de Salinas, desempleada, elabora velas aromáticas y de esta manera ayuda a la manutención de sus cinco hijos.

“Vengo todos los días a este lugar para hacer unas diez o doce velas y luego las vendo en cualquier lugar para obtener ganancias”, expresó Salinas.

Las clases son impartidas de lunes a sábado, de 8:00 de la mañana hasta las 10:00 de la noche, pero en los meses de noviembre y diciembre se abre el domingo.
“La edad no importa, pueden venir niños desde los cinco años hasta personas jubiladas”, agregó De Lozano.

Dijo que ponen hora de cierre en el local, pero muy pocas veces se cumple, porque hay estudiantes que después de su trabajo llegan a recibir clases, y en ocasiones se retiran hasta la una de la madrugada.


Un premio por buenas calificaciones

Marcela Hernández, de 11 años, tiene dos años consecutivos de asistir a clases en el taller Lero Lero Candelero. Los arreglos que hace allí los vende a sus amigos o familiares, para comprar ropa nueva en la Navidad.

“El requisito que tengo para aprender nuevas manualidades es que tengo que traer mis calificaciones del colegio al final del año, y si quiero venir cuando no he salido de estudiar, no debo bajar mi promedio, porque, de lo contrario, no me enseñan”, agregó Hernández.

Otro ejemplo es Carmen Fuentes, de 6 años, quien asiste a clases con su madre, Victoria Carrión, desde hace más de un año.

La niña asegura que pintar la cerámica es su pasatiempo favorito y a su corta edad ha creado arreglos de repujado, pintura en madera y en cerámica.

Su madre dice que su vida ha cambiado por completo desde que se dedica a las manualidades, ya que ha logrado superar su decepción matrimonial.

“Con lo que aprendo en el taller, he salido adelante junto con mi hija y, después de no tener nada, hoy cuento con una vivienda”, agregó.

Indica que nunca se imaginó que su hija pudiera asistir a un colegio privado donde le enseñarían clases de computación e inglés.

La fundadora del taller, Guadalupe de Lozano, manifiesta que es de mucha alegría ver cómo las personas salen de sus problemas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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