Luis
Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
No es el gobierno
el que está dividido, es el país. Este juicio de varios
analistas políticos estadounidenses, ¿es exagerado? Desde
luego la cantidad inusitada de gente que acudió a votar, esperando
con paciencia el lento fluir de las filas y soportando inclemencias del
clima, ya da una idea de que juzgaron que algo muy importante se jugaba
en esta elección.
Después del triunfo de Bush, las exclamaciones de algunos republicanos
hechas con dureza contra periodistas e intelectuales, acusándoles
de atentar contra valores esenciales del país, creo que indica
por dónde van los tiros. Cuando Kerry, para justificar su defensa
del derecho al aborto, a pesar de declararse católico, adujo que
él no quería imponer sus creencias a otros, estaba haciendo
la peor de las defensas, pues es indudable que los partidarios del aborto
sí han impuesto, y además en forma de ley de alcance nacional
y por largos años, la peor de sus creencias: que millones de pequeños
seres humanos inocentes e indefensos no tenían derecho a la vida.
Seguir hablando de que triunfó el voto rural o el
voto religioso es, pues, seguir no queriendo profundizar. ¿Acaso
se propusieron graves políticas agrarias? Desde luego que no. ¿Acaso
Bush estaba planteando novedades teológicas o libertades religiosas
especiales? Tampoco.
Lo importante está en lo que querían defender
esos votos pues es indudable que se sentían atacados.
En cuanto a calificar a los votos republicanos de conservadores
y los votos demócratas de progresistas, me parece acertado
siempre que se precise que los valores que se querían conservar
eran nada menos que los que constituyen la naturaleza humana y que hacia
dónde querían progresar los demócratas fue visto
por la mayoría, como seguir progresando hacia el abismo.
Una de las excelencias de la cultura norteamericana fue, por siglos, ese
concepto acogedor de comunidades de extranjeros con sus culturas diferentes.
Por eso pudo haber aquí la pequeña Italia, China
town, o cualquier otro barrio, ambiente, o comercios de polacos,
rusos, vietnamitas, mexicanos, salvadoreños, etc. Lo mismo se puede
decir para muy distintas confesiones y actividades religiosas.
La diversidad en la unidad nunca fue problema, sino riqueza, orgullo y
gloria de esa nación y una muestra del valor fecundo de la libertad.
Pero ya hace años que la aguda inteligencia del psiquiatra vienés
Víctor Frankl proponía a los estadounidenses que, para hacer
pareja con la Estatua de la Libertad en el Este, levantaran otra de la
responsabilidad en la costa Oeste.
Y se quedaba corto, pues la cultura norteamericana, tal vez con menor
virulencia que en la europea, hace tiempo que está infectada de
los virus de un materialismo tan corrosivo o más que el materialismo
marxista. Así se lo hizo ver el escritor ruso Solyenitsin, nada
menos que cuando la Universidad de Harvard le nombró Doctor Honoris
Causa en 1974: En la actual sociedad occidental se ha manifestado
un desequilibrio entre libertad y bien y libertad y mal(...) Y la
realidad es que la libertad destructiva, la libertad irresponsable, ha
conseguido el máximo espacio. La sociedad se manifiesta con mínimas
defensas frente a la decadencia humana, por ejemplo, contra el asalto
moral a la juventud con películas llenas de pornografía,
crímenes y horror(...) Superficialidad y precipitación
son enfermedades del Siglo XX, que aparecen reflejadas sobre todo en los
medios de comunicación. Y cualquiera que quiera mirar con
valentía comprueba que, desde aquella filípica del escritor
ruso al momento actual, esos males se han agigantado.
Un país que ahora lamenta los cientos de soldados muertos en Iraq,
pero que en cambio admite como normal desde hace años el millón
de niños asesinados anualmente en las clínicas de abortos,
demuestra que algo muy valioso se ha roto en su conciencia. Cuando uno
de cada tres matrimonios termina en divorcio, demuestra que el cimiento
de toda sociedad sana, la familia está en terrible crisis.
Cuando la liberación sexual ha inundado de embarazos
no deseados, de abortos en adolescentes y de enfermedades de transmisión
sexual en más del 50% de la población de algunos de sus
estados, hasta el más obtuso percibe que ahí no hay liberación,
sino esclavitud.
Cuando la comunidad de homosexuales, después de haber sido la que
introdujo el Sida en EE.UU., sigue hablando del orgullo gay, aspira a
que sus uniones sean "matrimonio", quieren adoptar hijos, practican
un proselitismo activo sobre los adolescentes y emprenden la actual campaña
de películas, vídeos y programas culturales para que el
común de la gente acepte como "normal" lo que no lo es,
eso también es un grave indicio de que la "ecología
humana" está en peligro.
Los consumidores de droga siguen siendo muchedumbres y esa fuerte demanda
creó la oferta colombiana, arruinando moral y políticamente
a ese país. La violencia intrafamiliar, el maltrato y abuso sexual
de los niños, la delincuencia, las enfermedades psiquiátricas
y los suicidios en la población juvenil, siguen arrojando cifras
muy altas.
Por supuesto que el Partido Demócrata no tiene la entera culpa
de esos males. Pero es cierto que las mayorías del progresismo
destructivo apoyaron a Kerry, eso le llevó al fracaso y si los
demócratas no rectifican y comienzan a apoyar también los
valores humanos más hondos y positivos, la división del
país en dos facciones enemigas se hará más profunda
y enconada.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de
Hoy. lfcuervo@telemovil.net.

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