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| Cambio. Los progresos demostrados en su vida
penitenciaria les han dado la oportunidad de disfrutar de los beneficios
de la semilibertad. Foto EDH |
Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Todos los días Luis Armando Gudiel, de 39 años, se levanta
muy temprano para dirigirse a las oficinas de la ruta de microbuses de
la Ruta 42, en donde trabaja como ordenanza.
Al finalizar sus labores, Luis Armando regresa apresurado, pero no a su
hogar, sino al Centro Penal La Esperanza, conocido como Mariona, en donde
cumple una condena desde hace 10 años.
Los fines de semana puede pasarlos en su hogar, junto a su familia. El
domingo hace tiempo para asistir a una iglesia evangélica del centro
capitalino, ya que es importante darle gracias al Creador por los privilegios
concedidos.
Ahora me siento mejor porque puedo aportar a los ingresos familiares,
dice Luis Armando, quien ya cumplió las tres cuartas partes de
su condena.
Pero antes de que el reloj marque las 6:00 de la tarde, debe regresar
al penal, en donde convive con 27 internos que son parte del Centro de
Semilibertad, que funciona desde diciembre de 2002. Allí les permiten
salir a estudiar, trabajar y pasar los fines de semana con sus familias.
Ellos viven en un moderno recinto, en donde destacan la limpieza y el
orden.
Todas las noches, después de la jornada laboral, los muchachos
se reúnen en la sala para ver su novela favorita: Pasión
de Gavilanes.
Superación
Todos ellos pasaron por la fase de confianza, en la cual también
pueden salir del recinto penitenciario, pero cada 15 días.
Atiliano Orellana, de 38 años, es uno de los 65 internos que está
en esta fase. En16 años que lleva en el penal ha demostrado buena
conducta y ánimos de superación.
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| Comodidad. Las modernas instalaciones están
independientes del resto de sectores. Foto EDH
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Al interior del penal cursó sus estudios de Tercer
Ciclo y bachillerato. También ha realizado 34 cursillos ocupacionales.
Los deseos de capacitarse cada vez más no terminan ahí.
La semana pasada Atiliano realizó su examen de admisión
en la Universidad de El Salvador (UES), en donde quiere estudiar profesorado
en inglés.
Tanto esfuerzo le valió la pena, pues le brindaron la oportunidad
de abandonar los recintos, en donde compartía con casi 3 mil reos.
Además de tener cocina, refrigeradora, cómodas habitaciones
y televisión, lo más importante, es que en ese sitio revivió
la esperanza de la libertad.
Promueven la reinserción social, familiar y
laboral
El Régimen Abierto se implementó en el año
2000 cuando se estableció el primer Centro Abierto para mujeres
en Santa Tecla. Pero nace a raíz de las reformas que en 1998 se
realizaron a la Ley Penitenciaria.
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| Aprendizaje. Internos, considerados de confianza,
durante el taller de mecánica automotriz impartido por el Insaforp
y auspiciado por la Ciudadela Don Bosco. Foto
EDH |
En diciembre de 2002 comenzó a funcionar el centro
abierto para hombres en la Penitenciaria Central La Esperanza. También
hay uno en Santa Ana.
Ana Elizabeth Guzmán, directora del Centro Abierto, en Mariona,
explicó que todos los internos que lo deseen pueden beneficiarse
con este régimen, ya sea en la fase de confianza o en la de semilibertad.
Todo depende de su buena conducta y de sus avances sustanciales
en su desarrollo educativo, laboral y emocional, dijo.
Guzmán explicó que algunos internos que gozan de semilibertad
trabajan en oficios varios, como dependientes, obreros de la industria
de la construcción, mantenimiento de computadoras, ordenanzas,
entre otros.
Para ello, cuentan con una bolsa de trabajo, a través de la cual
han logrado alianzas con empresas y personas altruistas que apoyan el
proceso de reincorporación a la sociedad de los internos.
La funcionaria asegura que hasta el momento el sistema ha funcionado en
un cien por ciento.

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