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Tras las elecciones en EE.UU
¿Un país dividido? ¿Por qué?

Una de las excelencias de la cultura norteamericana fue, por siglos, ese concepto acogedor de comunidades de extranjeros con sus culturas diferentes

Publicada 15 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

“No es el gobierno el que está dividido, es el país”. Este juicio de varios analistas políticos estadounidenses, ¿es exagerado? Desde luego la cantidad inusitada de gente que acudió a votar, esperando con paciencia el lento fluir de las filas y soportando inclemencias del clima, ya da una idea de que juzgaron que algo muy importante se jugaba en esta elección.

Después del triunfo de Bush, las exclamaciones de algunos republicanos hechas con dureza contra periodistas e intelectuales, acusándoles de atentar contra valores esenciales del país, creo que indica por dónde van los tiros. Cuando Kerry, para justificar su defensa del derecho al aborto, a pesar de declararse católico, adujo que él no quería imponer sus creencias a otros, estaba haciendo la peor de las defensas, pues es indudable que los partidarios del aborto sí han impuesto, y además en forma de ley de alcance nacional y por largos años, la peor de sus creencias: que millones de pequeños seres humanos inocentes e indefensos no tenían derecho a la vida.

Seguir hablando de que triunfó “el voto rural” o “el voto religioso” es, pues, seguir no queriendo profundizar. ¿Acaso se propusieron graves políticas agrarias? Desde luego que no. ¿Acaso Bush estaba planteando novedades teológicas o libertades religiosas especiales? Tampoco.

Lo importante está en lo que querían defender esos votos —pues es indudable que se sentían atacados—. En cuanto a calificar a los votos republicanos de “conservadores” y los votos demócratas de “progresistas”, me parece acertado siempre que se precise que los valores que se querían conservar eran nada menos que los que constituyen la naturaleza humana y que hacia dónde querían progresar los demócratas fue visto por la mayoría, como seguir progresando hacia el abismo.

Una de las excelencias de la cultura norteamericana fue, por siglos, ese concepto acogedor de comunidades de extranjeros con sus culturas diferentes. Por eso pudo haber aquí “la pequeña Italia”, “China town”, o cualquier otro barrio, ambiente, o comercios de polacos, rusos, vietnamitas, mexicanos, salvadoreños, etc. Lo mismo se puede decir para muy distintas confesiones y actividades religiosas.

La diversidad en la unidad nunca fue problema, sino riqueza, orgullo y gloria de esa nación y una muestra del valor fecundo de la libertad. Pero ya hace años que la aguda inteligencia del psiquiatra vienés Víctor Frankl proponía a los estadounidenses que, para hacer pareja con la Estatua de la Libertad en el Este, levantaran otra de la responsabilidad en la costa Oeste.

Y se quedaba corto, pues la cultura norteamericana, tal vez con menor virulencia que en la europea, hace tiempo que está infectada de los virus de un materialismo tan corrosivo o más que el materialismo marxista. Así se lo hizo ver el escritor ruso Solyenitsin, nada menos que cuando la Universidad de Harvard le nombró Doctor Honoris Causa en 1974: “En la actual sociedad occidental se ha manifestado un desequilibrio entre libertad y bien y libertad y mal”(...) Y la realidad es que la libertad destructiva, la libertad irresponsable, ha conseguido el máximo espacio. La sociedad se manifiesta con mínimas defensas frente a la decadencia humana, por ejemplo, contra el asalto moral a la juventud con películas llenas de pornografía, crímenes y horror”(...) “Superficialidad y precipitación son enfermedades del Siglo XX, que aparecen reflejadas sobre todo en los medios de comunicación”. Y cualquiera que quiera mirar con valentía comprueba que, desde aquella filípica del escritor ruso al momento actual, esos males se han agigantado.

Un país que ahora lamenta los cientos de soldados muertos en Iraq, pero que en cambio admite como normal desde hace años el millón de niños asesinados anualmente en las clínicas de abortos, demuestra que algo muy valioso se ha roto en su conciencia. Cuando uno de cada tres matrimonios termina en divorcio, demuestra que el cimiento de toda sociedad sana, la familia está en terrible crisis.

Cuando la “liberación sexual” ha inundado de embarazos no deseados, de abortos en adolescentes y de enfermedades de transmisión sexual en más del 50% de la población de algunos de sus estados, hasta el más obtuso percibe que ahí no hay liberación, sino esclavitud.

Cuando la comunidad de homosexuales, después de haber sido la que introdujo el Sida en EE.UU., sigue hablando del orgullo gay, aspira a que sus uniones sean "matrimonio", quieren adoptar hijos, practican un proselitismo activo sobre los adolescentes y emprenden la actual campaña de películas, vídeos y programas culturales para que el común de la gente acepte como "normal" lo que no lo es, eso también es un grave indicio de que la "ecología humana" está en peligro.

Los consumidores de droga siguen siendo muchedumbres y esa fuerte demanda creó la oferta colombiana, arruinando moral y políticamente a ese país. La violencia intrafamiliar, el maltrato y abuso sexual de los niños, la delincuencia, las enfermedades psiquiátricas y los suicidios en la población juvenil, siguen arrojando cifras muy altas.

Por supuesto que el Partido Demócrata no tiene la entera culpa de esos males. Pero es cierto que las mayorías del progresismo destructivo apoyaron a Kerry, eso le llevó al fracaso y si los demócratas no rectifican y comienzan a apoyar también los valores humanos más hondos y positivos, la división del país en dos facciones enemigas se hará más profunda y enconada.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. lfcuervo@telemovil.net.



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