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Más allá de la obligación.
La religiosa cuida de los internos con mucho amor y ni un solo detalle
lo pasa por alto.
Foto EDH /Lissette Monterrosa |
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Ojos claros, piel rosada, baja de estatura y sonrisa agradable. Cuatro
cualidades que describen a Madre María Umbelina de Jesús,
una religiosa de 56 años y de origen brasileño, que desde
1993 vive en el país.
Su hogar está en Los planes de Renderos, rodeada de pequeños
que crecen por fuera, pero su espíritu se mantiene como el de un
infante. Madre Umbelina, como comúnmente le conocen, vive en el
Hogar del Niño Minusválido Abandonado, fundado por el padre
Vito Guarato.
Las instalaciones rodeadas de árboles, albergan a 139 menores con
diferentes discapacidades, infantes a los que la religiosa llama hijos.
Toda
una vida de entrega y servicio
- María Umbelina de Jesús nació en Brasil en
1948.
- Tiene diez hermanos, quienes junto a sus padres viven en el país
sudamericano.
- En 1970 se unió a la Congregación Hijas Nuestra
Señora del Monte Carmelo.
- Antes de venir al país, hace 11 años, trabajó
con jóvenes y cuidó a personas con lepra.
- En 1993, junto al padre Vito Guarato, inició la obra del
albergue.
- Este año fue nombrada directora del hogar.
- El seis de noviembre recibió un reconocimiento en Los Ángeles,
EE.UU., por su labor humanitaria. |
Yo me siento como la madre de ellos, ellos son como
mis hijos, expresó.
Madre Umbelina pertenece a la congregación Hijas nuestra
Señora del Monte Calvario. En la década de los años
90, cuando le preguntaron si quería venir al país le dijeron
que sólo sería por tres meses, y ya llevo aquí
11 años, dijo sonriente la religiosa.
La devota asegura que cuando relató a su familia la decisión
de venir a El Salvador, se opusieron de manera casi rotunda por temor
de que algo le sucediera, debido a la reciente guerra de la que apenas
había salido el país.
Pero para ella eso no podía ser un impedimento, pues asegura que
al entrar a la congregación hizo votos de obediencia, por lo que
debe ir a cualquier lugar que le pidan, sin titubear, sin renegar, sólo
ir.
Después de 11 años y a pesar de la distancia con su familia,
Madre Umbelina no deja de comunicarse con sus padres y 10 hermanos. Continuamente
les llama y escribe, y cada cuatro años viaja hasta Brasil para
reunirse con ellos.
Decisión
En sus planes no estaba dedicar su vida al servicio de Dios.
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Yo les ayudo porque ellos lo necesitan,
pero yo soy más beneficiada, uno recibe muchas bendiciones
de Dios
Madre Umbelina
Directora del albergue.
Foto EDH /Lissette Monterrosa |
Una de sus hermanas quería entrar a la congregación
y madre Umbelina le acompañó. La religiosa que les atendió
en esa ocasión le dijo, Tú me gustas más que
tu hermana para religiosa.
Esas palabras bastaron para que la inquietud entrara en su mente.
No paso mucho tiempo para que decidiera ingresar a la congregación.
No me va creer, pero nunca me he arrepentido, me invitaron a ser
religiosa, pero la vocación la da Dios, es un don de Dios,
dice mientras con una sonrisa cálida observa a los niños
que caminan cerca.
Navidad, la fiesta más esperada de todo el año
Durante el año me preguntan ¿y este
año nos va a cocinar? yo les contesto que sí, que les voy
a cocinar porque ellos todo el año esperan esa cena, narra
la religiosa al referirse a la comida navideña que ella misma prepara.
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| G Los pequeños la quieren.
Foto EDH /Lissette Monterrosa |
Madre Umbelina no se limita a cuidar del bienestar físico
de los internos del hogar, cree también en el cuidado emocional
y espiritual.
Por eso, cada 24 de diciembre prepara algo especial para sus infantes,
algo diferente que no hace habitualmente durante el año.
El 23 de diciembre voy a misa, para no salir el 24 y pasar con ellos
durante todo el día, relata la devota.
Esa noche saco las mesas al corredor, las arreglo y les cocino pavo,
así ellos saben que ese día es especial, continúa
narrando.
Este diciembre asegura que continuará con la tradición que
empezó hace un par de años, pues sus pequeños ansían
esa fecha.
Confía en que personas piadosas le donen lo necesario para preparar
la tan esperada cena navideña.
Dios siempre provee, siempre hay personas que nos donan la comida,
y yo se las preparo. Algunos nos dan manzanas y uvas, otros las gaseosas
y otros nos dan pavo, explica la religiosa.
Madre Umbelina es una persona ejemplar que ha dejado lo suyo para dedicarse
al servicio de los demás.

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