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PALABRAS.
La luna de los trovadores

Ya salió la luna de los trovadores que, buscando fortuna, sale a andar. Nacen sus canciones en algún lugar, en la oscuridad de algún callejón.

Publicada 15 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

editorial@ elsalvador.com

Ya salió la luna de los bardos y juglares, de los lirios nocturnos y de los gatos del tejado, maullar poemas vagabundos. Es la luna de octubre que alumbra los balcones de la noche, cuando los bohemios y amantes se esconden en la oscuridad del satélite, mientras los perros ladran a su luz argentina y lejana...


Es la luna que alumbra la barriada, enamorada, celeste y desvelada. Diana que ilumina como ayer —con su carita de mujer— los caminos del trovador y los senderos de un querer. Que torna de radiante plata los suburbios, las torres y los duendes de la sombra. Los trasnochadores mariachis y cantores luneros elevan sus canciones en algún lugar; allá en la tiniebla de algún rincón...


Ya nació la luna de los dueños de la noche. Reluciente y soñadora, avivando con su luz la ciudad nocturna de presagios... Luna que alumbras mi pena que verso a verso se me va... Mi compañera de algún bar en mis noches de soledad. Cuando versamos por llorar o que lloramos por versar, los selenitas poetas del último romance.

Ya se fue la luna de los trovadores —que buscando sus sueños se van a dormir— en la oscuridad de algún corazón. Luna que alumbras la barriada, enamorada, radiante y desvelada. Tú que acostumbras madrugar, luna viajera y sin lugar, diana celeste y sin país. Que mueres cuando llega el alba y calla la nostalgia de tus cantores fugaces.


DÍA A DÍA

Gastos sin control

En las alcaldías dirigidas por los comunistas nadie verifica y el dinero se gasta sin rendir cuentas. Véase la forma en que las alcaldías manosean los millones de dólares que sacan a los vecinos del Gran San Salvador en concepto de saneamiento y recolección de basura.

Se dan el lujo de pagar a los mafiosos veinte millones de dólares como “honorarios”. Y así con lo que ingresa por tasas, así harán con los fondos que el gobierno les entregue, ahora incrementados como parte del chantaje para la aprobación del presupuesto de 2004.

En un país de muy limitados recursos, devastado por la guerra, la demencia política y catástrofes naturales, es un imperativo moral cuidar y fiscalizar el gasto público, reducir el desperdicio y perseguir la malversación.


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