Yanira
Soundy*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Muchos de los indicadores
que miden la problemática social que atraviesa nuestro país
muestran realidades de múltiples colores: familias desintegradas
por las drogas, el alcohol y el desempleo; menores que viven de y en las
calles; prostitución infantil y juvenil; deserción escolar;
inmensos abismos de comunicación entre generaciones de abuelos,
padres e hijos; maltrato y abusos de todo tipo.
Hace unos días, un joven huelepega me abordó en el momento
en que yo abría el portón de mi casa y mi hija se bajaba
del auto. Mi reacción fue saludarle y darle la mano. Él
me pidió dinero, pero le dije que se lo daría al terminar
de entrar el vehículo, naturalmente esperé a que la niña
estuviera dentro de la casa. Una vez en la cochera, pensé que el
muchacho haría su agosto y me robaría.
Pero su reacción fue decir: Madre, ¿le ayudo a cerrar
el portón?, a lo cual respondí que sí. Me dirigí
a la cocina a traerle un plato con comida y cuando lo vio me dijo: No,
madre. Yo ya comí, lo que necesito es dinero para comprar mi bote.
Pues eso ahora no tengo. Pasá mañana, le respondí.
Y el muchacho se despidió diciéndome: No problem.
La drogadicción por pega de zapato existe desde años en
nuestro país y estrechamente relacionada con las necesidades y
circunstancias específicas del contexto social, donde siempre se
ha desarrollado. Estos grupos han proliferado en las zonas que se caracterizan
por su excesiva población, mala dotación de servicios básicos
y la pobreza.
Los menores huelepega se han convertido en la cotidianidad urbana, y en
un problema nacional que requiere de la atención del Gobierno y
organizaciones dedicadas a la protección de la niñez. Deben
proponerse lineamientos que orienten políticas públicas
y fortalecer programas preventivos en las calles, escuelas y colonias.
El muchacho huelepega que me abordó ese día seguramente
quería asaltarme, pero mi reacción fue darle la mano, mostrarle
que no le tenía miedo y que podíamos hablar sin prejuicios.
Esto me ayudó en esa ocasión, muchas veces más lo
he visto bien pegado y dormido en las aceras de las casas
de la Colonia Miramonte.
Mi reacción no hubiese sido la misma si la persona me hubiese atacado.
Vivimos una cultura de acción y reacción, donde
todos estamos pendientes de lo que pasa a nuestro alrededor y respondemos
conforme a nuestro ánimo, salud y manera de ver la vida, y en el
caso de los que ingieren drogas, todo se altera.
Existen otros menores huelepega que son altamente hostiles y violentos.
Tal es el caso de un joven que tiene el cuerpo totalmente quemado y desfigurado.
Es un tipo que muestra sus genitales y pide limosna en todo el sector
del Colegio García Flamenco y Metrocentro. Con este muchacho tuve
un problema serio: una amiga que me acompañaba en mi auto, al verlo
dijo: ¡Ay! Y esto fue suficiente para que nos atacara y rayara el
carro con un objeto corto punzante.
Yo me pregunto: ¿Qué hacen las instituciones públicas
encargadas de la seguridad ciudadana y de rescatar y dar rehabilitación
a estas personas?
Hasta el momento he contado a nueve jóvenes huelepega que viven
en el sector comercial de Metrocentro y Metrosur, la Zona Real de la Colonia
Miramonte y el Colegio García Flamenco. Ellos piden limosna, asaltan
y todo sigue como si nada ocurriera.
En el pasado, la Fiscalía General de la República, bajo
la dirección del doctor Roberto Mendoza Jerez, desarrolló
un proyecto de rescate y rehabilitación de jóvenes huelepega,
en el Departamento de Prevención del Delito. El resultado fue exitoso,
los menores aprendieron pintura y realizaron exposiciones, y aunque hubo
recaídas, también hubo vidas rescatadas.
La tarea no es fácil, unos casos son peores que otros, pero si
no unimos esfuerzos para solicitar a quienes tienen los recursos y las
atribuciones de recoger a estas personas y tratar de rescatarles, seguiremos
viviendo expuestos a toda clase de peligros a plena luz del día.
*Lic. en Derecho. Yanirasoundy2001@
yahoo.com

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