Sidney
Mazzini V.*
El Diario de Hoy
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elsalvador.com
En el siglo pasado era
frecuente ver y oír cómo se denigraba a nuestros estados,
pueblos y gobiernos de C.A., con el insultante mote de repúblicas
bananeras, de serviles o sirvientes domésticos, obedeciendo
órdenes y dictados que impartían los gobiernos del Norte
o las transnacionales bananeras, debido a que en nuestros países
había grandes productores y cultivadores de plátanos o bananos,
ubicados al norte del Istmo centroamericano, frente al Océano Atlántico.
Dichas plantaciones pertenecían a poderosos consorcios como la
United Fruit Co., Chiquita Banana, etc., cuya hegemonía era tal
que trascendía hasta el mismo poder político de nuestros
estados, donde se quitaba y ponía presidentes a su gusto y usanza.
Esto no ocurría tanto en El Salvador, porque no había cultivos
o plantaciones de banano o plátano en gran escala, sino que nuestro
cultivo principal era el café de exportación y consumo interno,
pertenecientes a propietarios salvadoreños.
En el malhadado conflicto entre Honduras y El Salvador en 1969, que vino
a sellar negativamente poniendo fin al fructífero tratado del Mercado
Común Centroamericano, que hacía prosperar a nuestros pueblos
de C.A., fue el inconstitucional gobierno hondureño de facto del
general Osvaldo López Arellano, a quien se le ordenó, tal
como lo dejamos dicho (la UFCO), una seudo reforma agraria,
con el único objetivo de expulsar a miles de salvadoreños
y sus familias, que hacían vida común, desde varias décadas,
en tierras de la costa norte de Honduras y en otras tierras ganadas por
prescripción adquisitiva, valiéndose del insano o fútil
pretexto de que las tierras era sólo para hondureños de
nacimiento, violándose todo principio de la nacionalidad centroamericana.
Por consiguiente, los salvadoreños poseedores de tierras tenían
que ser expulsados sin consideración alguna, cometiéndose
en verdad brutales actos de genocidio o exterminio. Fue una ironía
del destino que nuestros compatriotas, con sus brazos y manos, levantaron
el cultivo y producción de esas grandes factorías cometiendo
ese tremendo delito.
Para no ahondar más esas heridas, ya lo demás es historia.
El tiempo transcurrido, de más de 30 años, ha tratado de
mitigar esos malos recuerdos, tal como ocurrió después de
la 2a. Guerra Mundial, con los ejemplos de Francia y Alemania, donde vemos
25 estados unidos de Europa, la Unión Europea, convirtiéndose
en otra potencia económica mundial pacífica y democrática.
Ya Centro América con excepción de la tradicional
democracia costarricense Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua,
ha terminado las guerras o conflictos internos que la asolaban: gozando
de paz, libertad y democracia, en un Estado constitucional de Derecho,
con alentadores signos de progreso entre los estados.
Centro América debe recuperar el sueño de una verdadera
integración, olvidándose de resentimientos pasados, rencores
y superar intereses creados que son los que hacen retroceder a nuestros
pueblos subdesarrollados.
Tenemos que rescatar y volver al antiguo Tratado de nuestro Mercado Común
de C.A., además de aprobar el importante TLC de C.A. con EE.UU.
Pretendemos que C.A. pase a ser, en el concierto interamericano e internacional,
un ente de respeto, de personalidad política, económica
y social, que tenga un asiento principal en la OEA, en la secretaría
general; ya es tiempo de que se le dé esa oportunidad, que no se
nos tilde más de ser repúblicas bananeras.
Como ciudadano salvadoreño de nacimiento y centroamericano de corazón
proponemos al Lic. Francisco Flores, ex presidente de la República,
como candidato ejemplar a ocupar el elevado y digno cargo de secretario
general de la Organización de Estados Americanos (OEA), que estamos
seguros lo desempeñará en forma brillante por sus innegables
dotes de estadista, ante las inevitables contingencias que surjan por
el bien de nuestro continente y el Caribe.
Así lo ha demostrado durante su período de cinco años
de su gobierno, arrostrando difíciles penurias y graves problemas
como de dos terremotos de siete o más grados, que afectaron gran
parte de nuestro territorio, con se- quías, café depreciado,
etc., levantándonos hacia el progreso y una economía estable,
ejemplo en América.
Que Dios así lo quiera.
* Dr. en Derecho

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